Las Cimas Luminosas — Capítulo 2, segmento 1 de 2

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Como estoy publicando en Wattpad (@andrspinedo mi wall) esta novela procede de (apenas) el capítulo 1 de Wattpad.com. Sin embargo, como decidí abandonar ese blog de escritores mi plan es publicar todo <Cimas Luminosas> desde el capítulo 2 en adelante, y cuando lo retoque, republicar pero en Falsaria.com el Capítulo 1. Espero disfruten de mi literatura… me ha REQUERIDO una reescritura severa de mi contenido. Ahora el resumen del capítulo 1:

En el capítulo 1 nuestro protagonista, Cristián, mostrándose vivir en un Valparaiso acogedor, sube en bicicleta por los cerros arriba hacia un semi paradisíaco parque (al menos a esa hora del día). Sube con unos amigos que lo fueron a buscar, mientras se dedicaba más al deporte. Allí se encuentra y discuten con Berta, una amiga del paralelo (de la escuela) que, es puntuda pero sagaz en los temas de política, y sus amigos también lo son y él, prefiere arrancar de aquello. Más adelante siente que tiene una conexión con Berta. Al llegar a casa del viaje en bicicleta, consulta «en profundo» unos libros que le regalaron de cosmología y desde allí, se da cuenta de conceptos de vida tan sutiles como «desvivirse». Trata de emparejarse con Berta pero ésta lo encuentra muy inmaduro. Es así que se «desquita» con charlas filosóficas profundas y quizá, edificantes, con su tío que es muy abierto en temas de ciencia y lo todo lo que ataña a la vida. Y ahora en letras no negrilla el capítulo 2=>

Una mañana de día sábado me llega fuerte el rayo solar en mi cara. Se me olvidó colocar la cortina en su lugar y dejar de pensar antes de dormir. Lo admito: soñar es soñar despierto, cuando caminamos, cuando no atendemos en clase y se degeneran nuestros estados de buena mente, y siendo así nuestra vida es perpetuo sueño, es un devenir mental que nadie puede frenar, soñar es soñar despierto irrefrenable así que, bien, nadie me lo hubiere podido retirar de ahí. Nadie.

Mal que mal el rayo solar también daba satisfacción. Me ayudó a motivarme para pintar unas artesanías que al hilo se me ocurrieron y ellas en realidad son muy simpáticas. Las adoro. Pronto la casa, se activa mucho más desde mi hiperquinesia.

Mi madre comparte unas sopaipillas mañaneras: mi padre con una en la boca. Está feliz con su perforador eléctrico probandolo y planeando algo en la casa, tiene sospechas, mi madre vuelve con el plato y me ofrece más, me hace feliz. Pero el movimiento sigue, están en actividad y actividad, tal nivel de cosas acá que no hay descanso, vibra y vibra como un objeto ante el viento y al final, a la vez, se es necesario por ello de las presiones agudas el beberse una cerveza.

Pronto ya no me quedan ganas. Prefiero respirar (puede haber sido el mucho pintar también). Hay un ambiente más calmo, como si yo lo manejase. Mi madre mira el mar por fuera, por la ventana, el mar limpio azul escandaloso y cuidado de muelle Prat, lo que alcanza a ver. Le ofrezco ayuda en limpiar, el cuarto de atrás. Curiosamente me la niega ¿Qué pasa? ¿Acaso no somos uno con el mundo que me rodea? No es que desee fervientemente estar con mi madre pero me rasposea el soma presentir de que tendré que divertirme algo así como solo. Me detengo a ver el cucú… ¡No sé porque el viento que me resopla desde las ventanas viene tan frío y haga que me motive a pensar! ¡Y el cucú! ¡Tengo una fijación en él!… ¿Por qué me hace frenar en él?, como las aspas de un ventilador en-techo que gira y gira y gira y promueve la fijación (hipnotiza según creo que se expresa). En cierta manera pienso que el pájaro es el que me motiva. Deseo ahorcarlo, deseo ahorcar lo… ¿lo que vuela, «frío» y pasa? No… creo que es… algo… más… mitológico… deseo ahorcar esquizofrénicamente al ente que posea el tiempo (apenas iniciar el día, se marca con el trino de un birriante pájaro ¡El tiempo!): el tiempo solo. Pasa el rato. Sí: es un rato largo. En breve no entiendo que el tiempo en actividad pase «más rápido» que el tiempo en aburrimiento, gozo con ello pero, necesitamos tiempo, necesitamos tiempo y ello, me ahoga.

