Capilla del Monte y El Cerro de los Milagros – El nuevo emprendimiento del Profeta Kropp

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CAPILLA DEL MONTE Y EL CERRO DE LOS MILAGROS

EL NUEVO EMPRENDIMIENTO DEL PROFETA KROPP

 

Por

Fernando Jorge Soto Roland

INTRODUCCIÓN

 

Según sentencian los teóricos, lo que hace una buena crónica es describir, mostrar con palabras, y brindar una posición ―hasta ideológica― sin explicitarla. No sé si lo lograré en ésta que tiene ahora el lector ante sus ojos. Mis críticos suelen aducir que vomito mis pareceres sin ambigüedad alguna y con demasiados adjetivos. Lo acepto. Es innegable. Me resulta difícil no ser honesto con el vocabulario y no cometer el pecado en el que cae todo mal cronista: el exhibicionismo. De todas maneras, intentaré redimirme en la medida de lo posible.

La verdad es que no tenía pensado escribir nada sobre la experiencia que viví con Verónica en lo que, desde hace poco tiempo, se ha dado en llamar El Cerro de los Milagros. En un artículo anterior ya había hecho referencia al personaje que hoy regentea el lugar y temí repetirme, o lo que es peor, aburrirme al hacerlo.[1] Pero a instancias de un conocido “Gurú” porteño, que pidió que lo hiciera, dedicaré algunas horas en la redacción de esta nueva “Crónica Capillense”.

No es una mala idea. La memoria es flaca y es probable que los detalles se pierdan con el paso del tiempo.

Que este escrito sea, entonces, un medio sencillo para no olvidarlos.

 

Febrero 2020

 

NAVES Y DIOSES

 

No teníamos más de 72 horas en Capilla del Monte cuando, el pasado mes de enero de 2020, nos encontramos en la calle con una combi blanca que Vero identificó inmediatamente.

―Mirá ―me dijo. ―Es la camioneta de Néstor Corsi.

Bastó con observar el asiento del conductor para reconocer que mi esposa tenía razón. Al volante, el hombre de poblada barba blanca era inconfundiblemente el Profeta Kropp, buscando un lugar dónde estacionar en pleno centro.

 

Un día antes, junto a un nutrido grupo de amigos, habíamos viajado hasta el río Quilpo a pasar la jornada y, de pasada, visitar el pueblo hippie de San Marcos Sierras. Hacía un año exacto, allí, en la plaza misma de la aldea, había conocido y conversado con Corsi largo y tendido, mientras almorzábamos en su restaurante bautizado El Profeta. Pero en esta nueva ocasión su propietario no estaba. El local había cambiado de dueño. Claro que al principio desconocía ese hecho por lo que me acerqué a una camarera, que reconocí del año anterior, y le pregunté por su patrón.

―No, Corsi no está más. Se fue. Dejó San Marcos hace un tiempo. Ahora puso ―agregó exhibiendo una sonrisa― un aeropuerto para ovnis cerca de Capilla del Monte.

―¿Un aeropuerto para ovnis? ―la remedé sorprendido.

La chica se encogió de hombros y mantuvo la sonrisa.

―Eso dijo… ―y tras saludarme se retiró. Era su primer día de trabajo de la temporada como camarera.

 

En mi largo trajinar buscando “lugares extraños” ya había conocido un aeropuerto de ese tipo en el bellísimo pueblito de Cachi, provincia de Salta.

Hacía dos años, de la mano de un mediático fotógrafo de platos voladores llamado Antonio Zuleta, habíamos recorrido aquel “Ovnipuerto” norteño; y si bien entonces la torre de control no autorizó ningún aterrizaje en tierras de Güemes, tras la “nueva buena” que la moza me diera en San Marcos, alimenté las esperanzas de poder ver una nave extraterrestre en el que Corsi había mandado a construir.

No dejaba de sorprenderme la capacidad que el Profeta tenía para poder cumplir sus planes. Aún los, aparentemente, más delirantes.

A pocos kilómetros de San Marcos Sierras, El Pozo de Luz, su anterior proyecto (que insumió un dinero y un trabajo inimaginable), estaba clausurado, tras los tres años que su propietario había pasado en prisión. Así todo, una vez más, había conseguido movilizar colaboración, esfuerzo físico y fondos para levantar una nueva Disneylandia esotérica a pocos kilómetros de la primera.

