Nadie estirará los brazos
ocupando territorios explorados,
emitiendo sus destellos de brillante egolatría,
nadie. En su caballo radiante, la noche fabricó
su textura de muerte, los focos inundaban
las materias acuáticas y aciduladas.
Nadie, en sus líquidas manos, ofrecerá
apócrifas lamentaciones, tras el destierro
de las nieblas, donde estarás tú,
circunferencia de alabastro
sobre mesas marmóreas-.
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Juan León Villagra
exquisito
Luis
Gracias Juan, un abrazo!
Mabel
Muy buen poema. Un abrazo Luis y mi voto desde Andalucía
Luis
Gracias Mabel, un abrazo amiga!!
Esruza
Me encantó, Luis.
Mi voto y un saludo
Estela
Luis
Gracias Estela, saludos!!