Y es poco a poco como veo que no doy más de mí. Que necesito el necesitar; que el ego se vuelve fiero -no por cosa competitiva diríamos- que el ego es necesario para vivir sino cual es el porqué de tantos suicidios. En una partida de tiempo más ya pienso en la angustia, la angustia de ser. Esto es la soledad, quien no la entiende se ha perdido todo en una vida… en banalidades. Regreso a mi habitación, mi padre y mi madre durmiendo ya extasiados de tanta actividad «corredora».

Escuela, escuela de vida; escuela de muerte, te temo como al infierno de la que tu esencia realmente pertenece. Mi sustancia ya llegó a obtener mejores notas no entendiendo nada -absolutamente-, y, mostrando una falla en esencia grave; los profesores les costaba confiar en mí. Pero yo disfrutaba el ser y el día a día como si fuese el último entendiendo mucho más los trasuntos internos de mis compañeros, viéndolos más como humanos que como pedazos de lata. Y los días pasaban, mejor que peor.

Y un poco la esencia de las cosas con un poco de esmero iban corriendo más hacia lo positivo que hacia lo negativo… habían cosas más allá de lo «encumbrado» (que creo que ya les he explicado en demás) que me interesaba, me reunía más con los que tenían contenido que sólo con los que hacían un tanto de deporte, aquello sí que interesaban y buscaban algo más entre lo vano, lo que no presentaba novedad alguna, lo que hacía la vida más sosa… los de deporte nos tenían envidia, no es frecuente y lo sé, nos veían y no se atrevían a decirnos «frikazos» y es que… parecíamos divertirnos y ello traía curiosidad en ellos (como para hacérsenos del grupo en cualquier momento). Estelvina estaba siempre con nosotros, ella y otra niña eran la componente femenina del todo ¡Y pucha que sí aportaban! No necesitaban más que su propia imaginación para deslumbrarnos. Y es por ellas que también subí mis calificaciones, me han abierto la mente como nadie, y ello viene de cajón en el estudio, aunque ellas no estén presentes y el estudio sea más bien soso e individualista.

Y mientras iba entendiendo que la escuela, por mandatos de mi mamá, era un blocazo de cemento que había que cubrir con la mezcla, quien como si fuera un contenedor y el líquido solidificante mi conocimiento, iba entendiendo que si no seguía adelante sin repetir, sin distraerme en cosas (que jamás iba a estudiar) «galácticas», cósmicas, lograría estar donde yo quiero: convertirme en ese ser espectral futuro que es lo que yo quiero ser para más adelante. Pero de todas formas ¿si lo que yo quería es difícil de acceder y necesita de una o más iteraciones en probar la carrera, para el darse cuenta: quién o cómo me daría cuenta de ello si mis padres me dan tan sólo una oportunidad y nada más? Mi padre, en tono mayor, argumenta que las orientaciones de la escuela son más que suficiente y no necesito más: «date de piedra en el pecho que la familia también apoya en vocación y la puedes tener clara de aquí para adelante, que la vida es una sola y ya está: que lo tienes todo para entender la nada que es el caos de ver que va venir».

Sonaba atronador y con miedo todo, pero ya está, me dedicaría a un título simple. No sé cual. Pero ya está, es algo, algo simple, bien, es lo mejor que pude hacer hoy.

