El suicidio de Brayan Hernández Ulele

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–Quiero que sea auténtico –dijo Lucas, el director del teatro “Komoidía”, a su querido amigo Otoniel que esculcaba el teléfono sin prestarle mucha atención.

Lucas, con cierto enfado, dio unos cuantos pasitos hacia delante, bien medidos, evitando, sobre todo, pisar las surcos grises que cuadriculaban la cerámica; levantó su lindo culito y le echó una mirada de fuego a su productor creativo. Siguió:

–Sabes, me estoy cansando de eso que los americanos llaman fake news, de la futilidad de las poses y, más que nada, de la trivialidad con que se ha apoderado del teatro moderno.

“Odio, sobre todo, a esas obras plagadas de estúpidos clichés, “románticonas”, gastadas hasta la saciedad y que se hacen pasar por “comedias”, con su estúpido héroe sufriendo por todo el camino, su imbécil rival incapaz de anticipar sus pasos y la no menos incompetente mujer que es inútil de salvarse a sí misma, para terminar estúpidamente con un ‘felices para siempre’.

Hello, fake news, fake poses, fake literature!

“No seguiré ese camino. Volveré al abecé del dramatismo. Mis personajes no serán más títeres del destino. Serán dueños de sus propios actos. Será un nuevo nivel conciencia.”

–Pero, Lucas, ¿te estás escuchando? –dijo arrugando la cara su amigo el dramaturgo, molesto por la interrupción de la lectura–. Lo que pides es imposible.  Desde que Aristófanes fundió el molde, nada se ha podido cambiar.

Lucas bajó de un salto del escenario, sonriendo plenamente. Le quitó el celular a Otoniel y se lo guardó en una bolsa de la chaqueta.

–¡Tengo en mis manos la perfecta obra de teatro que lo cambiará todo!

–Amigo, ¡qué dices!–le respondió Otoniel, al principio con temor, pero luego, gradualmente, al contacto de sus ojos y de su dulce sonrisa, se vio apoderado por un nuevo entusiasmo.

Lucas se acercó a Otoniel, lo abrazó y le dio un beso en la frente.

“Aún no estás tan feo, amigo”, bromeó. “Puedo percibir tus feromonas”

–¿Qué te traes? –lo inquirió Otoniel.

–Sígueme a los balcones.

Ambos caminaron cuesta arriba por el pasillo del viejo teatro hasta llegar a los miradores. Desde allí, Lucas, señalando al escenario, comenzó a explicarle su plan como si fuera un iluminado.

–La obra se llamará “El Suicidio de Brayan Hernández Ulele”.

–Continúa, continúa –le pidió Otoniel.

–Imagina a un hombre corriente que cree que todo lo que es falso es real y lo que es real es falso. Va convencido por la vida que sus valores éticos, religiosos y morales son verdaderos y que nada después de ellos son ciertos.

–¿Podrá existir un hombre así en este mundo? –preguntó Otoniel con tono ingenuo–. Sería algo perverso y depravado de contemplar.

–Dejame terminar –pidió Lucas abriendo los ojos.

–Sólo imagina a un hombre que crea que tener el último automóvil, el último teléfono o el último departamento sea un símbolo de éxito.

“Alguien que piense que es una estrella de rock y que tenga, inconscientemente, un gran complejo de inferioridad.

“Alguien que no pueda vivir sin publicar sandeces en Whatsapp, Facebook, Tik tok o Instagram.

“Alguien que crea que ser albañil es el peor crimen del mundo, que crea que ser un artista u oficinista es lo mejor que le pueda pasar al ser humano.

“Un estúpido que jamás se levantó de la silla, pero que, gracias a un video o un anuncio de Youtube, renuncie a su empleo y se “entregue a su sueño” de emprendimiento sin la mínima preparación requerida.

“Un imbécil que no pueda descansar ni en su propia casa, sino que, influenciado por las películas de Hollywood, de por cierto que solo comprando el tour de viajes más barato se puede ser feliz.

“Me refiero a ese memo que cree que únicamente su comodidad importa, que grita sin pena que se joda el mundo y se vanaglorie por ello, ese mismo que cuando las cosas van mal solo hable de Jesucristo, y que para todo diga

“Amén” y que tome las “Escrituras” de extranjeros del lejano desierto como suyas y a sus dioses como propios, que sepa discriminar por religión, color y estatus económico, que crea ciegamente en un líder xenofobico, mentiroso y oportunista…”

–Espera, espera –lo detuvo Otoniel de presto–. O sea, tú describes a una sociedad distópica…

–Amigo, amigo –lo reprendió Lucas –, no comas ansias.

