Calígula, el monstruo

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CALÍGULA, EL MONSTRUO

De ser un niño enfermizo y temeroso, llegó a lo más alto a lo que podía aspirar un hombre en Roma, convertirse en César. De vivir una vida tranquila y monótona, pasó a ser un hombre egocéntrico, derrochador y perverso.

Su padre, que fue uno de los mejores generales que tuvo Roma, pronto decidió mezclarlo con sus soldados. Las burlas de éstos fueron constantes, sobre todo, al verlo vestido de militar. Entre risas y bromas, comenzaron a llamarlo “botitas” por el minúsculo tamaño de las mismas.

Su nombre verdadero era Cayo Julio César Augusto Germánico pero, aquel apodo de “botitas” se quedó con él para siempre. Traducido significaba Calígula.

Pero su padre tuvo una muerte prematura, por lo que Cayo Julio se crió en un ambiente familiar, al lado de su madre, sus hermanos y sus tíos.

Tal vez fuese en esa época donde comenzaron sus problemas psicológicos. Podríamos estar hablando de un niño súper activo, mentiroso, irresponsable, desagradecido, violento y vengativo. Poco a poco, fue creyéndose en el derecho de poder hacer lo que quisiera, sin respetar las normas establecidas, sin aceptar reproches por sus actos.

En aquella fase de su vida fue engendrando al demonio que siempre lo acompañó y al que fue alimentando a base de odio.

En sus constantes arrebatos de ira solía golpear todo aquello que se encontrase en su camino, fueran objetos o personas. Desde muy temprana edad había sufrido de ataques epilépticos, por lo que aquellos arrebatos de su carácter le provocaban más de un desfallecimiento.

Su primer crimen lo cometió cuando apenas era un adolescente. No soportó las recriminaciones de uno de sus tíos maternos y, cobijado en un desequilibrio mental, tomó entre sus manos un puñal que clavó a la altura del corazón de su pariente. Los crímenes en Roma eran habituales, por lo que aquel asesinato no tuvo trascendencia.

Al cumplir los 25 años de edad fue nombrado emperador de Roma, sucediendo en el cargo a su tío abuelo Tiberio. En cuanto llegó al poder su inestabilidad mental se acrecentó, sobre todo, porque él contribuyó a ello con un egocentrismo sin límites. Falto de valores humanos, su personalidad entró en un delirio permanente, al borde de la locura.

Adepto a la compra de gladiadores con los que disfrutaba viéndolos pelear por su vida. Si disfrutaba con aquellos enfrentamientos era porque tenía la potestad de condenar a muerte al derrotado. Siempre le había atraído el olor de la sangre, el miedo a través de los ojos de aquellos que sabían que iban a morir, el placer del sufrimiento ajeno hasta límites insospechados.

Otro de sus gustos preferidos eran las comidas copiosas y abundantes. Exigía siempre a sus sirvientes tener la mesa llena de platos con todo tipo de alimentos, siempre acompañados de copas de vino bañadas en oro y manteles con brocados de perlas.

En cuanto al amor, podríamos decir que desconocía por igual el término en sí y los sentimientos que ello conlleva en particular. Tuvo cuatro esposas y a ninguna de ellas prestó el más mínimo interés por hacerlas felices.

Lejos de ello, el sexo era su gran vicio. Pero, un hombre con aquella maldad sólo podía disfrutar del sexo a través de la perversidad. Era habitual que reclamara la presencia de hermosas jóvenes a las que obligaba a mantener relaciones sexuales entre ellas, mientras él se dedicaba a observar devorando racimos de uvas. Cuando se cansaba del espectáculo, solía hacer llamar a alguno de sus soldados para que las montase como si de uno de sus caballos sementales se tratase.

Extraña era la ocasión donde aquellas prácticas sexuales no terminaban en tragedia, pues el soldado en cuestión solía estar aleccionado para estrangular a aquellas pobres jóvenes. Incluso, el propio emperador, en más de una ocasión, se había levantado de su trono para cortar el cuello de alguna de aquellas víctimas.

No menos violento era con sus enemigos y detractores. En muchas ocasiones su mente se convertía en el peor de sus aliados, pues veía rivales allí donde no los había. Cuando entraba en ese estado de miedo y confusión era cuando más peligroso se volvía. Capaz de ordenar grandes matanzas sobre posibles conspiradores contra su vida.

Su delirio era tal que llegó a nombrar cónsul del Senado de Roma a su caballo preferido, Incitatus.

El 24 de enero del año 41 fue apuñalado en el Monte Palatino por un grupo de soldados pretorianos entre los que se encontraba Casio Querea, el posible artífice de preparar su asesinato.

Tenía tan solo 29 años en el momento de su fallecimiento y una gran cantidad de muertes a sus espaldas por el simple placer de observar el dolor ajeno.

Calígula, un monstruo con el cargo de emperador del Imperio más grande del mundo.

 

Comentarios

  1. Luis

    30 mayo, 2020

    Me gustó tu texto, deja muestras sobrias de la personalidad patológica del individuo en cuestión. Un saludo y mi voto!

  2. angrey

    4 junio, 2020

    aterrador , pero me recuerda a un mandatario actual.

  3. Vir

    5 junio, 2020

    Muy bien redactado. Me ha impactado. Ya tienes mi voto.

  4. Kiwi

    5 junio, 2020

    Gracias a todos por leerme y por vuestros comentarios.

    Bienvenida Vir. Deseando leerte en cuanto cuelguen algo tuyo

  5. Walter Alan

    5 junio, 2020

    Buen texto. Me animo a seguirle un rato más de vida. Abrazos y mi voto desde Cuba.

  6. Cruzaedo

    8 junio, 2020

    Yo recomiendo ver o leer la serie Yo, Claudio, de la BBC, el capítulo Calígula es sorprendente. También es un libro best seller. La depravación del Botitas viene desde su abuela Livia, esposa de su abuelo Augusto, el primer Cesar de la dinastía Julia. Ella era la gran envenenadora. Tenía un hijo, Tiberio, que no era hijo natural de Augusto, y mató y conspiró contra todos los posibles sucesores del clan Julius hasta entronizar a su hijo Tiberio, el gran perverso de la escuela de sexualidad de Capri, donde el Botitas aprendió todas las prácticas y perversiones de la sexualidad y el sadismo. Su gran amor fue su hermana Drusila, y su discípula predilecta, por fue su prima Mesalina, luego esposa de su tío Claudio, su contrahecho su sucesor.

    Cruzaedo.

  7. Cortex

    13 junio, 2020

    Ese comentario de Cruzaedo es un tiro.

    Mi voto, Kiwi.

    CORTEX

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