Ahora, un poco el curso se iba uniendo por cosa infusa: los deportistas empezaban, por razón desconocida, a tolerar a los estudiosos o «encumbrados», y por contra, los estudiosos o «encumbrados», empezaban, a acercar su grupo a los deportistas; y allí se empezaba lo fulminante, interesante y ¿Por qué no? a abrazarse emocionalmente las amistades que alguna vez pudieron ser y nunca fueron y con ello a abrirse el velo de muerte que siempre había con los compañeros, sus vidas inaccesibles, etcétera. Hay personas que añoran la totalidad -son pocos-, pero existen y cuando lo presente se da entonces no queda otra que seguirles el juego con toda la apertura de ánimos. Y por lo mismo los deportistas, gruesos imbéciles con tenacidad de un demonio, empezaban a invitarnos a sus fastuosas fiestas, y nosotros, los estudiosos les mostrábamos las estrellas, la geografía y una que otra cosa de política que a la larga y en la vida les será útil porque o serán garrocheros, ladrones, o sea políticos, o de plano vagos que les encantarían las cosas humanísticas (si es que cabe incluir las cosas de política en el humanismo, pero qué va, podría decirse que se trata de ciencia política y no pasa nada). Y de esa elegante forma todos nos integrábamos al todo sin ser discriminados por nada.

De pronto ya me veía en más que la pubertad, en una zona de la vida en que puedes superar «la edad del pavo», la edad distraída y tienes una capacidad mayor de reprimir sensibilidades y seguir adelante sin cuestionarte tanto. Esa edad aproveché, uno: para olvidar a Berta, y dos: para acercarme a una chica que me gustaba, lentamente pero con decisión hacia lo peor, si es que sí, en las fiestas y panoramas que organizábamos entre todos, fiestas que estaban dotadas alegría aunque menos cosas que lo normal, materiales… vemos en ellas intrusión, bromas… todo lo que debe tener una fiesta, a Pancho le hicieron tropezarse y su solemnidad caducó, pero también a otro -muy egocéntrico- le colocaron afrodisíaco en su vaso y ahí empezó a que seduce que seduce. Yo mientras, como no tenía deuda humana con nadie, iba a charlarle algunas cosas a esa persona especial que me gusta, de cuán poco nos veíamos desde tal y tal tiempo, etcétera. Y ella sí que me respondía, era algo especial lo que iba sintiendo cuando generaba avances, mi corazón palpitaba a estallar… era una persona de estatura mediana, algo delgada, cabello crespo con color castañizo claro. Pero si es por la fiesta, las fiestas aquellas eran todas geniales. La vida avanzaba tomando cosas, y, dejando otras.

Veo que algunas cosas las dejo atrás. Aquellas las que me parecen demasiado infantiles. Gasto bromas porque reír es lo primero. Y Estelevina… Estelvina es quien, me encanta en toda su forma de ser. Por nada más y nada menos que es que la adoro, a veces creo que se va a derretir en miel en mi boca, es como si fuese hecha de mi misma materia. Es demasiado. Después de este acontecer erótico que os traigo, acerco, este que no puedo olvidar nunca ni más allá, he de decirles que no todo es miel de abeja (en boca), hay cosas… que no son tan buenas como lo testaruda que es a veces ella, también algo con su amiga, «la ratoncilla» me agrada, aunque a veces la oigo cuchichear con ella y eso me enoja: quizás qué estén diciendo, ojalá no de mí; y es que ambas son parte de nuestro ser, de nuestro grupo, tienen la chispa que nosotros amamos como banda de chiquillos, tienen sus «peros», y he de decir que son bastantes agradables las 2.