Otoniel tomó asiento; su rostro empezó a ponerse amarillo y tenso.

–No he llegado a la mejor parte todavía –dijo Lucas riendo macabramente.

–¡Dios mío! –exclamó para sus adentros Otoniel.

–La obra consistirá en que ese memo, esa persona real, de la calle, no un actor, ¡se suicide enfrente de la audiencia!

–¡Por Dios santo, Lucas! –gritó espantado Otoniel–. Estás enfermo.

Lucas se lanzó una gran carcajada.

–Calma, calma, amigo –lo aplacó tomándolo de la mano–. Nosotros no lo obligaremos; este hombre, que es la negación de la negación de la vida misma, lo hará por sí solo.

–Esto es un crimen.

–No; es un suicidio. No hay consecuencias legales para nosotros por ello.

Luego suspirando en tono serio, agregó:

-Te pido, por un momento, que dejes los constreñimientos morales a un lado.

“Solo imagina los titulares del día siguiente, con un foto tuya en primera plana:

“LA VIEJA COMEDIA HA MUERTO.

EL TEATRO MODERNO HA NACIDO.”

Lucas cruzó la pierna izquierda sobre la derecha para encender un cigarrillo. Se sabía guapo y sensual.

–¿Te animas? –le preguntó a Otoniel con la mayor de las seriedades.

Otoniel todavía tenía la vista puesta en el domo del teatro. Se volteó para verlo con una gran sonrisa.

“Hecho”, dijo. “Gracias por esto, amigo mío. Gracias por encender la llama.”

Lucas se levantó de la silla y se ciñó los pliegues del saco; le tendió la mano a Otoniel para despedirse. Éste se la apretó con confianza y hasta agradecimiento.

“No te preocupes por el libreto”, dijo Lucas.

Mientras se alejaba le dijo que la presentación de la obra sería el Domingo de Resurrección próximo. Por la mañana, Lucas se reunió, como siempre, con el cuerpo técnico y les explicó, sin mencionar lo del “suicidio”, los detalles escenográficos requeridos para la puesta en escena. Ya el viernes todo estaba listo.

El bello Otoniel, por su parte, confiado en las palabras de Lucas, dejó en manos del regidor y el escenógrafo el arte y la técnica del espacio escénico. Conocía a fondo la genialidad de Lucas y su gente, con quienes llevaba una década de triunfos y fracasos. Se encontró a Lucas tras bambalinas, vestido de ejecutivo y con un micrófono de diadema.

–¿Qué haces? –le preguntó extrañado–. ¿Por qué estás vestido para entrar en función?

Lucas lo vio a los ojos: aunque Otoniel los tenía apagados por costumbre, los suyos espejeaban.

–Es menester que dirija en tiempo real –le contestó, moviéndose como en un péndulo–. ¿Lo recuerdas? Es una obra moderna de teatro, amigo. El guión irá escribiéndose en vivo y en directo sobre la marcha y en el escenario. Nada es prefabricado. Todo ocurre como en la vida misma, en el vivo presente y en la viva expectativa.

Otoniel quedó paralizado. Pudo ver que en el centro del escenario había una gran guillotina que ostentaba orgullosa su filo y brillantez. El auditorio estaba a reventar. No cabía ni un alma más. La obra iba encaminada al éxito rotundo.

–¿Dónde quedan mis créditos? No he participado en ninguna de las preparaciones.

–No te preocupes, amigo. Tú eres un genio nato. Lo tienes todo. No te abandonaré. Ven, sígueme, si es que realmente has nacido para ser parte de la historia del teatro contemporáneo. Si no quieres, tampoco te preocupes, amigo –dijo Lucas, esta vez aprestándose para abrir el telón.

–Pero… pero no es justo –musitó Otoniel.

Comenzó a impacientarse; aquello sí era injusto; él, que había logrado tanto renombre en la industria, él, que había sido reseñado por las más grandes autoridades del mundo, ahora era cogido desprevenido y sin encanto. ¿Cómo se atrevía Lucas a hacerle tamaño atropello?

Otoniel aceptó su destino: la gloria.

Agarró a Lucas de la mano y saltó con él al escenario. La gente los ovacionó de pie por unos cinco minutos.

Había comenzado.

