Diacrónico y sincrónico

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Sincrónico.

Todo esto está pasando:

Las miradas furtivas, los roces secretos,

la cerveza oscura, la música que no nos gusta,

la dialéctica interpersonal que llega por escrito.

Todo lo que digo es usado en mi contra

usurpa mis costados, mis flancos y mi frente

cálida sensación que sonríe usando mi boca cual si fuera suya.

Mármol que se suaviza en la punta de mis dedos,

frío y rígido al exterior, cambia ante mi tacto, pasajero.

Horas vuelo que tienen mis manos entre otras manos

para recordar que aquí y ahora está pasando.

Quejumbrosos taxistas, luces pálidas de un edificio muerto,

la ciudad apesta al menos que esté dormida

pero cómo distraen las calles cuando alumbran color hueso.

 

Diacrónico.

Es la evolución de un evento.

Le quiebro el cuello al reloj y los minutos ya pasaron por mi máquina del tiempo.

Estoy en un cuarto con cortinas rojas,

no quiero irme, estoy cómodo y despunta el alba,

es tiempo pasado o ya pasará mañana,

pero recorto un fragmento por si llego a estar enajenado.

Siento piel y no mármol,

figuras, sombras, caricias, besos:

fue la evolución de un encanto.

Mis dedos naufragan en un cuerpo

mi pecho tiembla, explota. Estoy tranquilo, no estoy mintiendo.

Tengo miedo y estoy seguro, vivo en uno solo diferentes tiempos.

 

Despierto y no sé si fue un sueño,

el techo es el mismo pero siento otro cuerpo.

No dormí, solo descansé el alma y registré el momento,

uno nunca sabe cuando se cruzan los vientos

y se disparan ideas nuevas,

con ellas vienen los miedos

y con estos llegan los cambios.

Es natural, al menos eso pienso.

 

Ya mañana vuelve a ser marzo,

justo como ayer terminamos otro marzo,

yo no sé la próxima semana

cuánto hará que el mismo mes no cambia de calendario.

 

¿Qué pensaba, qué decía?

¿Qué pienso, qué hago?

¿Qué pensaré, qué haré?

Ves que no es mentira, yo vivo al mismo tiempo

tres días en tres horarios,

tres vidas pero solo un cuándo.

 

Diacrónico y sincrónico

como un cruce de caminos que dividen una carretera,

el tiempo me lleva y me traslada

es un autobús que llega muy temprano,

de repente están reparando el camino

y creo que la calle no parecía estar dañada,

siento la necesidad de bajarme del autobús

y quitarme en plena noche la presión de la mirada

y me sacudo un poco las dudas que nacen

y viajo de nuevo a un lugar lejos del cruce,

de esas reparaciones que creí no hacían falta

pero atrasaron un camino que quizá no estaba listo para ser transitado.

 

Las luces siguen pasando.

No hay nada mejor que viajar de noche y confundir paisajes,

ahora se ve un árbol de raíces grandes y ligero follaje,

otrora un camión que nunca llegará a ninguna parte

con la dificultad de mover cosas muy grandes

reviso mi equipaje y me doy cuenta que no tengo ninguno

más allá de lo que yo mismo cargue.

Las luces siguen pasando y yo me acerco a ellas por ratos,

me dejo llevar y floto; cuando despierto estoy sosteniendo manos

y entonces convoco a la gravedad,

mis pies deciden que es mejor mantenerse firmes

preparar mejor el salto,

y esperar en la carretera, o simplemente al lado,

las reparaciones de ese cruce que reúne dos tiempos en un mismo rato.

 

La sincronía siempre está pasando.

No es tan sano negarle su existencia

admitir que existe y con ella un mosaico

de horas, minutos y desvaríos de psiconautas

de esos que caminan entre ideas y a veces entre calles,

tal vez entonces se comprenda porque su constancia

se concibe entre tantas pautas.

La diacronía no siempre pasa al mismo tiempo,

sin embargo, existen otras noches

que desdibujan otros eventos,

evolucionan introspectivamente

hacen creer que un mismo cuerpo

puede vivir dos veces un mismo incierto,

insatisfecha la pregunta de cuántas veces voy a pasar por esto,

lo diacrónico se vuelve sincrónico

y la carretera unifica las imperfecciones y los cruces

y vuelvo a tomar el autobús que me lleva no sé adónde

y ya no siento que me alejo

o que vivo distintas vidas y en distintas partes.

Pero tal vez hay luces en las calles,

efímeras como tiza en el aire,

y tal vez no hay un tal vez,

solo sombras y poemas escritos con esa tiza que se pierde

cual si no importaran sus colores en el aire.

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