DESAPARICIONES EN CAPILLA DEL MONTE ―RUMORES, MISTERIOLOGÍA Y FANTASÍAS IMPORTADAS―

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DESAPARICIONES EN CAPILLA DEL MONTE

―RUMORES, MISTERIOLOGÍA Y FANTASÍAS IMPORTADAS―

 

Por

Fernando Jorge Soto Roland*

INTRODUCCIÓN

Cuando se conjugan ciertos elementos con el propósito de encontrar patrones misteriosos frente a determinados eventos (la mayoría de las veces desgraciados), suelen distinguirse ―detrás de supuestas “evidencias”― la presencia de temibles conspiraciones de origen terrestre o extraterrestre ―incluso de carácter sobrenatural― que casi siempre amenazan la seguridad individual o colectiva y habilitan el despliegue y publicidad de hipótesis de lo más descabelladas. Éstas, no sólo tienen un gran impacto mediático, sino también la enorme aceptación de un público ávido de maravillas, milagros y morbo. Las redes sociales y los medios digitales de comunicación, que facilitan la difusión de opiniones y juicios de todo tipo, sazonan el caldo de cultivo en el que se cuecen esas historias, tergiversando, adicionando y/o quitando parte de sus tramas.

Demás está aclarar que el contexto, en el que se da este comportamiento social, es de fundamental importancia. De ahí que las tradiciones locales, el neo-folclore y los rumores cumplan un rol básico en todo el asunto.

Si juntamos en un mismo relato cerros y montañas, bosques y montes oscuros, senderos mal señalizados, soledad, relativo aislamiento y regiones de difícil acceso, plagadas de potenciales alimañas en una geografía que encierra peligros evidentes ―incluso para los mismos baqueanos― es muy posible que de todo ello surjan historias dramáticas repletas de fantasías.

Claro que, si a este cóctel, le adicionamos rumores sobre la presencia de ovnis, alienígenas, ciudades subterráneas, energías y criaturas misteriosas, portales dimensionales, supuestas sectas y leyendas de corte paranormal, es casi seguro que, con el tiempo, el impulso apofénico por conectar todo con todo termine instalando interpretaciones (explicaciones) de corte esotérico que alimenten el delirio y el pensamiento mágico, tan convenientemente comercializados por los mercachifles de la misteriología.

 

Pocos dramas han escapado a esta tendencia especulativa. Las fábulas, en rededor de crímenes, desastres naturales, accidentes y desapariciones, se acumulan en decenas de libros y blogs dedicados a los “Enigmas del Universo”; siendo Charles Berlitz ―con su archifamoso Triángulo de las Bermudas― uno de los autores más emblemáticos y con mayor influencia en el imaginario colectivo contemporáneo desde la década de 1970.

Escritores como Berlitz son los que instalaron, de la mano de ufólogos y demás cazadores de lo extraño, la creencia en regiones, zonas y parajes con indeterminadas energías, capaces de convocar entidades misteriosas de todo tipo, generar anomalías físicas y temporales, e inclusive producir eventos que están más allá de nuestras limitadas mentes materialistas.

Todo esto no son más que resabios de antiguas leyendas y creencias que han venido transmutando a través de diferentes épocas y adaptándose a los tiempos que corren. Aunque, en muchos casos, sus esquemas y formas siguen siendo idénticos a los de hace siglos.

Nos encontramos así con espacios abiertos a cualquier cosa. Sitios en donde lo maravilloso hace acto de presencia, siendo aceptado ―sin más― por un colectivo cada vez más numeroso y crédulo. Legiones de individuos dispuestos a tragarse historias fantásticas (muchas veces macabras) con el solo fin de alejarse de la cruda y desangelada realidad en la que vivimos.

 

El misterio suele venir acompañando de romanticismo y éste de una cuota muchas veces alta de heroísmo. Atentar contra el primero implica desarticular a los dos restantes, quitándole a los sufridos protagonistas de sus mistéricas historias, la valentía, el arrojo y el idealismo con el que suelen quedar imbuidos.

Adornar el drama. Editar el sinsentido y generar un recuerdo significativo con el cual poder seguir viviendo. De eso se trata. Aún cuando sea evidente el rédito crematístico que algunos inescrupulosos pueden sacar de todo ello.

