Noche de película

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—      ¡Hoy vamos a tener una noche de películas!

La cara de sir Kenneth era todo un poema. Matt tuvo que contener una carcajada de lo graciosa que le resultó la expresión del caballero.

Hacía solo una semana desde que se abrieron las puertas dimensionales y aparecieron en su vida el cristal y sir Kenneth o Kenny, como le gustaba llamarlo aunque al otro le molestara. También era una semana del extraño caballero instalado en su piso, desvalijando su nevera y destrozando su casi inexistente vida social, pero… no podía dejarlo tirado. Y le necesitaba para que reuniera los otros pedazos de la joya y así conseguir sacarle la que él tenia en el pecho.

En esa semana sir Kenneth había estado aprendiendo varias cosas de la vida en esa dimensión, entre ellas a usar algunos electrodomésticos. Y, aunque supiera que era la televisión y como usarla, no había visto una película moderna todavía.

Y ya era hora.

Matt preparó algunas palomitas en el microondas y buscó algo que ver mientras dejaba a sir Kenneth mirando embobado como daba vueltas la bolsa de las palomitas.

¿Qué debía elegir? ¿Acción? ¿Comedia? ¿Fantasía?

¿Sería demasiado chocante para él ver una de héroes?

Y, entonces, vio el título perfecto.

Puso la película, le dio al pausa y fue a buscar las palomitas y a su invitado.

—      ¿La princesa prometida? – preguntó el caballero, mirándole extrañado.

—      Es un cuento. Te va a gustar.

Mientras en la pantalla se iba desgranando la historia, Matt no quitaba ojo a sir Kenneth, disfrutando de cada expresión de su rostro.

No había duda de que el caballero estaba disfrutando de la película, viviendo cada aventura, cada contratiempo y cada dialogo de los personajes, observándolo todo con ojos brillantes y una sonrisa de placer en sus labios.

Esa era su película favorita cuando era mucho más joven, casi un niño y la había visto tantas veces que sabía los diálogos de memoria. Y, como cualquier fan de la película, había usado sus frases en más de una ocasión.

Ver ahora a alguien disfrutando de ella tanto como él lo hizo de pequeño le producía una sensación maravillosa. Sin darse cuenta, fue acercándose en el sofá al otro, hasta quedar hombro con hombro, con el bol de palomitas apoyado en sus piernas.

Tras La princesa prometida Matt puso algo más actual, empezando con la saga Marvel y Iron Man con la que sir Kenneth pasó más rato preguntando que viendo pero fue igualmente divertido. Se le veía igualmente emocionado mientras Tony Stark volaba en su traje por el cielo acabando con los malos.

Matt hizo más palomitas y, al llegar al sofá, fue obligado a sentarse por el brazo de sir Kenneth que le agarró de la cintura y le arrastró a su lado, quitándole el bol de palomitas en cuanto lo tuvo a mano.

Pero no le soltó de la cintura.

Matt miró la mano en su cintura, miró a sir Kenneth, el cual estaba concentrado en la pantalla del televisor y se encogió de hombros. Tampoco pasaba nada por eso, pensó. Mientras ninguno estuviera incomodo… y seguramente, la quitaría en un rato.

Terminada Iron man, Matt ya empezaba a tener sueño. Era casi media noche pero sir Kenneth estaba como un niño pequeño.

—      ¡Solo una más, por favor, sir Matthew! – Matt rodó los ojos.

—      Es Matt, no sir nada. Y no tenemos por que verlas todas hoy. Podemos ver más mañana. – al ver que el caballero hacia un puchero (¡En serio! ¿Qué clase de caballero hacía pucheros porque no le dejaban ver una película más?) Matt se ablandó. – Está bien. Una más.

Matt puso Thor y sir Kenneth casi salta de la emoción con las primeras escenas de la película, viendo las batallas, el castillo y todo el colorido reino de Azgar.

El chico sentía los ojos pesados, cansado como estaba por la hora y el largo día que había tenido antes y no se dio cuenta cuando los cerró y se quedó dormido.

Abrió los ojos cuando sintió una caricia en la mejilla, encontrándose con la mirada divertida del rubio. La televisión estaba apagada y la habitación a oscuras. Matt estaba recostado en el sofá con sir Kenneth sobre él. El chico se sonrojó por la postura.

—      Creo que es hora de dormir. – susurró Matt, no queriendo alzar la voz y romper la atmosfera de paz que había en ese momento. El otro le sonrió. Una sonrisa suave. – ¿No te parece?

—      Como desee. – el chico parpadeó, al reconocer las palabras de la película. Arqueó una ceja, divertido.

—      ¿Podrías hacerme un favor? Llámame, Matt, no sir Mathew. – el rubio no cambio la sonrisa.

—      Como desee.

—      ¿Y puedo llamarte Kenny? Sir Kenneth es muy largo. – el caballero soltó una risita. Seguían en la misma postura, con Matt bajo su cuerpo.

—      Como desee. – le contestó con la voz ronca.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose en la oscuridad y sin mover un músculo. Mil pensamientos pasaron por la mente de Matt mirando aquellos ojos azules, brillantes y llenos de emociones. Sintió arder sus mejillas, notando como el otro acercaba su rostro al suyo, quedando solo a centímetros.

Mañana podría decir que se dejó llevar por el momento, la oscuridad, las películas antiguas o locura transitoria. No era importante en ese instante. Mañana, ya vería como lo arreglaba.

En ese momento, solo tenia una petición, un deseo y esperaba recibir la respuesta que quería.

—      ¿Bésame? – susurró con la voz tan baja por la vergüenza que estaba seguro de que el otro no le había escuchado. Sin embargo, sir Kenneth sonrió, acercándose aun más.

—      Como desee. – le respondió sobre sus labios antes de besarle.

Fue un beso sorpresivamente tierno que el rubio no tardó en profundizarlo cuando Matt le invitó a hacerlo, cogiéndole de la nuca para acercarlo aun más. Reprimió un gemido al notar la mano callosa de sir Kenneth en su rostro, su pulgar acariciándole la mejilla con dulzura.

Al separarse, ambos tenían la respiración entrecortada y los labios hinchados. Aunque no lo reconocería jamás, se sintió decepcionado cuando el caballero se levantó, dejándole libre de su peso.

Matt se incorporó y se dirigió a su habitación, dejando que el otro se preparara para dormir. Le dejó allí, aunque su cuerpo y su mente le pedían a gritos que lo acompañara a la cama.

Pero ya había complicado las cosas con ese desliz. No podía complicarlas más aun por una noche de placer. Por muy bueno que fuera.

—      Buenas noches, Kenny.

—      Buenas noches, Matt.

Bueno, al menos había conseguido que empezara a llamarle Matt y no Mathew.

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    2 marzo, 2020

    Muy buen Cuento. Un abrazo Eva y mi voto desde Andalucía

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