Tiempo

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Estoy sola, encerrada en la jaula que he construido: el color del papel con el que decidí dar rienda suelta a mi imaginativa artesanía, las estanterías colocadas a ambos lados, el jarrón que compré en el mercadillo abarrotado de aquella calle remota en París, las afiladas hojas de los libros amenazantes, apenas abiertos, recordándome las innumerables quejas de una llorona en apuros.

Me falta tiempo. Para parar las prisas y recordar las fechas.

Me falta tiempo. Para poder organizar la vida en un horario divertido de sociabilizar con el rinoceronte que habita en mi habitación y hace de mi ropa el caos absoluto. No soy yo la que coloca los zapatos alineados ni la que dobla las camisetas amontonadas por colores, texturas y sinsabores.

Me falta tiempo. Para advertir que la farola de la entrada a mi edificio ha sido cambiada, que puedo distinguir los cables que penden del cilindro o que puedo ver el pabellón desde mi ventana.

Me falta tiempo. Para poder verme en el espejo sin pudor, tocarme las heridas dejando que supuren. Parar la corriente continua de pensamientos, reflexionar, aburrirme, trazar el mapa de las ausencias y permitirme echar de menos.

Me falta tiempo. Para dejar de contar los minutos que cojo aire, monitorizar cada movimiento reduciéndome a una máquina que apenas come, trabaja y produce.

Me falta tiempo. Para poder perderlo sin más. Sin culpas emitidas por la conciencia, esa que dicta que la vida es solo eso: un amasijo de producciones ociosas, malabares ajetreados de cosas por hacer.

Me falta tiempo. Para llorar por medir el tiempo de caricias y susurros. Por lamentar no besarnos demasiado. Derrochar las manos para moverlas compulsivamente en el teclado y no sobre tu cuerpo. Hacer ruido en tu costado. Escuchar el sonido del silencio en tu vientre.

Me falta tiempo en la espera y, aun así, acumulo tarea, cansancio, desidia, prisa, en la quietud de un hogar irreconocible.

Entonces, he decidido acumular trabajo pendiente y deseos no cumplidos. Imaginar la orgía de la libertad del abrazo. Florecer en los quizá. Dejar de lado tanta obligación enclaustrada en una conciencia que me pesa tanto como el tiempo por compartir.

Comentarios

  1. Mabel

    30 marzo, 2020

    ¡Esas caricias que ahora no podemos tener y nos gustaría tanto! Un abrazo Nana y mi voto desde Andalucía.
    ¡Quédate en casa!

  2. Luis

    31 marzo, 2020

    Te superaste, estimada Nana, este texto me fascinó en especial, por mezclar todas tus »obsesiones» literarias y tus motivos: amor, desamor, decepción, ausencia, melancolía, etc. Un gran texto, en fin. Un abrazo y mi voto!

  3. The geezer

    31 marzo, 2020

    Qué gran descrpción de la vorágine de la vida, de los sentimientos…me encantó. Un abrazo!
    César

  4. Nana

    2 abril, 2020

    Querido @temor, gracias por tus palabras. La verdad es que hacía mucho tiempo que no me ponía a escribir. Cuando lo hice incluso me tomé la libertad de dejar fluir todo lo que pensaba sin más. Por eso es así de sencillo, simple, un poco como yo. Gracias por pasarte. Un fuerte abrazo 😉

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