 

Buenos Aires, Mayo de 2020

 

EL LADO OCULTO DEL PARAÍSO

Toda la publicidad gráfica que decora las arterias principales de Capilla del Monte exuda optimismo. La “buena onda” y las “energías positivas” del discurso local completan la escena; musicalizada por mantras tibetanos, armónicos rezos en irdín (el lenguaje cósmico que inventara el histórico gurú Ángel Cristo Acoglanis), cantos de ballenas y coros candorosamente armónicos, que se cuelan desde los locales comerciales más emblemáticos de la Calle Techada.

Son esos acordes los que parecieran augurar un efectivo encuentro con los Hermanos Superiores del Kosmos (con K), mucho más abiertos al contacto en una región que, según se dice, constituye un portal energético capaz de elevar al alma hacia el camino de la evolución espiritual más segura. En ese contexto, es de “aguafiestas” ser pesimista (incluso, realista). Al menos esa parece ser la pauta que se les exige a los turistas que van a buscar el amor universal, la concordia y la iluminación mística al pie del Uritorco.

 

Pero de un modo subrepticio, sin demasiada alaraca mediática, Capilla del Monte y su zona aledaña tiene también su lado oscuro. Su cara oculta de la Luna, en la que la humanidad hace de las suyas, sin que hasta ahora se conozca intervención extraterrestre alguna que se interponga para evitar la maldad del hombre. En Capilla, Hobbes y Rousseau se mantienen en el ring en un duelo interminable y los alienígenas, en caso de existir, parecen sentirse cómodos en el rol de meros observadores (por más que algunos digan lo contrario).

 

No son muchas las historias truculentas que llegaron a mis oídos. Pero ―como las brujas― que las hay, las hay, circulando en voz baja (no sea cosa que se espante al turista); buscando los intersticios que existen en la coraza de la paradisíaca y amorosa cosmovisión dominante. Hace ya un tiempo, en un artículo titulado Bajo la Sombra del Uritorco, hice referencia a las historias noires que circulan por norte cordobés.[1] No redundaré en las mismas.

Lo cierto es que en todas partes ocurren accidentes y crímenes. Muchos (demasiados) quedan sin resolver, ya sea por falta de pruebas, inoperancia o desidia en el proceso de investigación. A veces, esos “cold cases” (casos fríos, como se los llama en la jerga policial de televisión) tardan años, incluso décadas sin tener resolución. Se estancan, se paralizan y sólo algunos ―los que más cobertura mediática tuvieron oportunamente― pasan a ser parte del macabro acervo legendario de una localidad.

Entonces, un buen día, cuando nadie podía preverlo, asoma la punta ignorada de un ovillo y el camino hacia la solución del enigma queda abierto. No es justo, pero así se ha dado en centenares casos. El crimen paga tarde (cuando paga) y el duelo de los seres queridos se prolonga hasta límites insoportables, especialmente cuando se trata de desapariciones. Un calvario jalonado por el sufrimiento y una angustia pocas veces imaginable.

Aún así, sin considerar el desconsuelo ajeno, ciertos personajes ―movilizados por una imaginación desenfrenada― lanzan al ruedo hipótesis absurdas amparadas por el vacío de información y la falta de evidencias. Pocas veces escasean los gurús, videntes y parapsicólogos que tejen en torno a esas desapariciones presunciones inauditas, que no hacen más que profundizar el dolor e infundir miedo. El caso de la familia Pomar es, a no dudarlo, el ejemplo más desagradable del que podemos dar cuenta.[2]

 

Entre el mes de febrero y abril de 2020, Capilla del Monte fue el escenario de dos desapariciones caratuladas por muchísimo medios como “misteriosas”. Con ello sugerían que estábamos frente a casos difícilmente explicables. Por suerte no fue así.