 

Cuando 24 horas después del viaje a San Marcos lo vimos en el centro de Capilla del Monte, me acerqué a él con la intensión de saber cómo llegar a su singular “ovniódromo”.

No me reconoció, pero me saludó como si lo hubiera hecho. Le pregunté sobre su nuevo emprendimiento. Entonces, impostando la voz, respondió:

―He recibido el mandato de construir una gran Estrella de David de cuarzo. ¡Hazla de 10 metros de diámetro! ―me dijo― y convoca a la gente para sesiones de curación en el Cerro de los Milagros. El próximo viernes 10, con luna llena, allí estaré.

―¿Y cómo llegó hasta ahí? ―inquirí.

Me pasó su número de teléfono.

―Llamame el viernes a la mañana y te informo si la combi sale de Plaza San Martín. El costo es de 500 pesos. Lo que te salé un remís sólo de ida, nosotros te los cobramos por la ida y la vuelta. Te llevamos y te traemos. Eso sí, tienen que llevar puesto algo blanco y traer un producto imperecedero para contribuir con la misión.

Le dije que lo llamaría y nos despedimos. Vi cómo se alejaba cruzando la calle, seguido por 3 de sus 9 hijos.

Un hombre prolífico, por cierto.

 

Como Lon Chaney quedamos a la espera de la luna llena. Dudamos en ir, pero finalmente nos decidimos y a las 17:30 horas exactas del viernes convenido la combi blanca se estacionó frente a la plaza. La conducía su suegro (un hombre de la misma edad de Corsi).

En la vereda, junto a las hamacas y toboganes, esperaban tres mujeres de mediana edad. Vestían todas de blanco. Me aproximé a ellas mientras Vero miraba su celular. Hablaban de “energías”, “curaciones mágicas” y “naves”. Evidentemente, viajarían con nosotros. Les pregunté y asintieron con simpatía. Unos minutos más tarde todos estábamos por un camino de tierra y ripio, zarandeándonos como muñecos de trapo. Ese era, me dijo el chofer, el antiguo camino que conducía a San Marcos. Una ruta recomendable (de tener buenos amortiguadores). El paisaje es maravilloso. Todo bordeado de sierras, rocas inmensas desgastadas por la erosión y un monte tupido y verde. Si uno desea tener una visión panorámica de Capilla del Monte sin la necesidad de subir al Uritorco, ese camino es la mejor opción.

 

Tardamos unos 45 minutos en llegar a destino. Tal vez un poco más. En la entrada, un cartel pintado a mano indicaba que habíamos arribado. “Vivenciaremos noche de milagros y sanación en la Gran estrella de Cuarzo”, decía en verde flúor.

Retomamos por otro camino de tierra en dirección al casco del lugar. Un kilómetro más tarde descendimos. Corsi recibía con su cordialidad de siempre a los visitantes. Me sorprendí. Había más personas de las que imaginaba. Calculé entre 30 y 40 “peregrinos”. Más tarde, en autos particulares, se sumaron muchas más, llegando a la cifra de 90 personas. Esas sí que las conté.

 

Tras entregar los productos imperecederos que habíamos comprado en un almacén, el anfitrión nos invitó a recorrer el lugar. Un espacio abierto enorme, con un paisaje imponente y la mencionada estrella de cuarzo en el centro mismo del predio.

La gente había empezado a ubicarse a su alrededor. Reposeras, sillas y mantas tendidas por doquier.

―Pasen, pasen – repetía Corsi. ―Visiten el lugar. Recorran todo. Hay que esperar a que se ponga el sol, antes de empezar

Y así, bajo su consejo, nos dedicamos a pasear y sacar fotos. En tanto, el Profeta seguía recibiendo a más invitados. Muchos de ellos arribaban al cerro milagroso en autos de alta gama.

 

Corsi es un personaje singular y controvertido. Un tipo convencido de “su misión” en la Tierra, desde que tenía ―según dice― 8 años de edad; además de exudar un carisma pocas veces visto a la hora de ganar seguidores. Odiado y amado. Vilipendiado por unos, endiosado por otros. En pocas palabras, una intrigante e interesante muestra de nuestros días.

