NOT GOOD ENOUGH

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«Los descansos se sienten mejor cuando te los mereces». Decía un papelito que pegué en la pared con la idea de motivar y aumentar mi frecuencia de trabajo.
Inofensivo, como un recordatorio buena onda. Algo así como un amigo que te aconseja «por tu bien» y que quiere lo mejor para ti.
-Está ahí para alentarme- me decía a mi misma cuando lo miraba a diario y me sentía cansada.
-Pero si apenas he comenzado el día ¿cómo es que ya estoy agotada? – Me cuestionaba.
«No debería sentirme así», «Debería estar haciendo tal o cual cosa», «Hay que aprovechar el tiempo»,»Debería, debería, debería…».
Cumplir con la obligación de ser productiva todo el tiempo, estaba minando mis ganas de siquiera despertar.
-NO.- dije con fuerza.
-Voy a parar ¡tengo que parar!- pensé. Y lo hice.
Paré, detuve mi rutina de: levantarme temprano (ojalá 5 a.m. para tener más tiempo), hacer ejercicios (abdominales, brazos y piernas. Ah! y la elongación final para no contracturarse), meditar (son sólo 20 minutitos), cumplir con los horarios del teletrabajo (y mientras, escuchar información que ayude en la productividad), escribir al menos 10 cosas por las cuales estar agradecida (cómo no estarlo, hay gente que tiene menos), hacer almuerzo (algo sanito, de preferencia), leer 5 páginas del libro (mínimo), subir 2 niveles más en la app de inglés (es algo fácil, así que mejor podrían ser 3), avanzar el algún proyecto personal (aún queda tiempo, ¿no?), barrer la casa (total, es chica. Será rápido), ser constante con el tratamiento de la nueva mascarilla facial que estaba probando (¿iba en el día 5 o 7?), cocinar algo para tener de reserva los otros días (ojalá con poco aceite, hay que cuidarse),  llamar a mi mamá (mantener la comunicación es importante, más en estos días), lavar la loza (que no se acumule, que después es peor), hacerme masajes de cuello (ayudará a mantener el estrés a raya) y….
-Esta rutina me está matando- pensé. Y lo sabía.
Pero cuando las voces en tu cabeza no dejan de programar tareas, la sociedad le rinde culto a la autoexigencia, e insinúa por debajo que ser trabajólico es en primera instancia, algo admirable más que una trampa; descansar sin culpa se vuelve un desafío.
Miré el papel nuevamente y pensé: -Si analizo bien esto, significa que a priori; creo que no merezco un descanso.
Y por otro lado, ¿qué tanto tengo que esforzarme para sentir que merezco uno?
Eran como pequeñas «trampitas» encriptadas en esa hojita, que colgaba en mi pared.
Ya no lo vi más como el amigo buena onda que me aconsejaba, sino como uno que me hacía dudar de mi misma. Con un discurso pasivo-agresivo que silenciosamente, y muy por debajo, me estaba manipulando para exigir y llevarme siempre al límite del esfuerzo.
¡Nunca es suficiente para ti!- grité. Rompí el papel y me mandé a la chucha.
Por un rato al menos, porque sé que no pasarán más de 2 días para que vuelva a presionarme. Haciéndome sentir mal por querer un poco de «tiempo fuera», cuando sé que «todavía puedo hacer las cosas mejor».
Creo que sentiré que le gané o saborearé como un pequeño triunfo (momentáneo), cuando tenga una pila de loza sucia, mi pijama se convierta en una suerte de estandarte y revuelva mi café con un tenedor.

Comentarios

  1. Jannie

    20 abril, 2020

    Toda la razón. Gracias Náufrago en la luna! 🙂

  2. Esruza

    20 abril, 2020

    Una victoria, es una victoria, al fin y al cabo.

    Bueno.

    Mi voto

  3. Jannie

    21 abril, 2020

    ¡Muy cierto! Muchas gracias por tu apreciación y voto, Esruza.

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