¿Quién es más fuerte?

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Todo empezó con una tontería.

Más o menos como empiezan todos los líos. Con una tontería y por puro aburrimiento.

Hacía una semana desde que Kenny se uniera a Max y Nicky en su viaje, compartiendo habitación, comidas y espacio con los dos hermanos.

Resultó sorprendente para el león más viejo la facilidad con la que habían encajado los tres. Existía una extraña familiaridad entre ellos que era imposible. Imposible porque los conocía de solo unos pocos días pero… todo parecía funcionar para los tres.

Todo era fácil. Vivir, dormir, hablar, comer… no había discusiones relevantes ni diferencias irreconciliables y era la primera vez que encontraba dos personas con las que tenía tanto en común.

También había sido un poco sorprendente para él su aceptación sin apenas preguntas. Los dos jóvenes le habían concedido su confianza sin reticencias.

Hasta el punto de compartir algo más que palabras.

Kenny todavía seguía bastante sorprendido por el beso que Max le diera la primera noche. Y varias noches después, la situación se repitió. No podía negar que, a pesar de lo inesperado, fue algo muy agradable y bien recibido por su parte. Max era un león muy atractivo y con una personalidad que sacaba un lado olvidado de la personalidad de Kenny.

El lado que deseaba protegerlo y cuidarle y mimarle hasta el infinito.

Ese era un lado que Kenny consideraba muerto y enterrado tras el fiasco con Cody.

Pero otra faceta de su personalidad que también creía muerta y que habían despertado esos dos hermanos era su lado divertido. Le habían recordado que todavía tenía solo veinticuatro años y le gustaba jugar, como a cualquier león con su edad.

Y esa es la causa por la que se lía todo.

La cosa empezó de la manera más tonta. Viendo una película. Los tres comenzaron a discutir sobre quien de los dos protagonistas era más fuerte y si era creíble la victoria de uno sobre el otro. De ahí pasaron a lo personal y a Kenny se le ocurrió sugerir que él era el más fuerte de los tres. Eso provocó las risotadas incrédulas de los otros dos. Especialmente las de Max.

Especialmente, fueron las risas de Max las que más molestaron a Kenny.

El alfa en él no agradeció la burla. Ambos se enzarzaron en una discusión que fue subiendo de tono y que cortó Nicky de la manera más efectiva.

Si de verdad querían comprobar quien tenia razón, debían demostrarlo peleando. Pero no a puñetazos, si no con un combate a sumisión. La idea era comprobar cual de los dos era el más rápido y fuerte, Ganaría el primero en planchar al otro sobre la moqueta, con llaves y lo que hiciera falta. Nicky haría de árbitro ya que él no tenía nada que probar o eso decía.

Ambos aceptaron y empezó la pelea.

Para ser sinceros, Kenny debía admitir que la pelea estuvo muy igualada. Max era casi tan fuerte como él y le costó lo suyo hacerle caer, pero mantenerlo ahí quieto el suficiente tiempo para que Nicky hiciera la cuenta de tres estaba resultando casi imposible.

El moreno se retorcía y pataleaba, resistiéndose a pesar de no ser capaz de liberarse. Kenny no sabía como mantenerlo en el suelo y cada vez le estaba costando más y más sujetarlo. Así que le agarró con más fuerza de los brazos y apoyó todo su peso sobre el otro.

Funcionó solo un par de segundos.  Al instante siguió revolviéndose, incansable en su intento de ganar esa pelea.

Frustrado, Kenny pensó una solución y la única que se le ocurrió fue distraerlo.

Si conseguía distraerlo lo suficiente, meditó, podría mantenerlo en el suelo quieto para la cuenta de Nicky. Y así podría ganar.

Pero, ¿cómo? ¿Con qué argucia podría sorprender tanto al otro como para distraerlo de semejante manera?

Ambos estaban muy cerca, ya que Kenny se había inclinado todavía más para echar más peso sobre el otro, en su intento de inmovilizarlo.

Así de cerca y viéndole con el rostro enrojecido por el esfuerzo, el ceño fruncido en concentración y gruñendo su descontento, a Kenny solo se le ocurrió una idea.

Se inclinó un poco más y le besó.

Fue un beso casto, solo labio contra labio pero que dejó fuera de juego a Max, demasiado sorprendido para reaccionar.

—      ¡Uno, dos, tres! ¡Ganador, Kenny! – anunció riendo Nicky, desde la cama. El pequeño parecía estar disfrutando del asunto y no estaba nada sorprendido por los métodos empleados por Kenny.

