Diario poético #3

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El mar es hermoso y perfecto, por estar en él he entrado en esta jaula. Quisiera ser como él, ir por el mundo sin rumbo. Yo no quiero tener un rumbo en la vida porque quiero vivirla. Si digo que sí, mi cuerpo dice que no, y si digo que no, mi alma dice que sí. Asi que como siempre, me encuentro retándome día tras día, y segundo tras segundo peleo conmigo misma, y al parecer el lado bueno del sí o del no, no ha ganado aun.

Ese día decidí que debía desaparecer como siempre lo hago, mi cuerpo ya está acostumbrado. Tome por costumbre la decisión equivocada, y lo conocí, pero fue un día como nunca. Me hizo feliz, gracias a su cultura tan chocante como la mía, supimos que no éramos los mismos en el tiempo de aquel lugar. Siendo así, corrimos hacis el mar, lloramos, reímos y fuímos felices.

Cuando me sentí aturdida y vi lo que podía ver, quise conocerlo, y todavía lo recierdo. Amigos y enemigos, ese día confirme que la fidelidad no existe y que el mundonse mueve por hipocresia. Aunque alguien me cuida, en el aquí y en el allá…. ese día sentí morirme y le dije a ella que no me quería morir, me sentí como nunca, derrotada, sentía que de allá me llamaban pero mi corazón de lo rápido se cansaba y mis venas casi estallaban.

Le dije: ‘¿tú sabes que es tenerlo todo y a la vez no tener nada?’… y me dijo que no llorara, me hizo sentir feliz ese día. Pero no siento ilusiones, ya olvide que son. Bailaba como loca, sin darme cuenta que en mis vueltas me enredaba en el mundo que ya me pesaba. Me pesaban los dedos y las orejas, se dormían mis piernas y brazos, mientras mi boca solo bebe amor, siempre, siempre, siempre, solo amor… en fin, quiero darle las gracias por que quiso hacerme suya, porque me recordó mis tiempos de niñez, por jugar conmigo, por balancearme y columpiarme frente al mar, fue lo mejor, una sensación que me desbordo el corazón, pero el alma no estaba conmigo, y si ella no está, nada es verdad.

Seguimos corriendo entrelazados de la mano, en medio de los carros, y nos sentamos a ver el mar y las estrellas, a sentir el viento, y con un cigarrillo le dije: ‘lo siento’ y corrí, corrí sin parar, corría pérdida sin rumbo, corría sin mí porque yo no estaba.

Regresando donde empecé, me encontré con la realidad, mi cuerpo hecho pedazos frente al mar, mi mente en otro lugar y yo por supuesto, logrando encontrar el equilibrio de la felicidad. El mar me da un poco de paz, me devuelve de a poco el alma y me quita las depresiones con las cuales me acostumbre a vivir, y sin las cuales me siento extraña en mí, de las cuales aprendí que la suerte del día no es la suerte de la vida…

La habana, Cuba

27 de diciembre de 2017

11:37 pm

Comentarios

  1. Mabel

    29 abril, 2020

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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