Asegura hablar con Dios Padre (por eso es un Profeta) y con seres venidos de otros planetas, con los que afirma interactuar periódicamente para concretar su “causa humanitaria”. Es que Corsi no se anda con chiquitas: quiere salvar al mundo.

 

Aislado en medio de las sierras cordobesas, sin luz ni gas, sin acceso a Internet y llevando una vida en equilibrio con la naturaleza y los extraterrestres, el Profeta Kropp (su nombre religioso) regentea su nuevo centro ceremonial al que los Hermanos Superiores bajan a diario para conversar y trabajar con él.

―El otro día los esperé ―contó. ―Pero como se hizo tarde, me quedé dormido. En eso, a la madrugada, oímos con mi compañera, que me llamaban. “¡Néstor, Néstor!”… Y ahí estaban. Habían bajado y dejado la nave allá arriba, en el cerro.

 

Para Corsi, como para muchos contactados que en Capilla del Monte dicen tener trato con las entidades espirituales de la ciudad intraterrena de ERKS, la convivencia con alienígenas y seres interdimensionales es cosa de todos los días. Se refieren a ellos con nombres propios y los tratan como nosotros podemos tratar a un primo o cualquier otro pariente. Esos  que son encuentros realmente cercanos; pero no cualquier tipo, sino con elegidos por la providencia cósmica, con la que se comunican de manera directa y sin intermediarios.

Los que no terminan de entender cómo funciona la cosa son considerados seres primitivos. Monjes negros. Mentes cerradas y rastreras que vibran en frecuencias inapropiadas, incapaces de comprender nada y condenados a la ignorancia. De algo los creyentes sí están seguros: los “marcianos” no los rescataran al momento de la Gran Evacuación Planetaria que se avecina.

Puede que el lector que no esté  habituado a tratar con ambientes como el que describo se quede estupefacto ante tamaña sinrazón. Pero es real. Ese otro mundo existe y convive muy cerca de nosotros. Son legión y, aunque pocos se muestran sin dobleces, desatendiendo los juicios de valor que puedan recibir, muchos otros pululan en el anonimato, mezclados, camuflados; sólo revelándose tras ganar su confianza o en reuniones de pares (ideales para la retroalimentación). Estamos, pues, ante un universo paralelo en el que, cuanto más exóticas, raras y extraordinarias son las premisas que se propagan, mayor es el número de personas que las secundan, conformando nuevos cultos en la periferia de la modernidad.

 

Antes del anochecer, Corsi reunió a un número significativo de “peregrinos” en torno a una mesa redonda hecha de cemento, idéntica a las que suelen adornar parques y jardines, pero pintada de un modo muy particular. Aquella era una “mesa cósmica”. Una síntesis de su cosmología y parte de la singular cosmovisión que, como Profeta, tiene la obligación de difundir a los cuatro vientos, imitando a un verdadero chamán.

Era la charla preliminar a la ceremonia que se hacía esperar.

 

Su voz siempre es clara, diáfana. Engarza sus ideas como un verdadero orfebre, ganándose la atención, aún, de los más escépticos. Para sus seguidores es un sabio capaz de “hacer visible lo invisible”; tarea a la que ―según él mismo afirma― ha dedicado toda su vida, trabajando en más 22 naciones y registrando 175 patentes ligadas a la alta tecnología y la medicina (entre ellas una vacuna contra el cáncer).

Cuando empezó a exponer su cosmología, moviendo sus manos sobre la mesa, nadie se atrevió a cuestionar nada. Tampoco yo. Me concentré en retener la mayor cantidad de ideas posibles.

 

Contó que bajo la órbita del sol, además de nuestro planeta, hay otros tres que son invisibles a los ojos humanos. Tres planetas no detectados por la astronomía a los que, tras la muerte, nuestras almas viajan por etapas.

He tenido la oportunidad de estar en dos de ellos ―sentenció― y puedo contar cómo se vive, qué se hace y porqué allí los niños no enferman. Porqué no hay cáncer y qué energías son las que se usan”.

Al morir, nuestras almas (buenas y malas) pasan al primer planeta. Allí están todas en estado de gracia, danzando. “Yo tuve el honor y el placer de estar 7 días en ese lugar. Así, cómo estoy aquí, en este preciso momento.” Dijo haber visto allí a su madre (muerta hacía años), a su padre, a su herma y nieta. Todos danzando “como cardúmenes, disfrutando de la presencia del Padre.”