Un molesto estribillo comenzó a sonar y pronto dejó perplejo a Otoniel; miró hacia todos lados, desconcertado, en busca de la presencia de Lucas, para que éste le explicara lo que sucedía; pero en cambio recibía aquella música maldita, que se repetía una y otra vez en sus oídos, hasta joderle el cerebro:

“’Cause the players gonna play, play, play, play, play
And the haters gonna hate, hate, hate, hate, hate
Baby, I’m just gonna shake, shake, shake, shake, shake
I shake it off, I shake it off
Heartbreakers gonna break, break, break, break, break
And the fakers gonna fake, fake, fake, fake, fake
Baby, I’m just gonna shake, shake, shake, shake, shake
I shake it off, I shake it off…”

Lucas reía a carcajadas en el fondo.

–¿Pero qué putas? –le gritó Otoniel envuelto de ira–. ¡Me estás convirtiendo en un hazmerreír!

Luego levantaron una cortina y aparecieron unos estúpidos jóvenes esculturales sentados en sillas y sobre una piscina, que no hacían más que haraganear y seguir idiotizándose, haciéndose bromas de mal gusto.

“Oye, perra Snooki, tú sí que eres súper, eres una máquina del sexo y las borracheras, eres súper, eres súper…

“Mira, Paul D, a que no te metes tres líneas de cocaína y una botella de tequila por el culo y al mismo tiempo, ¿eh?.”

–¡Pero qué putas! –volvió a gritar Otoniel; luego tropezó con una vitrina. Otra cortina se levantó:

“Maldita sucia de Kim K, eres una puta, lo digo yo que soy tu hermana Klhoé, la comepijas de negros. Mi padre es un marica ¿y qué? Es el mejor jugador de tenis del mundo. Todas son unas perras…”

El pobre Otoniel iba retrocediendo mientras el auditorio le lanzaba grandes carcajadas. Un solo de guitarras le sacó un grandísimo susto mientras sonaba la siguiente letra encima de un grupo de jóvenes afeminados que hablaban nonadas en una cafetería:

“We’re on breaks! Oh my God, Rachel!
“So no one told you life was gonna be this way
Your job’s a joke, you’re broke, your love life’s D.O.A.
It’s like you’re always stuck in second gear
When it hasn’t been your day, your week, your month
Or even your year, but
I’ll be there for you (when the rain starts to pour)
 I’ll be there for you (like I’ve been there before)
I’ll be there for you (‘cause you’re there for me too)…”

Otoniel nuevamente le gritó a Lucas:

–¿Por qué me haces esto? Yo siempre te fui leal. Hice lo que me pedías. No merezco esta humillación.

Lucas le señaló con el dedo que tuviera cuidado porque una pantalla bajaba con tremenda rapidez. Tenía forma de teléfono. Una página del tipo de Facebook aparecía reflejando las siguientes publicaciones:

“José Castellón – Grupo Españoles de Valencia: Se requieren 40 mil hombres de VOX para que recojan naranjas en los Campos Valencianos.”

Silvia Aquimendia – Grupo Latinos en USA: El remedio contra el coronavirus, fácil, practico y sin gastar un sentavo. Agarra una bolsa de sal y as gargaras con ella. Los sientificos an descubierto que el virus se aloja en la garganta. El doctor Pedro Torres de la Universidad de San Carlos de Lima, a echo un descubrimiento maravilloso y que no le costara dinero al mundo: aser gargaras de sal. Aslo tres veces al día y luego nos cuentas tu experiencia en los comentarios.”

“CNN – Breaking News – 10 febrero 2020 – El presidente Donald Trump dijo hoy que el COVID-19 era “una gripecita y que mucha gente cree que el virus se irá en abril, cuando llegue el calor. Nada de qué preocuparse”.

“Fox News – Breaking News –  8 de abril de 2020 – Hannity Show – Ante los más de 14 mil muertos y 400 mil contagiados, el presidente Donald Trump tiene la razón de acusar a la OMS de no haberle advertido en febrero que el virus chino era una amenaza real para el pueblo americano. Está en la obligación el Presidente de no financiar más a la OMS, la que hoy por hoy es una aliada de China.

