Veo últimamente a la gente muy preocupada con sus otros yos, sus dobles personalidades, sus conciencias o la carencia de ellos… o de ella. Aunque no les veamos están ahí, todos tenemos un yo alternativo, para bien o para mal, se muestre o no, se burla desde el espejo, nos ayuda o nos crispa los nervios, pero siempre nos ronda.
Algunos somos muy conscientes de nuestros tocayos internos, y no de uno solo, a veces son multitud. Yo procuro llevarme bien con ellos, son neuróticos, egocentricos, despiadados, envidiosos unas veces, otras son locos manirrotos, fantasiosos e imprudentes, así que o les doy la razón o trato de ignorarlos, no simpre con acierto. Pero hay uno en concreto que siempre me está tocando los cojones. Ese que me recuerda que voy a morir, que no he apagado la luz, que la vida esta muy cara o que esa mujer es muy joven para ti. Un amargado que se define a sí mismo como un optimista bien informado ¡y quien quiere tanta información!
Un yo práctico y pragmático que te dice lo que de verdad eres, que no sueñes con ser algo diferente, que te revienta las fiestas y las fantasías que te has inventado. En resumen, un tocapelotas del copón con ya he afirmado más arriba.
Como no puedo deshacerme de él por los métodos tradicionales de cualquier amante de la novela negra sin correr el riesgo de sufrir daños colaterales, he ido al psiquiatra y le he contado mi caso. Tuve la sensación que el galeno, atenor de su propio medio de subsistencia tenía aún más egos que yo, y mucho menos dominados. Me dijo que lo mío era muy corriente, aunque la gente no fuese consciente, casi todos y todas padecen este tipo de trastorno. Lo difinió como una enfermedad incurable para la que no había un remedio definitivo y que como tal lo único posible era someterse a tratamiento y llevarlo con paciencia
Ahora que me atiborro a pastillitas de colorines y voy de flipado por la vida mi yo odioso no deja de recordarme que tanta medicación no es buena para la salud.
¡Ser realista tampoco, cabrón!





Luis
En fragmentos breves, y en cápsulas bien administradas, nos dices muchas verdades de nosotros mismos, en este texto. Me encantó tu autorretrato y por ende, el retrato de muchos. Un saludo Antón y mi voto!
MadreMar
Buena reflexión sobre nuestros «Pepitos Grillos» o, como tú los llamas: «nuestros tocayos internos». Ya es bien verdad que la ignorancia es la felicidad en muchos casos…
Saludos
Lourdes
The geezer
Buenas observaciones sobre la naturaleza humana! Y bien en intentar lidiar con todos los «yoes» con humor! Saludos
César