Sin que le temblara la barba informó haber vivido situaciones hermosas y que, tras estar ante Dios, podría dibujarlo en caso de desearlo.

Seguidamente explicó que en ese planeta las almas van a purificarse. A desprenderse de la estupidez humana, de la avaricia y el ego. En caso de no lograrlo, reencarnan otra vez en la Tierra. Pero, de alcanzar la perfección exigida, transmigran al segundo de los planetas invisibles, que es igual que el nuestro (con plantas, animales y objetos) y en donde reina sólo el Amor. Allí no hay dinero, ni envidia, individualismo o maldad. Únicamente, Amor, dijo acentuando el tono en la palabra.

Allí se pasan entre 90 y 95 años, perfeccionándonos. Recién entonces, pasamos al tercer planeta invisible, donde simplemente disfrutamos de la presencia de Dios Padre, de Jesús y todas las almas puras.”

 

Corsi, como Profeta que cree ser, dice estar en la Tierra con el objetivo de mantener el equilibrio “ácido/alcalino” entre el bien y el mal y brindar los mayores beneficios posibles a todos aquellos que han elegido El Camino de La Luz.

Estamos trabajando para aliviar el dolor del mundo”, sostuvo. “Y para ello tenemos medicinas bien reales”.

 

En la charla previa que habíamos tenido el año anterior en su restaurante de San Marcos Sierras, me había informado que él era el creador de dos vacunas (la CNS629 y la CNS777) capaces de combatir con éxito todas las enfermedades, en especial el cáncer; y que en la década de 1970, estando en el Amazonas, Dios le había dicho: “Mira a las hormigas y no seas perezoso”.

A partir de ese momento comenzó a investigar. Le llevó un tiempo. En 1998, trasladado a Moscú, el gobierno ruso le había permitido experimentar exitosamente con la sustancia (extraída del ácido fórmico de las hormigas). Colaboró con los eslavos hasta 2003, pudiendo registrar la mágica fórmula en ese país hasta que, ese mismo año, fuera convocado por el gobierno Chino para combatir el virus del SAR.

Exitosamente, claro.

 

La noche empezaba a caer en el Cerro de Los Milagros. Las sombras se hacían más y más densas con el transcurrir de los minutos. Corsi aceleró su exposición dándole un giro brusco a la charla.

Era la hora de los extraterrestres.

 

Estamos ante el momento más catastrófico de la historia”, dijo. Y los responsables de todos los males son los Estados Unidos (“el país del norte”). Según Corsi, ellos han desarrollado armas de destrucción masiva ―no se refiere a las atómica, sino a otras mucho más poderosas― que han sembrado por todo el planeta.

Es una sustancia que se pone en un dispositivo con forma de termo que pude ser activado a distancia”. ¿Cómo se enteró de todo ello? Sencillo: se lo dijo Dios hace más de 20 años.

Como Profeta no podía callarlo. Por tanto, conversó con los altos mandos militares de China y Rusia. Le comentó el caso. Lamentablemente no fue oído.

Sostiene que esos “dispositivos” son los responsables de los incendios, huracanes, tifones, diluvios, sismos y maremotos que hay en el planeta. “Los Estados Unidos tienen dominio sobre todo”, sentenció. “Han dañado a muchos países y quieren hacer lo mismo con Argentina. Nuestro país está en sus maléficos planes”.

Pero no se intranquilice señor lector, Dios le dijo. “Argentina no será destruida”. ¡Actúa, hijo!”. Y le dio las coordenadas para poder llevar a cabo la mayor desactivación posible de esos dispositivos.

―El año pasado, el 2 de junio de 2019, Dios me pidió: “Hijo, no te detengas. No camines, ¡corre! Ve al Cerro de los Milagros y construye una base para que desciendan las naves. Te enviaré 11 naves con 11 profetas y la tecnología y equipos necesarios para desactivar los dispositivos. ¡Prepara la base! Ten todo preparado para el 20 de julio (2019).

Cual un moderno Noé, Corsi se puso en campaña. No tenía mucho tiempo por delante.

