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El cielo describe formas confusas, jugando con las nubes como si fuesen la imitación de un espacio tridimensional demasiado aburrido, una mueca reflejo terrenal. Yo persigo incesantes ideas que discurren por el panel conformando dudas. Unas masticadas entre dientes, otras creadas con las lágrimas que no consuelan los porqués. Lamo las heridas hasta hacerlas brotar de nuevo, hasta reconstruir la carne podrida, la sangre que se derrama por todo el cuerpo de la historia. Si no duele, no importa. Si no importa, se deshecha. Si se deshecha, se olvida. Si se olvida, muere. Si muere, todo lo que provocó, las construcciones, las ruinas, las sonrisas, caerán en el abismo. Bastan mis uñas para empezar de nuevo.

Así que, no importa cuantas veces levante el puño, ni cuantas caricias se viertan por mi rostro. El resultado sigue siendo el inquietante murmullo en mi oído. Como una conciencia demasiado deshilachada, que se resquebraja en el instante que sale a flote. Graves aullidos de ausencias. Palabras ininteligibles pero acuciantes, que reposan unos instantes en mi paladar. El sabor amargo despierta el hilo que conecta con mis otros sentidos y, entonces, sufro el rechazo de esa atmósfera que se instaura a mi alrededor. Intento huir de acechantes promesas, de ojos que se posan en mi frente, de juicios que implican dejar de lado ser yo y convertirme en una caja de pegatinas brillantes. De alucinantes sensaciones o de silencio rellenos de intenciones. Convertirme en un paradigma de mis propias alucinaciones. Etiquetas que me destruyen para rehacerme de un modo artificial en la mente de otras personas. Entonces, esas etiquetas cortan mis miembros, y cada articulación termina en un cajón diferente donde por un lado descansan la amabilidad, la comprensión, la pasión y la inteligencia, por otro lado descansan la estupidez, la nimiedad, el rechazo, lo grotesco… y nada de eso es ya parte de mí, ni de nadie…tan solo un reflejo de las carencias ajenas.

Pertenezco a un tiempo limitado, a una lejana ventisca que se posó en los labios. Pertenezco a la poca importancia y al olvido infinito. A una pared blanca, a la imputabilidad y la misericordia. Es tan difícil marcar las líneas que me dirigen, sin embargo, demasiado fácil y sutil, desdibujar cada vértice y lado. Escondida en el cuadrado que me protege, a veces haciendo escudos con nudos de plata, otras blandiendo espadas que apuñalan antes de preguntar. Podría bajar la guardia, saciar la curiosidad o simplemente descansar, pero prefiero herir hasta la muerte, desfallecer en el terreno de lucha, lucha invisible, alejarte sin más para que no vuelvas. No te resistas. Jamás podrás entrar. No saldré de ninguna de las cárceles de espejos donde reflejo, una y otra vez, todas tus respuestas. Donde no me comunico con nadie, simplemente, hago sonidos emitidos que recobran sentido con tu propia percepción. No me perdones, no tengo culpa. No quiero palabras, ni hechos. No quiero absolutamente nada de lo que creas que necesito, de lo que quieres que necesite. Hay más en mí de lo que podrían abarcar tus ojos. Hay más de mí de lo que podría mostrar una vez que se desatan en mí las fieras. Si mis labios no se mueven, si parece que perezco, no creas que me estoy muriendo, simplemente vuelvo a renacer en el olvido, de nuevo, tras la espesura de la niebla blanca, cuando nada te permite distinguir el viento de tu propio aliento.

Comentarios

  1. Luis

    5 abril, 2020

    De los mejores que te leí, un saludo Nana y mi voto!!

  2. Mabel

    5 abril, 2020

    Muy buen relato. Un abrazo Nana y mi voto desde Andalucía

  3. Vladodivac

    6 abril, 2020

    Hola Nana, ya no suelo comentar apenas ningún escrito, pero no podia dejar pasar el tuyo, no voy a darte ninguna razón del porqué y el como y todo lo demás que se suele decir a veces por quedar bien, solo puedo, no, solo quiero decirte que me gusta, esa palabra que a todo escritor nos sabe al manjar mas exquisito. en estos días en que mi moral esta por los suelos y mi valoración de la raza humana deja mucho que desear, me gusta leer un texto como el tuyo, un texto que habrá la espita de mi corazón y me claree las venas de la sien, para poder plasmar mis sentimientos en un papel sin que la rabia y el odio desdibujen la sonrisa que trato de dibujar con mi pluma en la superficie blanca del folio, un abrazo Nana, por si los caminos que recorremos nos hacen coincidir algún día.

  4. Nana

    6 abril, 2020

    Querido @temor, no estaba muy segura de publicarlo por lo extraño y confuso que podía resultar, pero es agradable ver que alguien puede entender la marañana de percepciones de un día un poco nublado. Gracias por pasarte. Un fuerte abrazo 😉

  5. Nana

    6 abril, 2020

    Querido @joaquin-pintanel, he leído tu comentario unas cien mil veces, pero seguramente ya habré perdido la cuenta. A veces es difícil cambiar el lado con el que vemos las cosas y más cuando estamos bajo circunstancias en las que nuestra mente no puede ser aireada. Espero que la pluma no te abandone, a mí me ayuda, a encontrar un poco el sentido a este caos o a creer que no me he perdido del todo.

    Un fuerte abrazo 😉

  6. The geezer

    8 abril, 2020

    He leido esta poesía tuya dos veces, murmurando, perdiéndome y encontrándome, y me he dado cuenta que justo de eso se trataba, de esa escurridiza meditación de la conciencia o qué se yo…se me escapa también!! pero qué bien lo reflejas, eso es lo genial. Enhorabuena
    César

  7. Distópiko Patroclo

    14 abril, 2020

    @basin-of-attraction ,
    para ser una confesión en un día nublado, veo muchos claros. He conectado especialmente con ese espacio donde las respuestas viajan en un eco infinito. Me ha gustado, gracias por compartirlo

  8. LdiegoV

    17 abril, 2020

    Me encantó, lo tuve que leer en voz alta y apropiarme del texto. Gracias por compartirlo.

  9. Ignorant.Walking

    29 abril, 2020

    Joder, qué bueno! Tiene un ritmo tremendo. La gente que tenéis esa capacidad de ir enlazando ideas, imágenes y frases llenas de contenido, y que además resulte fluido y «bello», me dais una envidia tremenda 🙂

    Muy buen texto, realmente bueno.
    Un saludo!

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