Poco a poco empiezo a aceptar la vida con sus explicaciones y todo. En general explicaciones… este… de términos negativos. Verás: cada cosa tiene su explicación en términos realistas, esto es, algo difícil de digerir, pues la realidad es aquello que impacta. Por tanto la vida se llena de «píldoras de realidad» y ello ennegrece la mente, la resabia. Y entendiendo la vida con sus explicaciones que no son cómodas me voy adaptando un poco más, siendo más hombre (o el sexo con que haya nacido, que por supuesto, no es mujer) y más engarzado, fluido por lo con acontecer y por las relaciones humanas que allí se dan. No: no me estoy transformando en un humanista pleno, de aquello que «todo por el humano es su refrán», no, siento que voy esforzando las auto-reglas categóricas que me hacían falta. Ya creaba ya yo… eso… mi propia moral. Y con ello satisfecho de quien soy salgo de recreo. No veo a nadie alrededor. El viento sopla agradablemente fuera del edificio de las salas; los profesores corren a tomarse un café y a encerrarse de nuevo. Luego caminando me acerco a la zona con pasto. diviso a alguien a lo lejos, poco a poco me acerco y es mujer. Corre otra persona al lado mío, de seguro saliendo y yendo a un quiosco. Cuando ya estoy cerca ver a Estelvina, no me saluda. Está reconcentrada leyendo algo ¿Desde el celular? ¿Lee tan frecuente como un estado «ahora»? ¡Qué extraño! Me acerco y la verdad que no me rechaza como podría haberlo adelantado: de hecho al acuclillarme en el pasto me invita explícitamente a sentarme a pleno, cruzar las piernas todo eso… y me invita a hablar de lo que sea, eso me dice: de lo que sea. No hay reprimendas. Eso es buenísimo. Satisfecho, agraciado por la luz solar le comento sobre mi tío y sus palabras que ya hace tiempo me dijo sobre el más allá humano… sus descubrimientos en el sueño. Se asombra y lo hace ver con una palabra. Saca un cigarro y lo enciende. Le hago esconderlo, el inspector estaba dando vueltas por ahí le dije y ella hizo caso. De cualquier forma se mantuvo calma: pudo. Me dice al finalizar el cuento: «¿Ah? ¿Tan reflexivo es tu tío? ¿Tan mágico?» le digo que no, que no es tan así, que fue algo excepcional. Volvemos a clases. Charlamos harto la verdad, con elevado nivel de detalle. En la tarde todo se ponía más oscuro allá arriba en el cerro donde quedaba la institución; en el recreo cuando después íbamos a nuestras extraprogramáticas de la escuela… también nos lanzamos al pasto a charlar largo… decidimos en tanto no ir a estas cosas y nos tomamos una micro al centro comercial de estación Barón ¡Se trataba la segunda clase! ¡La de los conceptos «en base», más útiles! ¡Cómo es que no fuimos! Y no fuimos y fue mejor. El día estaba hermoso, se presenciaba desde la ventana de la micro, tan hermoso que encandilaba la vista. Cuando nos bajamos en Barón, nos acercamos al gran centro comercial y en el interior, cuando las luces pegadizas blancas nos hartaban en despampanos estrellitosos, unos guardias nos saludaron a la entrada otros sujetos le ofrecieron perfumes a Estelvina acercándose a ella insidiosamente. Cuando llegamos más a la zona de comidas, tomamos un helado cada uno y caminamos más que sentarnos en una silla y conversar y hablar mal de «algunos» a sus espaldas.

De pronto diviso a lo lejos a una mujer vestida de verde cacatúa. Era Berta, pasaba por ahí, sola, quizás buscando un nuevo vestido. Me mira pasar por allí, me ve con otra, me ve aguzando la vista a mi presencia, y mientras nos íbamos acercando… veía que ella esperaba más de mí cuando la llamaba y llamaba, no era una cosa por capricho que me «mandara a volar». Es como si creyera lo ahora increíble, he sido otro, en otra configuración, la he superado, y eso le enfervoriza. La mirada es tiesa y ya nos estamos acercando a donde uno, por cercanía física, la debe saludar. Estelvina la mira alegremente y yo se la presento. Luego la saludo yo. Exclama «¡Cristián!» que nadie le cree porque la alegría llegaba a ser falsa. Luego decimos como hemos estado, etcétera… todo muy «formado». Ella no tiene muchos deseos de seguir charlando: logra silencios incómodos que raros parecen forzados y es que la conversación con ella no fluye, se va para otras partes olvidosamente en sus nexos… da la impresión que… eso la altera… que la hace endurecerse, yo sé que eso es porque estoy con ella otra y sé que eso le pone fatal, porque sabía que en algún momento yo me la jugaría pero, quizás ¡Ella se siente una muy segundona ahora! Entonces, de la nada, Estelvina ofrece comentar sobre el malestar social actual, las protestas por la mala calidad de la «tevé» y otras cosas. Entre los 2 (yo y Berta) nos quedamos observándonos. Se queda todo en silencio y el silencio se formó después de unas 3 frases que fueron posteriores a llegar a este tema… entonces, como por arte de magia, Berta se decide a contestar:

-Lo que sucede es que en este mundo siempre hay «indeseables»…

Nadie sabía de donde sacó eso, con ese tono, con esa cara de «buscando un mentiroso».

Estelvina movió las piezas, como era inteligente no olió muy bien «allí», movió aquesas piezas de este ajedrez (vital) con un par de eufemismos y promovió la conversación a directo que se fulmine. Cuando me dí vuelta a ver la cara de Berta luego de que nos despedimos y la alejamos: estaba oscura, enrojecida e iba a levantar la mano. Pronto veo que va a indicar con el dedo anular… pero se arrepiente y hace un gesto de despedida, pero la cara no calzaba con ese tal. Podemos decir, sin tapujos, que valió la pena relajarse con alguien en esa lnda tarde, en esa «vitrinada» tarde, con charlas con experiencia, pero por sobre todo, con una calma la cual amo, descartando «los pequeños incidentes».

Los pocos momentos que tenía solo en ese entonces me sirvieron para verme por dentro, investigarme más que comprender cosas. Era todo un lujo ver pasar a mi madre con una bandeja, a comer un bocadillo con papá y que yo estuviera mirando hacia afuera o llegando a lo hondo de mí, me comprendía como quien hacía una tarea, eso ayudaba a estabilizarme. Siempre estaba bien, yo creo que por eso, y era lo correcto, verme como mejor persona. Poco a poco me iba acercando más a mis amigos y me iba haciendo más que cariñoso, sino cercano, deseable y, gente como por ejemplo Matías, me llegaba a decir que era de él su amigo del alma, compartía emociones por mí, así como yo de esas personas. Matías pertenecía a nosotros, a nuestra feliz agrupación, era miembro acérrimo de escapadas, y, de las tonteras que servían como excusa para largas charlas, «un imperdible». Y como todo viene junto (sin dudar), fuimos todos, con Estelvina incluida, a una fiesta donde había mucho que conocer (de la vida). Nos fuimos (adentro) con Matías hacia el patio interior, comenzamos hablando de cualquier cosa, luego acabamos hablando de chicas, llegaron 2 mujeres más a nuestro lado y tuvimos que tenderles unos cigarros. Me senté y la música comenzaba, a ellos 3 se les sumaron Carlos y Juan y parece que se pusieron más animados, a hablar de lugares lejanos y fiestas. Me levanté y Estelvina y «la ratoncilla» llegaron se unieron a todos. Yo saludé a Estelvina con fragor, demasiado motivado, ella me dio un beso y sentí su alma, su vibración, su buena vibración en él -la buena (virtuosa) onda. Su mirada también fue dulce, me corroboró la atracción con ello.

Entonces de tímido invité a «la ratoncilla» a bailar y dejé a Estelvina porque cuando hablamos de muchas cosas allí (empezaron a llegar los amigos más cercanos del que daba la fiesta) Estelvina empezó a colocar caras de insatisfacción que me llegaron a dar miedo. Menos mal Carlos tomó las riendas… y aprovechó de alegrar a Estelvina. Yo los veía de lejos mientras yo danzaba… qué par de graciosos, me lanzaron una palomita de maíz a la cabeza, que rebotó nosécomo en la cabeza de «la ratoncilla». Ella luego se rió. Decidí volver. Por seguridad. La fiesta, así, empieza a hacer arder. Las luces, por supuesto, combinaban sólo rojo con negro (oscuridad) y daban en la córnea: no daba para más. Alguno que otro prendía y apagaba los interruptores, sólo para molestar. Estaba lleno de bocadillos. Algunos muy deliciosos, otros, sólo «tollo».

