La cura

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En su loca y desenfrenada carrera se estaba quedando sin aliento. Ellos andaban cerca y no tardarían en darle caza, siendo, como eran, más rápidos que ella.

Entonces derrapó por el borde de la ladera y se dejó caer, colina abajo. Se incorporó rápidamente y sin mirar atrás, hizo acopio de una nueva bocanada de aire para acometer un último sprint. Mientras corría podía oírlos a lo lejos, con esa especie de aullido gutural que helaba la sangre.

Se le estaban empezando a entumecer los músculos de las piernas. Pronto las fuerzas la abandonarían. “¡Por favor!. ¡Por favor!. ¡No quiero morir así!”, se repetía mentalmente, dejándose vencer por la desesperación.

Entonces la vio.

La nave se encontraba en un lugar de difícil acceso, en una zona plagada de vegetación, al filo de la colina que daba paso a un enorme barranco. Sin pensárselo dos veces, dio largas y precipitadas zancadas hacia la extraña estructura y de puro milagro, encontró un pequeño hueco en el casco rajado, por efecto, seguramente, del gran impacto. Se escurrió rápidamente por la grieta, con la mala fortuna de provocarse un corte en la parte derecha del abdomen, debido a una puntiaguda e inoportuna arista.

Cayó al suelo de la nave con un ruido seco, roto solamente por un lastimoso quejido de dolor que a duras penas pudo contener. Se alzó con dificultad y se dirigió tambaleante hacia lo que parecía ser una cápsula de hibernación. Extendió su brazo derecho hacia la extraña cabina, cuando esta se abrió súbitamente. Ella retrocedió torpemente, cayendo de espaldas al suelo, gimiendo de dolor. Quiso levantarse, pero su cuerpo no la obedecía. Entretanto, le pareció ver una silueta desdibujada que emergía de la cápsula.

Y perdió el conocimiento.

-¿Cómo te llamas?- escuchó en lo que parecía ser un sueño.

Como movida por la chispa de un interruptor invisible, ella despegó los párpados de golpe.

Su primer instinto fue huir de allí, revolviéndose dentro de la misma cabina que sin duda había sido usada anteriormente por el desconocido ocupante. Instantes después, con una mezcla de sorpresa y temor en la mirada, dejó de resistirse. En realidad, se percató de que nada la ataba a aquel cubículo y lo más extraordinario de todo: su interlocutor tenía toda la apariencia humana. Lo primero que llamó su atención fueron unos ojos negros y profundos como la noche que no paraban de escudriñarla. Hasta sintió una punzada de vergüenza ante tal examen visual.

Una vez más calmada, ella le habló.

-Tú… ¿Esta nave es…?. Pero… tú no eres…- balbuceaba torpemente sin llegar a terminar frase alguna.

-Mi especie y yo hemos viajado por el espacio interestelar hasta encontraros- comentó el extraño.

-¡Hasta encontrarnos!- exclamó ella sorprendida-. ¿A nosotros?… ¿Y cómo es posible que pueda entender lo que me estás diciendo?.

-Pon tu mano detrás de tu oreja derecha- le ordenó aquel ser-. Puedo comunicarme contigo por medio de este dispositivo que llevas ahí. Pero no temas. No te causará ningún mal.

El pequeño artefacto se parecía a una diminuta pila de botón.

-¡Es increíble esta tecnología vuestra!- se sorprendía ella-. Yo… No sé qué decir…

Por un momento, desvió la mirada de aquellos ojos negros como el azabache y lo que contempló a continuación la dejó paralizada.

Allí, en una cápsula contigua a la suya, yacía uno de aquellos seres salvajes por los que había sido perseguida momentos antes. Su sola visión la horrorizó hasta lo más profundo de las entrañas y le hizo proferir un sordo y ahogado chillido.

-¿Qué hace él aquí?- estalló ella en un horrísono alarido-. ¡Dime!… Tienes que saber que son muy peligrosos. Sus ansias devoradoras son infinitas. No hay cura para ellos. No, por el momento… Todo empezó con unos tratamientos espectaculares que auguraban más inteligencia, mayor fuerza, mejores capacidades cognitivas… Era la promesa de un superhombre. Una raza superior de humanos. Pero…

El visitante extraterrestre la interrumpió.

-No has de preocuparte más por él. Ya no te hará daño- pronunció determinado.

-¡No puede ser!. ¡Me estás mintiendo!… ¿Acaso te burlas de mí?- preguntó ella con una risita nerviosa-. Hemos intentado por años erradicar la rabia que los invade y los posee hasta la locura… Nada ha funcionado. Y ahora llegas tú…

-Yo y muchos más. Con nuestra ayuda podréis ser capaces de disponer de otra oportunidad como especie. Ya te he dicho antes que hemos viajado hasta aquí con un propósito, que es encontraros y salvaros.

-¡Encontrarnos y salvarnos!- exclamó ella, totalmente alucinada-. ¿No escuchas?. Te acabo de decir que todo ha sido en vano. No hay cura. Todo lo hemos probado en base a la más avanzada ingeniería genética a partir del genoma humano.

-Pues por eso no ha resultado- sentenció categóricamente el ser extraterrestre-. Con esos medios que habéis usado hasta ahora, era imposible que vuestra misión tuviera éxito.

-¡Ah!. ¿Sí?. ¿Y qué poción milagrosa tenéis vosotros que no hayamos probado ya aquí?- se burlaba ella con sus preguntas.

-En realidad, ninguna- reconoció él-. Vinimos precisamente porque no pertenecemos a vuestra raza: la raza humana. No podíais salvaros de ninguna manera.

-¿Salvarnos de quien?- preguntó ansiosa ella- ¿De ellos?.

-No. De vosotros mismos.

 

Comentarios

  1. The geezer

    10 enero, 2020

    Interesante relato, y lo de la modificación genética, a la vuelta de la esquina. No creo que podamos salvarnos de nuestra naturaleza del escorpión, pero ¡pongamos nuestro granito de arena! Tú ya escribiste el relato, que ya es algo! Saludos
    César

  2. Mabel

    10 enero, 2020

    Muy buena historia. Un abrazo Lourdes y mi voto desde Andalucía

  3. MadreMar

    10 enero, 2020

    Hola César. Pues, sí. ¡Qué te voy a decir!. Me preocupa este loco devenir de la raza humana. Espero no tener que meterme nunca en la piel de la protagonista de este relato. Aunque estaría bien poder conocer a una especie alienígena que viniera a la Tierra con buenas intenciones…
    Contenta de que te haya gustado.
    Lourdes

  4. Juan León Villagra

    10 enero, 2020

    Qué buen relato y que buena historia. Muy llamativa y envolvente. Me encantaría alguna critica de vuelta

  5. Gian

    10 enero, 2020

    Como dice Cesar, interesante relato. Yo sería de los se modificaría el ADN para mejorar mis capacidades, pero seguro traería sus problemas.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

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