Fui a hablar con los dueños de esta propiedad y les dije que necesitaba la montaña. Entonces, Francesco y Francesca (los dos propietarios que vestidos de blanco se paseaban por el predio) me respondieron: ¡Hace 35 años que te estábamos esperando! Hemos cuidado este lugar porque sabíamos que era el Cerro de los Milagros. ¿Qué necesitas? Les dije: Necesito ese cerro de atrás, el que está a 3 kilómetros, para construir una base en donde nuestros Hermanos bajen y llevar a cabo una alianza con ellos.

Aclaró que las naves venían del tercer planeta invisible, aquel donde sólo reina el Amor y que Dios es el que había ordenado su instrucción para viajar a la Tierra.

 

Así, con este discurso, el Profeta Kropp consiguió varias hectáreas de sierra y con la ayuda de decenas de seguidores, construir el aeropuerto ovni; el cual lamentablemente no pude ver por estar a una treintena de cuadras de la Estrella de David que nos nucleaba.

Tal vez, en otra ocasión.

 

Hacia las 21 horas y con casi 90 personas esperando, Corsi buscó su báculo de madera y nos invitó a que rodeáramos la gran estrella de cuarzo. Con Vero permanecimos a su lado.

 

No todos vestíamos con túnicas bancas. Sólo los adeptos más cercanos exhibían aquellas prístinas vestiduras, especialmente los propietarios de todo el predio (los Francescos), a los que ubicó muy cerca de él.

Tras un breve silencio la ceremonia se inició.

En principio no me pareció que nada estuviera pautado de antemano. De hecho, la impresión que tuve fue la de una completa improvisación en la que Corsi reiteró algunos de conceptos antes vertidos, sazonados con loas al Señor y la libre intervención de algunos de los presentes.

Habló de la necesidad de desintoxicarse consumiendo bicabornato de sodio, magnesio y limón. De tener el cuerpo limpio de impurezas y de defecar como lo hacen los indios, de cuclillas, que es la manera natural de desprenderse de las inmundicias que el propio organismo produce. “Trata de evacuar todos los días, mínimamente tres veces”, recomendómatizando sus escatológicos consejos con cantos mántricos (especialmente el OM).

Con los brazos en alto, esgrimiendo su bastón de mando, se refirió a la necesidad de tener siempre un buen calzado, para que la columna vertebral esté en su debido lugar. “Calza vuestros pies con el apresto de sanación”, dijo solemnemente ante la maravillada audiencia que, con sumo respeto, lo escuchaba.

 

―Usa dentro y fuera de tu casa el calzado que tenga arco plantar. Lo ideal es una zapatilla tipo trekking. ¡No esperes! El milagro de la sanación, si no llevas a cabo determinados cuidados no llegará. Debes beber agua cada día para que controle la presión arterial. El agua controla también la temperatura térmica (sic) del cuerpo. El agua purifica, limpia, ayuda a conservar los riñones. El cuerpo humano necesita el agua. El agua es agua. Debemos conservar el templo mediante una alimentación adecuada. Cuida la vesícula. Para conservarla es necesario beber dos litros de agua al día. No usar aceites en las ensaladas. No consumas frituras. No consumas pollo ni lechón. Elimínalos y saca todos los derivados del pollo y del lechón. Tienen una hormona que trae serios problemas al cuerpo humano.¡No pises con tus pies descalzos el piso frío! Evita enfermarte. Cuida tu cuerpo que es el templo del espíritu. ¡No salgas del baño sin secarte el cabello! ¡Toma el jugo de un limón por día para que se regenere la capa grasa del hígado!¡Fluidifica la sangre con bicarbonato y magnesio! Tenemos mucho por hacer, mucho. El Señor nos está asistiendo a todos nosotros en este momento.

“¡Gracias!”, se oyó exclamar a una voz femenina desde la oscuridad.

Seguidamente, Corsi continuó refiriéndose a los benéficos del magnesio. Se detuvo varios minutos insistiendo en que no se puede vivir sin él y que el cuerpo humano, aún siendo una máquina perfecta, requiere de cuidados. Volvió varias veces sobre los mismos consejos.

Me recordó un programa de Cormillot que solía ver televisión.

En determinado momento alguien se le acercó. Le dijo algo al oído. Corsi permaneció en silencio unos minutos y tras esa pausa, cubierta sólo por el sonido de los grillos, anunció que se habían robado un teléfono celular, imprescindible para la misión.

