¿Por qué no llueve en el naranjal? Capítulo III. Final

Escrito por
| 8 | Dejar un comentario

La primera pregunta que surge era lógica quienes eran  los acompañantes del padre Mario y que hacía este con la boca tapada y con ese aspecto de  judío errante. El padre Mario señalo al señor de estatura media para que respondiera a la multitud.

De inmediato el señor sacó del carro una pequeña valija y de ella sustrajo un pergamino con sellos de la diócesis donde lo nombraban nuevo párroco del naranjal. Al comenzar su presentación de inmediato se le notó un acento que no podía distinguirse claramente pero sonaba  entre peruano o boliviano, por el cantadito  y pasito al entonar las frases.

Muy atento  y en un tono agradable dice que su nombre es Francisco Javier Zegarra  el nuevo párroco como decía el papel que mostraba. Pedía afanosamente que no le asediasen cono si fuese un malhechor  y los invitó a una homilía para el día siguiente donde daría más detalles.

Con respecto a las vendas en la boca del padre Mario comentó que estaba castigado por sus superiores los cuales le impusieron la penitencia llamada “Voto de silencio” por tres meses.

Que debía además cumplir fielmente los tres votos monásticos “pobreza, obediencia y castidad” los cuales había incumplido abiertamente.

La pequeña multitud quedó atónita y perpleja ante los comentarios del nuevo párroco, porque de esta manera jamás sabrían la verdad de los hechos ocurridos  antes de la ausencia de su sacerdote.

La reunión se desarmó  y los tres individuos caminaron nuevamente hacia la camioneta para sacar los equipajes de los clérigos el entrante y el saliente.

El nuevo cura tomó su valija  color negro de cuero muy refinada como la que usan los médicos en las películas, además una maleta sintética forrada a cuadros blanco con negro de broches dorados la cual estaba bien cerrada. El padre Mario tomo su mochila de  fique de varios colores que era su único equipaje.  Se la terció en el pecho y salieron rumbo a la iglesia que quedaba muy cerca del sitio donde estaban.

Una sorpresa agradable los sorprendió al llegar al templo. Con antelaciones varias voluntarias habían aseado y arreglado a la imagen del santo patrono estropeada en la fatídica procesión. Pero también se asombraron sobre todo el padre Mario al encontrar  la iglesia sin candado y más aún el pequeño cuartico donde el guardaba sus cosas importantes. Sin mediar palabra observa de esquina a esquina el lugar y busca afanosamente con su mirada unos envueltos de papel periódico que había dejado en un  rincón del mencionado sitio. Su afán de encontrar dichos envueltos es porqué en esos escondía las cartas escritas por una fémina que le profesaba admiración y mucho amor.

Esto sería poner en evidencia los hechos que lo habían marcado desde su llegada al pueblo. En esos  escritos había pormenores de sus andanzas clandestinas sin dar nombres específicos pero con los detalles los lectores podían hacerse una idea de quien se hablaba.

Lleno de dudas y desesperación por no hallar lo que buscaba en el cuartico y sobre todo sin saber en qué manos estarían y que uso de darían a dicha información.

Sigilosamente se acerca al padre Francisco el nuevo cura y de dice en voz baja que debe salir un momento.

Sus ojos detonaban mucha angustia a tal punto que se le querían salir y la sudoración aumentó en gran manera sus pasos trastabillados denotaban desazón.

Al salir a la calle divisa el camino que tomaría a la casa de doña paca, discretamente se arrima a la terraza y cuidadosamente se retira las vendas que le cubrían la boca y emite un ruido muy parecido a un Palomo cuando corteja a la hembra, Parecía que esa era una clave para llamar a alguien;

¿Pero a quién?

El padre Mario durante mucho tiempo había mantenido una polémica con doña Paca por los comentarios que corrían desde hace mucho tiempo sobre el comportamiento emocional del susodicho.

Lo que ocurrió no lo sospechaba nadie, la hija menor de doña paca entendió  el llamado del padre Mario haciéndole señas con la mano abierta insinuando que esperara un poco mientras ella podía salir.

La desesperación del cura no tenía nombre miraba para todos los lados no sabía cómo reaccionaría la hija de doña paca al verlo de cuerpo presente cuando aparentemente ella era la que lo buscaba para evitar murmuraciones.

La  dulce doncella apenas despuntaba un peldaño más de sus quince primaveras y su belleza cautivaba al cura desde hacía meses por tal motivo parecía que entre los dos había un recóndito amorío ignorado por la progenitora de la chica.

Cuando los dos se lograron encontrar el impacto que causó el desaliñado aspecto del sacerdote en la mujercita  fue inmenso, sus ropas sucias la boca tapada y ese desagradable olor agrio a sudor no le favorecía.

Al notar el desagrado que le causó a la hermosa joven el cura de nuevo se retiró sus vendas y le explica a la niña la razón de su aspecto, que viene por ella porqué está decidido a abandonar su vocación  por su amor. El mundo se detuvo por un momento para los tortolos al fundirse en un abrazo y el cura le decía al oído de la mujer que ese era el final que le esperaba a ambos.

Algo parecido a la historia que este mismo le había contado a ella tiempo atrás, la de  un sacerdote que renunció a su ministerio por el amor de una hermosa dama. Se refería a la historia del “Pájaro espino” una novela escrita por una australiana de nombre Collen McCullough que revolucionó los primeros años del siglo veinte por su polémica temática.

Amaneció y la noticia de la fuga del padre Mario con la hija menor de Doña Paca estaba en la lengua de nada menos y nada más que en la de “pollerita”, este se enteró al escuchar los lamentos de Doña Paca cuando antes del alba notó la ausencia de su hija ya que esta les echaba un ojo hasta tres veces durante la noche.

En su lamento la desesperada madre gritaba entre sollozos que su hija se había ido para siempre y en su mano trémula sostenía una carta donde ella se despedía.

Como era común en el naranjal cualquier cosa alborotaba la multitud que todavía no se reponía de la gran pérdida causada por el vendaval de hacía varios días.

Los rumores no se hicieron esperar y el día continuaba su marcha al tal punto que el nuevo sacerdote convoca a través de tres campanazos a la misa de siete una cita casi obligada por ser domingo.

En su sermón el padre Francisco nombre del nuevo siervo de dios trataba de aplacar los ánimos y hacia votos por la recuperación del pueblo tratando de pasar la página con el incidente de la hija de doña paca con el padre Mario.

Hecho que él mismo intuía al saber los antecedentes de su condiscípulo y además este había salido la noche anterior con una cara de consternación y no regresó a dormir.

Exclamó que los designios de dios son perfectos y que lo único que quedaba era trabajar todos juntos para restaurar la tranquilidad del lugar. Los asistentes escuchaban con atención más no faltaba el que cuchicheaba la última noticia.

La iglesia se inundó de un silencio cómplice, los chismosos si no podían hablar simplemente se hacían señas indicando el puesto vacío que ese día había dejado Doña paca por razones obvias.

Las palabras del Padre francisco parecían proféticas ya que el ardor del astro rey se establecía nuevamente en el pueblo al sentirse unos vientos veraneros que se llevaban las nubes como por encargo, hostigando al naranjal en los días venideros de un sol radiante que los pobladores temían por la llegada de una nueva temporada de sequía y malas noticias.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas