Siendo yo un niño de unos 8 años, mis padres se separaron y mi madre compró una tienda de abarrotes situada en la esquina de la casa que arrendaron. Se llamaba la Maravilla y tenía dos entradas: una por la calle de Cóporo y la otra por la del Chiquihuite. Era de una planta y sus puertas eran de madera pintadas de verde milite. Había un mostrador amplio de pared a pared y sobre él una vitrina para mostrar el pan. En la esquina frontal se ubicaba el enfriador de las sodas y la leche fresca. Era el sitio más concurrido. El piso de entrada era de mozaico cepia y el de detras del mostrador era de duela, suave y chirriante. Remataba este frente un gran anaquel de madera natural hasta el techo con muchos compartimentos para mostrar la mercancia que allí se guardaba. Una sola puerta daba entrada a la casa habitación del lado sur del anaquel, de forma que mi madre y nosotros 4 podiamos pasar hacia adentro.
La tienda fue un éxito. La curiosidad inicial atrajo muchos clientes: unos ciertos, compraban lo que requerían,y otros, como dice la gente, iban a enchinchar, a ver qué chismes u ofertas trinqueteaban, pues mi madre era una mujer afable, simpática y platicadora. Suficientemente atractiva para llamar la atención de zanganos y curiosos bebedores de sodas y compradores de cigarrilos. Nosotros, los 4 hijos, nos engolosinamos con los dulces y los refrescos, de forma que mi madre no tenía que dedicar mucho tiempo a preparar las comidas: todo salía de la Maravilla. Tal vez solo la carne para los guisos, que le llevaba un carnicero de la cuadra y las verduras y frutas que se vendían en la verduleria de la esquina del frente. Todo era Jauja en nuestra nueva casa y todo era juego alrededor de la tienda, por la que entrabamos por una puerta… y saliamos por la otra, con alguna golosina para la escuela.
En el interin mi madre empezó a crear un círculo de parroquianas que iban a buscar su amena charla: le contaban sus cuitas, le consultaban sus pesares, amores e inforunios, quitándole su tiempo de atención, lo que provocó el alejamiento de los clientes. Porque también esa palomilla, al entrar en confianza, empezó a pedir mercancia a crédito, cosa que se hizo perniciosa, menguando ventas e ingresos para pagar las facturas. Total, que la mala vibra llegó con la queja de varias persignadas que empezaron a difundir que allí, la patrona de la Maravilla, se dedicaba a endoctrinar solteronas y divorciadas, en el arte de seducir a sus maridos, de ellas, las chismosas, y como en toda comunidad de barrio, temerosa del qué diran, empezaron a infamar a doña Tere.
El colmo fue que su hijo mayor, el Orticito, empezó a saquear la alcancía en donde su madre acumulaba las ganancias: puras modedas de plata de 25 centavos (USD) en un bote de lata que desapareció misteriosamente del tejaban de su recamara. Obviamente, este hurto llevó a la ruina el negocio de la Maravilla, que acabó cerrando y perdiendo el valor de «traspaso» por la insolvencia en la que acabó y la impericia de la patrona, la golosineria de los hijos y la maledicencia del Barrio.
Zapatero a tus zapatos. No confíes ni en tu sombra y no fíes a las parroquianas. Sentencio mi padre a su compungida cónyuge, defendiendo al Orticito.
CORTEX





Esruza
Buen relato de cosas de antaño, me gusta leer esto, te felicito, son recuerdos.
Mi voto, Cortex, así, nada más.
Estela
Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía
Gian
Bonito relato.
Saludos y mi voto.
Gian.
Cortex
Mucha gracias, Stella.
Gracias mil, querida Mabel.
Y claro, gracias a GIAN.
CORTEX.
Moondian
Muy bueno, disculpa si no es la intención, pero me ha hecho reír, creo que por la identificación, es un asunto muy común que pase algo así por donde vivo. Saludos y doy mi voto. Gracias.
Cortex
Mil gracias Moondian, favor que me haces con tu voto y comento.
CORTEX
The geezer
Que buena fábula, en el sentido de la enseñanza, por supuesto, porque más real, imposible. Se lee en un suspiro y se imagina uno perfectamente la situación!! Saludos y mi voto
César
gonzalez
Me gustó mucho, Cortex. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.