Democracia bajocero

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Para la casta política que observa el país desde arriba, la parte de abajo, la Prole, resulta incomprensible: se dicen: «perdieron el rumbo, millonadas de subsidios, programas, becas, pensiones de solidaridad, seguro popular-Insabi, reforma educativa… y siguen quejándose».

Para los que vemos desde abajo, la parte de arriba resulta insoportable: «corruptos sin llenadera, caínes impunes, enriquecidos hasta la ignominia». No les bastó el «FOBAPROA, se siguieron con el IMSS-CONSAR-PROA, el CFE-PEMEX-PROA, el IFE-INE-PROA» y acabaron con «el otro», el productivo ciudadano paga impuestos, que ya no será el demandante opositor con el que se tenía y se debe conciliar, sino un enemigo a desaparecer en el oprobio fiscal.

“Basta de tortas por votos –a como dé lugar—que los mantenían en el candelabro del poder, se dicen los de la 4T”. Qué vivan las becas a Ninis y desocupados que al cabo que todos caben en Los Pinos.

Encontrar una explicación clara sobre la naturaleza de la actual debacle mexicana y hacer algún tipo de predicción sobre su resolución está peliagudo: son los cimientos de la democracia, el vacío del Estado de Derecho, el que está en ruinas.

Hace cinco decenios, en su libro La democracia en México (1965), el científico social Pablo González Casanova exrector de la UNAM propuso una serie de consideraciones teóricas. El objetivo era llevar a los barones del «partido dominante» a concluir que si desde arriba iniciaban un proceso de democratización jurídico, no economicista, éste terminaría por beneficiarlos pues atajaría los «tornados» de una futura violencia política y social, que hoy nos tiene a punto del estallamiento. La Covicrisis trans4T sin cimientos.

El rechazo a su propuesta tuvo consecuencias desastrosas: No podemos repetir el error del ´68 ni los desatinos subsecuentes populistas y despilfarradores.

Desde luego que los responsables del gobierno actual –el Presidente y su círculo de incompetentes, lo mismo que la Corte de lambiscones izquierdosos, enfrentados a ciegas con las élites del poder global: empresarios, medios, clérigos, acaparadores y embajadores– pueden declarar que el avance de la democratización popular es imparable pues las toneladas de votos por el bienestar, del Pejeyac y su 4T, respaldan la legitimidad del Pacto Castrense, pivote político de la neo-normalidad republicana.

Y es que, la simplona definición de democracia del régimen, centrada en unas desbordantes  elecciones libres, sirve hoy de poco. Si se quiere avanzar en la comprensión de la catástrofe actual, se debe optar por una “métrica” de mayor calado, con indicadores precisos de los grandes fallas-soluciones a problemas concretos nacionales: Inseguridad-criminalidad; reforma-energética-costos; desigualdad-injusticia; despilfarro-fiscal-municipal; credibilidad régimen-austeridad; declaración patrimonial pública; asignación-cancelación-moches de contratos y concesiones; lucha anticorrupción hasta´onde tope; y la extirpación de la impunidad con una aplicación federal simple y llana del Estado de Derecho y su código penal.

Como propuso González Casanova en la obra citada: «La democracia se mide por la participación igualitaria del pueblo en el ingreso, la cultura y el poder, y todo lo demás es folklore democrático o retórica de contabilidad demagógica electoral: la pluto-satrapía sin patria, pero si para cuates y tovariches».

Contiuará.

 

CORTEX

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