Max, que seguía en el suelo con la boca abierta por la sorpresa, giró el rostro hacia su hermano y empezó a balbucear algo pero no terminaban de salirle las palabras. Kenny se incorporó, liberándole por fin de su peso y permitiéndole sentarse.

—      ¿Ves? ¡Yo soy el más fuerte! – Max le dirigió una mirada de molestia.

—      ¡Lo que eres es el más tramposo! Distraerme para ganar. ¡No es una victoria limpia! – Nicky rio, divertido con la situación.

—      Asúmelo, Max. Incluso sin eso, estaba ganando. No podías quitártelo de encima.

—      Si llego a saber que las trampas estaban permitidas, no me hubiera ganado. – protestó, enfurruñado.

Su hermano se levantó de la cama y pasó a su lado, revolviéndole el cabello para molestarle y se puso sus zapatos.

—      Bueno, el ganador elige la comida. ¿Qué vas a querer? – preguntó, dirigiéndose a Kenny.

—      Pizza estaría bien.

—      Pues pizza será. Volveré en un rato. No peleéis sin mí para hacer de árbitro. – bromeó antes de salir de la habitación, dejándoles solos.

Max seguía sentado en el suelo cuando la puerta se cerró y Kenny le ofreció la mano para que se levantara. Este la aceptó, aun mirándole mal y se incorporó.

—      Has hecho trampas. – le acusó, sin soltarle la mano. Kenny sonrió.

—      Todo vale en el amor, la guerra y las peleas de quien es el más fuerte.

Max le dirigió una mirada extraña. Para sorpresa de Kenny, el otro tiró de su brazo, haciéndole tropezar y caer de espaldas sobre la cama. Max no tardó ni dos segundos en estar sobre él.  Se sentó sobre su regazo, sujetándole los brazos contra el colchón.

El moreno se inclinó sobre él, con un gruñido bajo y ronco que erizó la piel del mayor. Los ojos celestes de Kenny se oscurecieron sin dejar de vigilar los movimientos del otro león.

—      ¿Y ahora qué? – le retó Max, con una sonrisa burlona. – Ahora soy yo quien te tiene bien sujeto y sin poder librarte de mí. – Kenny alzó la cabeza del colchón, lanzándole una mirada provocadora.

—      Me tienes a tu merced. ¿Qué vas a hacer conmigo? – Max se lamió los labios, con la mirada fija en la boca del rubio y este sonrió.

Aprovechando esa distracción, Kenny le sujetó de la cintura con las piernas y le hizo rodar hasta intercambiar posiciones, para fastidio del otro, que rugió molesto.

Kenny no perdió el tiempo fanfarroneando. Se inclinó y cogió del rostro al otro para besarle largo y profundo, soltando un ruidito contento cuando Max le permitió paso a su boca.

El rubio dejó su rostro para enredar los dedos en la larga melena de Max, disfrutando de su suavidad. Llevaba días pensando en besarle, deseando hacerlo.

Cuando Max le besó un par de noches antes, Kenny se sintió vivo por primera vez en años.

Vivo y feliz y excitado.

No encontraba palabras para lo que sentía en ese momento, con el otro bajo su cuerpo, respondiéndole al beso y a las caricias. Notaba el calor de su excitación rozándose contra su muslo, buscando más contacto.

Cuando, finalmente, se vieron obligados a romper el beso, ambos se quedaron mirándose en silencio, con la respiración agitada. Max tenia las mejillas sonrojadas, los labios rojos e hinchados y la mirada brillante y Kenny deseaba volver a besarle solo por lo apetecible que le parecía en ese momento.

Sin embargo, el ruido de un coche aparcando cerca de la habitación les alertó de que Nicky estaba regresando de comprar la cena. Acarició la mejilla de Max antes de incorporarse, dejándole espacio para sentarse en la cama mientras Kenny entraba al baño, a calmarse.

Necesitaba coger aire y tranquilizarse si no quería acabar arrastrando a Max de vuelta bajo su cuerpo, sin importarle si su hermano estaba ahí o no.

Cerró la puerta a tiempo de escuchar a Nicky preguntarle a su hermano porque tenía el pelo tan revuelto y por qué la cama estaba hecha un desastre.

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    26 marzo, 2020

    Muy buena historia. Un abrazo Eva y mi voto desde Andalucía

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