“Ruperto Mármol –  Grupos de Hondureños en España – Amigos, compatriotas. Busquen de Cristo que es el unico que puede salvarnos de este mal del demonio. Oren doce veces este salmo 91 y Cristo hará la obra de sanación. Aslo con fe: 1 El que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente. 2 Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en él confiaré. 3 Y él te librará del lazo del cazador: De la peste destruidora. 4 Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad. 5 No tendrás temor de espanto nocturno, Ni de saeta que vuele de día; 6 Ni de pestilencia que ande en oscuridad, Ni de mortandad que en medio del día destruya. 7 Caerán á tu lado mil, Y diez mil á tu diestra: Mas á ti no llegará.
Comparte este post 15 veces entre tus amigos y en menos de media hora un milagro que esperas ocurrirá. Si no lo haces, tendras siete años de mala suerte.

“Giovanna Benitez – Grupo Mexicanos en Canada – ULTIMA HORA! FBI DETIENE AL CREADOR DEL VIRUS CORONAVIRUS, EL CIENTIFICO NORTEAMERICANO CHARLES LIEBER, QUIEN fue el director del departamento de biología química de la Universidad Harvard, especializado en nanociencia entre los años 1991 y 2011. En 2013 se convirtió en un ‘Científico Estratégico’ de la Universidad Tecnológica de Wuhan (WUT) participando en el programa ‘Thousand Talents Program’ (El Plan de los Mil Talentos), uno de los planes de reclutamiento de investigadores extranjeros de manera oculta.The New York Times’ publicó que el científico americano recibía cada mes hasta 50.000 dólares como salario y 150.000 al año en calidad de gastos por parte de la Universidad de Wuhan. También recibió un millón y medio de dólares de la universidad china y del Gobierno de Pekín para construir un laboratorio en Wuhan. A la vez, su equipo de investigación en Harvard había recibido 15 millones del Instituto Nacional de Salud norteamericano (NIH). SE ESTIMA QUE EL CORONAVIRUS MATARÁ A 54 MILLONES DE PERSONAS EN EL MUNDO.”

Otoniel cayó redondo de horror en el escenario. Otro estribillo siniestro comenzó a sonar:

“Oh, woah, Oh, woah
You know you love me, I know you care
Just shout whenever, and I’ll be there
You want my love, you want my heart
And we will never, ever, ever be apart
And I was like
Baby, baby, baby, ooh
Baby, baby, baby, no like
Baby, baby, baby, ooh
Thought you’d always be mine, mine…»

El auditorio, creyendo que aquello era parte del show, arrancó a risas con mayor fuerza. Otoniel parecía no aguantar más. Era como si Dante hubiera bajado una vez más a los círculos del infierno.

Enseguida empezaron a poblar el escenario figuras holográficas de Trump diciendo que los mexicanos y los latinos eran unos criminales y violadores, de Justin Trudeau vestido ridículamente al estilo indio, de Pedro Sánchez maquillado como una momia, de Manuel Lopez Obrador llamando a los mexicanos a salir a los restaurantes durante la pandemia, a Daniel Ortega escondido, a Maduro mencionándole la madre a la clase política de Estados Unidos, a Jair Bolsonaro siendo bloqueado por Twitter por decir que como él era un atleta no le temía al coronavirus y que como los brasileños era unos «chucos» que se habían criado buceando en medio de las alcantarillas tampoco le temían, al inválido no de piernas sino de cerebro de Lenín Moreno que no solo traicionó a su amigo sino que a su pueblo dejando que los cadáveres de su gente se pudrieran en las calles, de Xi Ping saliendo victorioso como un dirigente capaz y en control de las peores situaciones que le puedan ocurrir al país más poblado del planeta. Todas estas imágenes se mezclaban con otras de unicornios y anteojos rosados, de hombres y mujeres teniendo sexo, de cientificos gritando eureka, y por último de la cara de Mariano Rajoy diciendo:

«Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor…»

Entonces Otoniel vivió una epifanía:

“Eres un puto idiota. Y no has hecho nada para remediarlo. Niegas la negación de lo negado. ¡Idiota!”

No había por qué hacer más larga aquella obra dramática. Estoicamente, corrió hacia la guillotina, se paró de frente y jaló la palanca para que soltara la hoja.

Fue un corte limpio.

La gente al inicio se espantó de ver la cabeza de Otoniel rodar por el suelo envuelta en sangre. Por un minuto el teatro se llenó de un silencio funesto.

Pero luego estalló en aplausos y júbilo.

Lucas aparecía sonriente, señalando burlonamente aquel cráneo manchado de rojo; tomó aire para los pulmones y gritó con orgullo:

“¡LA VIEJA COMEDIA HA MUERTO!

“¡EL TEATRO MODERNO HA NACIDO!

«La obra de teatro perfecta. Sangrienta. Pero real. ¡Un gran aplauso, señores!»

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