Entonces salimos a una especie de patio-terraza que poseía el dueño de la casa. Nos saluda -a todo esto- de lejos: nosotros le sonreímos. Salimos todos por cierto. Estaba fresca la noche y una pequeña brisa helaba a mucho. La «ratoncilla», Matías, Carlos y Juan se fueron y quedé yo con Estelvina y las otras 2 mujeres que se nos habían unido a la pandilla (y es que fue hace poco que sucedió, me es difícil recordar sus nombres). Una «saltó» expresando que Valparaíso se ha transformado en la ruina viviente, viviente de sólo placeres y alegría. Yo me enfadé un tanto por eso… ese enfado que no puede ser «sacado afuera»; por tanto me quedé en silencio. Sus amigas por fortuna le llevaron la contra y, Estelvina comentó algo que no entendí de parte de las amigas. Respiraron el aire del lugar profundamente volviendo a conectarse con el ténue ambiente, y luego, se fueron. Quedamos Estelvina y yo y traté de hablarle de otro tema… bicicletas o mascotas por ejemplo. Fue unútil, quería aspirar la calma como las 3 mujeres hace rato. Una mujer dirigiéndose, dentro del apartado interior de la casa, hacia otra persona que sin enfocar la vista demasiado bien parecía ser hombre (por lo corpulento y la vestimenta) y notándolo: esa mujer lucía radiante. Tanto que Estelvina comenzó a bufar con su propia respiración luego de que «pinché» la vista en ella, la mujer.

Me asombra lo que veo. Tan pronto me repito. Es ella. Es Berta y se dirige a un apuesto muchacho en seguida. Ahora veo que él lleva una cartera desde el bolsillo atada a su cinturón con una cadena. También tiene una musculatura desarrollada, una quijada prominente, lleva una chaqueta de blueyean… tiene un atractivo marcado hacia la hembra. Berta va, se acerca y le da un beso en la boca, no se retiene en nada. Berta también lo mira con dulzura una vez de que terminan, él le regala un alfajor con diseño de corazón que llevaba en su bolsillo, parece ser un sujeto bueno que escucha mala música (ruidosa), tiene agallas, se entiende al verlo «a primeras»; sostiene en mano derecha un reloj de tic, tac; se nota que prefiere una noche agitada a una tarde en calma, también se podría comentar que tiene un elevado concepto de sí mismo…

Mientras mis ojos de rabillo (de ojo) y por una pequeña vistazada que le regalé (al sujeto) cuando avanzábamos al interior oscuro con Estelvina (nos habíamos puesto de acuerdo) me dí cuenta que era un ser sustancial, con ires y venires: mucho mejor amante que yo, mucho más preocupado de acercar hembras fértiles… era un ser que las damas admiran pues, esa vistazada fue algo que me inspiró al nervio, y del nervio a bailar cualquieracosa como «tonto»: todo aquello para llamar la atención. La atención de la bella Estelvina que estaba ya en su fase «amable». Baila que baila, ella reía.

Reía profundamente; hasta se atragantaba de la risa. Eso fue hasta que de accidente (y repito: sin siquiera pensar en Berta), choqué con el sujeto de chaqueta de yeans golpeándole su codo, que estaba asentado en un brazo que sostenía su cintura, y el otro brazote con una cerveza de las pocas finas que habían (el resto, por supuesto, era «cerveza basura»). Berta ante el tonto baile, me ve con un asco bastante único. Ni me saluda. Me quedo quieto y pido disculpas, trato de apartarme.

[continúa en segmento 2/2]

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    21 enero, 2020

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. andrespinedo

    22 enero, 2020

    Muchas gracias por la inspiración, Mabel (porque sí, porque eso es, es una inspiración de formato «de apoyo», es una llegada del soplo mágico del «espíritu del buen escritor»). Es una novela que lleva (unos) 3 meses de desarrollo ¡Y recién voy en el capítulo 3! Quiero, acá, que sea una novela que demore en escribirse, mínimo de gestarse de un año, y con ese año escribir y reescribir lo suficiente cosa de que la calidad sea Dantealigueriana o Cervantiana o lo que se acerque, pero calidad-no-de-escritor-que-escribe-su-novela-teleserie-pa-internet.

    Salu2 desde Santiago (Chile)!!

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