¡Era de no creer! ¿Acaso estábamos infiltrados por las fuerzas del mal?

Rogó que aquella persona que lo hubiera tomado lo devolviera. Que era una herramienta muy importante para todo lo que estaba haciendo, dijo.

Hacia el final de la ceremonia el teléfono apareció. Esa anónima alma se había arrepentido de cometer semejante desmán.

 

Llegó después el momento de presentar a algunos acólitos y, ante mi sorpresa más genuina anunció:

Tenemos esta noche presente a un amigo que todos, seguramente, recordarán con amor: ¡Margarito Tereré!

 

Levanté la mirada. Vero me observó asolada. Busqué en la oscuridad.

¿Margarito Tereré? ¿Qué demonios hacía Margarito Tereré ese lugar? ¿Cómo había llegado allí ese yacaré correntino de ficción de los años ’70? ¿Acaso en una nave? ¿Estábamos ante un reptiliano de cuerpo presente?

Un señor de avanzada edad se puso de pie y saludó. Corsi explicó que Margarito compartía la misión y que siempre lo acompañaba. Que acababa de salir de un problema grave de salud y pidió por su pronta recuperación y fortaleza. Acto seguido invitó a una acción mancomunada. Nos hizo poner de pie, tomarnos todos de las manos y formar una rueda alrededor de la estrella de cuarzo.

Uno de los presentes, al otro lado de la estrella y en semipenumbras, pidió la palabra.

No le alcanzaba a ver la cara. Lo único evidente era que vestía por completo de blanco.

―Maestro ―dijo elevando la voz―, quiero decirles que en este momento estamos rodeados y protegidos por seres elementales. Por duendes y gnomos. Por seres de la naturaleza que nos cuidan y expresan su alegría por esta reunión.

Una voz femenina expresó alegría.

Corsi preguntó si estábamos todos tomados (de las manos). Seguidamente invitó a respirar profundo varias veces y a pasar nuestra energía y potencial de la mano derecha a nuestro vecino inmediato. Inspiramos y exhalamos, “activando la sanación, la salud, la prosperidad y el equilibrio de toda la cadena”. En tanto los grillos seguían cantando.

 

Agradeció por la renovación de nuestro ser y por la posibilidad de concretar la misión que cada uno tiene en esta tierra. Elevó las manos al cielo y dio gracias de nuevo.

Una señora propuso cantar el Aleluya. “¡Qué lindo!”, exclamo Corsi y, seguidamente, se desató, a capela, la pieza litúrgica más desafinada y desincronizada que había oído en toda mi vida. Convengamos que no es fácil armonizar casi 90 gargantas.

Cuando aquel cántico terminó, el anfitrión volvió a referirse a los seres que bajaban en naves, agregando que no los podíamos ver. Que sólo es necesario creer, como se cree en Cristo y que hay que estar atento a sus pedidos. Que no sólo los profetas están en el mundo para hacer obras. “¡No camines, corre!”, exclamó embelesado por sus propias palabras. “¡Qué lindo es servir! ¡Qué lindo! Ojala que la próxima luna llena seamos muchos másQue la gracia del Señor esté con cada uno de nosotros”.

Amén.

Francesco y Francesca asintieron emocionados.

 

Nos volvimos a dispersar. La noche era extraordinariamente clara. La luna llena permitía, sin luz artificial, observar todo el entorno serrano. Saqué algunas fotos, mientras esperábamos al chofer que nos llevaría de regreso a Capilla.

Tuvimos tiempo de entrar en la casa desde donde se regenteaba todo el predio. La sede la Misión. Una vivienda humilde que se llenó de peregrinos comprando dulces artesanales y, por supuesto, decenas de bolsitas de magnesio venido de Israel.

A 120 pesos la pieza, resultaba un buen negocio.

 

Llegamos a las cabañas donde nos alojábamos cercana la medianoche. Estaba fresco. Prendí un cigarrillo y me quedé en el parque mirando las estrellas. Pensando…

 

 

 

Buenos Aires

Febrero 2020

 

 

 

 

 

 

[1] Véase del autor: Entre armonizadores, profetas y contactados. Disponible en Web: https://www.falsaria.com/2019/02/entre-armonizadores-profetas-y-contactados-nueva-experiencia-en-capilla-del-monte-%e2%80%952019%e2%80%95/

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