Dos jóvenes mujeres ―Mariela Natalí (45) y Cecilia Basaldúa (35)―, independientemente una de otra, encontraron la muerte tras quince largos días de incesante búsqueda en la inmediaciones de la llamada Zona Uritorco.[3] El proceso de investigación sigue en marcha al momento de escribir estas líneas y, aunque las causas de sus decesos  tengan explicaciones bien terrenales, no faltaron aquellos que, aprovechando el lugar donde se dieron los hechos y el vacío de información a lo largo de las dos semanas que demandó encontrar sus cuerpos, dejaron entrever que detrás de ambas muertes asomaba la mano invisible y misteriosa de lo sobrenatural.[4]

Por fortuna, todo parece indicar que este barrilete de sensacionalismo ha visto frenado su ascenso. Como dijimos más arriba, el hallazgo relativamente temprano de los cadáveres detuvo la iniciativa fabulera de asociar todo con extraterrestres y monstruos del monte. Pero la fuerza de este impulso ―sospecho― no se detendrá definitivamente. Los misteriólogos locales seguirán insistiendo en sus conclusiones conspirativas, encontrando nexos donde no los hay y susurrando sus delirios a una amplia audiencia de creyentes acríticos, deseosos ―siempre― de mayores y más truculentos enigmas. Los vacíos de información, que de seguro van a quedar, los habilitará a seguir proponiendo  (y creyendo) hipótesis improbables y sembrando las semillas de futuras mitologías regionales. El intento ya fue hecho en algunos blogs especializados en la temática Uritorco y difundido por las redes sociales y canales de YouTube. Pero lo más sintomático es que, en todos los casos, estos buhoneros del delirio se apoyan en las publicaciones de otro propagador de exageraciones. El Macho Alfa de todo este asunto. Un pseudo-detective devenido en criptozoólogo y a quien todos gustan llamar “investigador científico”. Él es responsable de crear y difundir la singular mitología que gira en torno a las “misteriosas desapariciones” de personas en los Parques Nacionales de los Estados Unidos y Canadá. Ya le dedicamos algunos párrafos en un trabajo anterior. Su nombre es David Paulides.[5] Y todo parece indicar que sus hipótesis están desembarcando en el área capillense, de la mano de las dos trágicas desapariciones seguidas de muerte arriba nombradas.

El primer impulso ha sido dado. La “bola de nieve” ―aún con algunos inconvenientes― empezó a crecer. Sólo resta aguardar que más voceros de lo insólito eleven a David Paulides al Parnaso de la Pavada y el alud se desate sin freno en el valle de Punilla. Arrastrando ―como siempre lo hace― al más extraño y misterioso de todos los sentidos: el sentido común.

Ocurrió antes.

Puede que vuelva a ocurrir a partir de ahora.

 

Una publicación que circuló dentro del ámbito uritorqueano de las redes sociales ―y que posteriormente fuera tomado a modo de “homenaje”, sin citarlo, en un singular canal de YouTube[6]― sostuvo:

 

“El siguiente post tiene como única intención (sic) comparar las investigaciones del ex policía David Paulides con el caso de Mariela Natali (sic). Lo único que haré es hallar similitudes (…) aún incluso siendo consciente que podría estar forzando un encaje de perfiles, por todo ello pido de antemano disculpas si algo de lo aquí expuesto incurre en una ofensa para quien así decida sentirse”.

 

E inmediatamente argumenta:

 

“Antes de analizar el caso Mariela Natali quisiera traer a tu atención a las investigaciones de David Paulides, ex policía, quien los últimos años se ha dedicado a estudiar cientos de episodios similares. (…) Paulides en su investigación halló una serie de «coincidencias» demasiado recurrentes para no ser tomadas en cuenta. (…) Ahora lo más interesante de David Paulides y el grupo de investigación de CanAm Missing 411 es que ninguno de ellos es ufologista (sic), vidente, investigador paranormal ni pertenecen oficialmente a ninguna secta, religión o práctica de corte espiritual de ningún tipo. Por el  contrario, son personas comunes y corrientes con los pies bien en la tierra, Paulides mismo es policía retirado, y el grupo que lo acompaña está compuesto por bomberos voluntarios y rescatistas que han visto de primera mano algunas desapariciones extrañas como las antes descriptas. Esto deriva en que su investigación se ciñe a los datos concretos, a los números, a los hechos, a las estadísticas, y en ningún momento se tiende a la especulación, o teorías, conspiraciones ni nada de todo ese mundillo esotérico, lo que lo hace digno de tener en cuenta.[7]

 

Todo lo dicho en el párrafo anterior es falso.

La supuesta autoridad y objetividad de Paulides no es tal. Paulides cree en abducciones extraterrestres, en hadas y en el famoso Bigfoot. De hecho es considerado como un miembro activo dentro de la criptozoología y en todos sus libros deja claramente abierta la posibilidad de que muchas de las desapariciones misteriosas se deban al accionar de Pie Grande (el famoso yeti norteamericano), entre otras fantasiosas posibilidades.

Claro que Paulides no explicita nada de manera directa. Sugiere. Siempre es ambiguo y evita jugarse por una explicación concreta. Aún así, por medio de su retórica (en apariencia aséptica) instala subrepticiamente la interpretación sobrenatural.

Estamos acostumbrados a lidiar con personajes que dicen (o aceptan) ser “especialistas científicos”, pero que no lo son. “Investigadores de campo” que aseguran tener recorridos miles de kilómetros en pos de misterios, acumulando décadas de experiencia, aderezando, complejizando e interpretando únicamente… testimonios.

Es común verlos disfrazados de investigadores calzándose chalecos de color claro, repletos de bolsillos, típicos en el mundillo de los fotógrafos profesionales, como si el hábito hiciera al monje y sus creencias alcanzaran mayor validez por el sólo hecho de parecer.

Paulides está muy lejos de no especular, como afirmaba el evanescente post arriba citado. En realidad es lo único que hace. Vende humo en el sentido más literal de la frase y trata por todos los medios que insuflarle a las dramáticas desapariciones un neto cariz sobrenatural, que consigue entre sus seguidores con bastante éxito; especialmente cuando afirma que existe una conspiración de silencio que pretende ocultar los datos. Claro que basta con indagar un poco para encontrar otras opiniones.

Por ejemplo, autores como Michael Ghiglieri y Charles Farrabee escribieron un libro sobre las desapariciones en el PN Yosemite (EE.UU.) basándose en datos brindados por la administración del mismo.[8] Es decir, las autoridades no ocultaron datos. Es una mentira que el Servicio de Parques Nacionales no lleve registros. Que no se los haya querido dar a Paulides puede que se explique de otro modo.[9] Y para ello habría que verificar bien cuáles son sus verdaderos (y aparentemente muy cuestionados) antecedentes.[10]

Kyle Polich[11] afirma que las supuestas misteriosas desapariciones se pueden explicar por causas racionales, sin atender a fantasías que involucren a extraterrestres, hadas o Pie Grandes. La realidad es más cruel de lo que Paulides imagina. Involucra al hombre. Tanto en su aspecto más malvado como en su inexperiencia e irresponsabilidad al correr riesgos físicos por parajes que no controla. Así todo, la fascinación por el misterio explica cómo ideas tan delirantes han podido llegar a las pantallas de la televisión, presentando a la ficción como verdad casi absoluta y consiguiendo instalar la idea de que las causas naturales son las más improbables.[12]

No quisiera extenderme demasiado en detalles y ejemplos (que los hay a raudales en los blogs y canales regenteados por “diabólicos” amantes de la mistificación), pero tampoco puedo dejar de hacer referencia a un caso “emblemático” que, confieso, me sorprendió vivamente por su extremo nivel de divague y probable influencia en el imaginario de algunos visitantes de Capilla del Monte.

 

Es por todos sabidos que, en el multiforme universo de la misteriología, la literatura y el cine han tenido (y tienen) una influencia enorme. En decenas de casos la frontera entre ficción y realidad se difuminan y no pocos “testigos” empiezan a experimentar eventos que sacan directamente de las páginas de los libros y pantallas de cine. En los ámbitos de la criptozoología y de la ufología es algo de lo más común.

Así todo, la historia de un Pie Grande o entidad bípeda invisible acosando a los turistas de los bosques norteamericanos, como lo hiciera el Depredador del famoso film de 1987, me llamó poderosamente la atención.[13]

En el blog Phantoms & Monsters ―regenteado por un periodista muy afecto a encontrar al Hombre Polilla en cada rincón de la ciudad de Chicago, sin dar referencia alguna[14]― se expone siguiente testimonio (anónimo):

 

«Me he encontrado con una entidad que tiene cierta similitud con el «Flash». Un problema es que no tenemos nombres para estas cosas. Estaba acampando solo en las montañas como solía hacerlo, durante 4 semanas cada verano. Pasaría una semana aquí y una semana allí, viviendo y disfrutando de la libertad del ruido de la civilización. Todos los veranos a principios de septiembre, cuando los arándanos silvestres estaban maduros, me gustaba acampar en un lugar espeluznante donde un amigo había visto un Sasquatch años antes.

 “Una mañana, subí la empinada colina lejos de mi campamento. Pasé unas horas caminando por la antigua selva tropical, comiendo arándanos y escuchando. La niebla de la mañana se despejó cuando exploré una cresta y la fuerte caída del otro lado. En mi ruta de regreso, tuve que caminar por una empinada pendiente rocosa en la parte inferior de la cual pude ver mi camioneta. Mi concentración mental estaba sobre mis pies durante el período que precedió a mi encuentro con la entidad. Finalmente, bajé de la última roca al suelo plano cerca del parachoques delantero de mi camioneta. Mirando a mi alrededor, vi algunos arbustos traqueteando, temblando. Pensé que debía haber una ardilla allí en la vegetación baja, a pocos metros de distancia. Di un paso adelante y toqué los arbustos vibrantes con mi robusto bastón. El círculo de cascabeles se expandió de repente a unos pocos pies de diámetro. Esto fue anormal como el infierno. Salté hacia atrás ante el repentino aumento en el ruido y el movimiento. Lo que sucedió después es difícil de describir porque fue realmente ‘paranormal’.

“Parecía un bípedo alto y una criatura invisible salió corriendo de mí. Corría a gran velocidad por una pendiente pronunciada. Era invisible pero podía ver su movimiento por la forma en que perturbaba la vegetación. Hizo un agujero en el bosque mientras corría. Repito: hizo un agujero en el bosque cuando se escapó de mí por una empinada ladera. Observé, mirando dentro del agujero, tratando de ver a la criatura que estaba haciendo el agujero. No había nada que ver en el agujero. Esto fue tan extraño que nunca intenté contárselo a nadie durante años. ¿Cómo llamamos a esta cosa? Un Sasquatch invisible, una Persona Sombra, El Depredador (De la película). No lo sé.”[15]

 

Pero esto no es todo.

En un foro de creyentes por YouTube ―esos en los que retroalimentan sus devaneos unos con otros, lanzando explicaciones de los más estrafalarias respecto de las “desapasiones misteriosas” referidas por Paulides[16]― escuché algo referido a una extraordinaria fotografía sacada a la “invisible entidad” por una cazadora de renombre. Indagué unos pocos minutos en la Web y encontré el “sesudo” artículo que la mujer había escrito unos años antes.[17] Y además, ¡estaba la prueba fotográfica! (véase imagen inferior)

Creo que no merece mayores comentarios.

 

Lo que sí amerita unas palabras es la influencia que muchos de estos “cuentos chinos” están teniendo en el imaginario capillense de hoy en día.

Todos somos concientes de que la región arrastra una historia ufológica muy particular que permite explicar el porqué de las muchas fábulas que circulan y son aceptadas a pie juntillas por turistas y residentes. Hay una predisposición a ver y sentir “cosas raras”. Decenas de empresas de turismo viven comercializándolas y la gente no sale defraudada. Las ve. Quieren ser testigos de ello y lo son, incluso sin la necesidad de ser engañados deliberadamente. Es un clima muy particular. Interesante. Fascinante en más de un sentido. Por eso, cuando hace unos pocos días leí el testimonio de un anónimo personaje relatando una experiencia por demás extraordinaria, en plena búsqueda de las mujeres desaparecidas  ―y con la sombra de Paulides volviéndose más y más densa― me sorprendí y creí entrever la intensión de extrapolar las tremebundas historias que circulan en Norteamérica a los tupidos bosques de los cerros que rodean Capilla del Monte.

Refería, el mencionado “testigo”, lo siguiente:

 

“Si te interesa, la historia tiene que ver con ese misterio [se refiere a la desaparición de Mariela Natalí].

“En enero de 2017 fuimos a Capilla, mis hijos, amigos y yo. Queríamos algunos ir a Huertas Malas. Sólo fuimos tres. Los demás se quedaron en el camping. Fuimos caminando hasta La Toma (al pie del Uritorco) y tomamos el rumbo, habiendo ido dos veces al dique Los Alazanes, nos equivocamos de camino varias veces hasta encontrarlo. Subimos y al no hallar el camino a Huertas Malas, elegimos seguir al dique.

“El primer cruce de río estaba crecido, por lo tanto tomamos el regreso. Vimos un lugar muy lindo y nos sentamos a comer frutas y a hidratarnos. Yo sentí algo extraño y le dije a mis hijos que siguiéramos. Habremos caminado unos 100 metros, y donde el camino está formado totalmente de piedra, comenzamos a escuchar que nos silbaban. Y no había nadie. Cuando nos damos vuelta, a una sierra (sic) distancia notamos una forma humana pero transparente, como de 2 metros. Obviamente comenzamos a correr. Nunca tuve tanto miedo. Creo que fueron unos 500 metros de descenso, con resbalones y muy asustados, hasta que escuchamos que ya llegábamos a donde estaba el balneario. Ahí nos sentamos, exhaustos. Nos miramos. No hablamos hasta llegar al camping. Creo que no sé que hubiera ocurrido si nos agarraba.

“Cuando escuché el caso de Mariela pensé enseguida en lo que habíamos pasado.

Son lugares muy extraños. Yo habité 10 años en Capilla y lo que (sic) he visto y experimentado. Hay muchas personas que no saben lo que hay ahí y piensan que todo lo saben. Pero habitan cosas extrañas a las cuales hay que respetar. El caso de Mariela tiene mucho que ver con lo que vimos. Pero vos lo decís y no te creen.”[18]

 

Con muchísimo menos que lo transcripto arriba, se han escrito libros enteros. Bastaría agregar algunas hipótesis más, bien aterradoras y misteriosas, para que el disco empiece a dar música. Y no son pocos los que hablaron de abducciones extraterrestres, experimentos con personas utilizando hipnotismo[19] o el accionar de sectas diabólicas.[20]

 

Si todas estas “historias” quedaran reducidas a charlas de café, sin la posibilidad de expandirse más allá de una media docena de crédulos, dispuestos a relatarlas y escucharlas con la mente abierta, no habría mayores problemas. Pero hoy en día, difícilmente ocurre eso. Las redes sociales habilitan a que cualquiera diga cualquier cosa; y que decenas de pavadas se generalicen con la transmisión oral y el asentimiento de aquellos que comen del mismo plato.

La tan mentada “bola de nieve” cobra de ese modo velocidad y tamaño, hasta llegar a ser imparable. Ganándose ―si tiene la difusión necesaria y el aval de “autoridades reconocidas”― un espacio importante en los imaginarios locales.

Muchas mentiras y fantasías repetidas una y otra vez terminan considerándose verdades. Y cuando éstas empiezan a redituar ganancias significativas resulta imposible quitarlas del escenario, por más esfuerzo que le se imprima a la tarea. Ya es tarde.

 

Ojalá que las dos dramáticas muertes que sacudieron a la ciudad de Capilla del Monte a principios de este año 2020 no se transformen en un acto más del enorme circo paranormal al que muchos nos tienen acostumbrados. Y dejemos que sea la ciencia forense y la investigación policíaca la que llegue (sin conspiraciones, depredadores invisibles o alienígenas de por medio) a la verdad y a la justicia.

 

Buenos Aires

Mayo de 2020

 

* Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNMdP (Argentina).

[1] Véase del autor: Bajo la Sobra del Uritorco. Disponible en Web: https://www.monografias.com/trabajos108/sombra-del-uritorco/sombra-del-uritorco.shtml

[2] Véase: Agostinelli, Alejandro, Caso Pomar. Seis años después (2015) en Factor 302.4. Disponible en Web: https://factorelblog.com/2015/12/10/caso-pomar-seis-anos-despues/

[3] Hay centenares de notas periodísticas sobre ambos hechos. Basta con googlear sus nombres y apellidos para acceder a una ingente cantidad de información sobre ambas muertes.

[4] Véase a modo de ejemplo: “Misteriosas desapariciones en Capilla del Monte” en Código CBA. Disponible en Web: http://www.codigocba.com/post/misteriosas-desapariciones-en-capilla-del-monte?fbclid=IwAR0lboNOSTGQBM2_JiIBgq3Twn7kX2SGcqy8n8JT3s8plPyCox0-PfAH7sk

[5] Véase del autor: Desapariciones misteriosas. La larga sombra de Pie Grande y otros sucesos paranormales (2019), en Factor 202.4. Disponible en Web: https://factorelblog.com/2019/04/10/desapariciones-misteriosas/?fbclid=IwAR1_d0COm9B18t0qC8LuncvEVn3Oj7ul8B-DNhqs-C7Q-DLkyoq2N0Wznk4

[6] Véase: “Muerte y Misterio en el Uritorco” en La Matrix del Misterio. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=nHb9tBTdVG4

[7] Nota: Tengo el nombre y apellido del autor de ese post, pero por una sencilla razón no lo haré público: bajó su larga exposición de la Web por un motivo que desconozco (aunque sospecho). Por suerte, y como tengo por costumbre copiar y pegar en formato de Word los artículos que me resultan interesantes, conservo la nota completa y su largo link. Al momento de escribir este artículo y buscarlo para citar convenientemente la fuente, descubro que “desapareció” del mundo virtual (tras varios días de estar disponible on line). Este era el link del post “desaparecido”: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=243587017028291&id=100041309829424?sfnsn=scwspwa&extid=izWtLu1mppYVQF43

[8] Ghiglierim Michael y Farrabee, Charles, Off the Wall: Death of Yosemite, Ediciones Kindle, EE.UU. 2007.

[9] Véase la siguiente opinión crítica en Amazon. Disponible en Web: https://www.amazon.com/review/R17M0AXEMAG3HT/ref=cm_cd_pg_pg1?ie%20=%20UTF8%20&%20asin%20=%201466216298%20&%20cdForum%20=%20Fx2MIS8UQC4IFMY%20&%20cdPage%20=%201%20&%20cdThread%20=%20Tx25GXIYGHL42A9%20&%20store%20=%20books%20#%20w

[10] Véase la siguiente crítica a su obra. Disponible en Web: https://www.amazon.co.uk/review/RIMOD491DYRPO. Asimismo leer el siguiente post critico: https://dataskeptic.com/blog/skeptical-analysis/2017/missing411

[11] Datos sobre Polich: https://365datascience.com/interview-kyle-polich/

[12] Véase: Polich, Kyle, “Una investigación de la conspiración Missing 411” en Skeptical Inquirer, Vol. 41 N° 4, Julio/Agosto 2017.

[13] Véase: Depredador (la película). Disponible en Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Depredador_(pel%C3%ADcula)

[14] Véase del autor: El Mothman de Chicago. Disponible en Web: https://www.academia.edu/41406189/EL_MOTHMAN_DE_CHICAGO

[15] Véase artículo en el siguiente link disponible en Web: https://www.phantomsandmonsters.com/2018/07/hiker-confronts-invisible-bipedal-entity.html

[16] Véase: Desapariciones misteriosas. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=nEIsWVWMpbg

[17] Véase: Predador en el bosque. La experiencia extraña de Jan. Disponible en Web: http://www.brumac.mysite.com/JANs_Phenomenon/JANs_Phenomenon.htm

[18] Testimonio (anónimo) adjunto como “comentario” al post arriba citado (y eliminado posteriormente de la Web). Dato: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=243587017028291&id=100041309829424?sfnsn=scwspwa&extid=izWtLu1mppYVQF43

[19] Referido al autor por una persona muy cercana a Mariela. Archivo del autor.

[20] Véase al respecto: “Creen que la mujer desaparecida fue captada por una secta”, Cadena 3. Disponible en Web: https://www.cadena3.com/noticia/juntos/creen-que-la-mujer-desaparecida-fue-captada-por-una-secta_252874. Asimismo véase el programa periodístico Crónica HD. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=qSv8Djw4Grs

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