Mis páginas en tinta, mis noches en vela

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29 de mayo

Se tumbó la noche. Y encima la luna. Enredándose como dos cometas enamorados del viento. Se envolvieron finalmente la una a la otra. Jugaban, se acariciaban, se destrozaban…La luna se rompió en pedacitos quedando toda la noche estrellada.

La noche siguiente no se la volvió a ver. La noche la ahogó tan fuerte que perdió el sentido. Y ya no estaba a la hora cada noche para tumbarse de nuevo sobre ella. La noche no la echó de menos. Buscó otros astros, planetas, luces y farolillos, pero ninguno como ella. La noche lo sabía. Se conformaba con tenues destellos fugaces cada vez. Mientras, la luna seguía perdida. Buscando la oscuridad, se conformó desentrañando la suya propia. Y la divisó oculta. La otra cara de la luna. Así pues, se transformó y no supo nunca más como volver a ser la que era.

Sumida en su propia ambigüedad, la luna volvió a la noche. Y comparte y se divide con todo aquel que la quiera en su lugar. Hay noches que se la vislumbra tenue y misteriosa, pero ella hace un guiño de complicidad para hacernos saber que todas las noches sale para todos los amantes pasajeros que la buscan.

Comentarios

  1. Mabel

    31 marzo, 2020

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Ascension

    1 abril, 2020

    Muy bonito. La luna y la noche compartida por todos los que vivimos hoy en este mundo tan triste.

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