Tenía una camioneta Chevrolet verde, la cual de lunes viernes, lo acompañaba en su trabajo, al transportar la mercadería que iba a ser vendida. Los fines de semana, se convertía en el vehículo oficial de la familia. Para la feria del pueblo, los primeros quince días de agosto, el tío Luciano llegaba con toda la familia antes que todos a la casa del abuelo y en contraparte eran los últimos en abandonar el pueblo. Para esas fechas se reunían todos los hermanos con sus familias, la casa explotaba de gente. Mi abuelo, al cual éramos los únicos nietos que le decíamos “Papá”, mostraba en medio de la “invasión”, una desbordante felicidad. Al morir la abuela, se quedó solo en aquella casa, vivíamos cercanos a él, por ello, nos asumía como sus nietos más conocidos. Todos mis primos vivían en otras ciudades.
- Hola abuelito, ¿cómo estás? - le preguntó una de sus nietas recién llegadas
- Bien, hija, bien. Contento de verlos nuevamente- contestaba con una sonrisa, apenas desaparecía mi prima, me llamaba para realizar las preguntas de siempre.
- Hijo, ¿quién es esa muchacha?
- Papá, es tu nieta Lucía, hija del tío Luciano.
- Ahhh, carajo, con razón.
Sus catorce hijos habían aumentando la descendencia exponencialmente, así solo el tío Roger tenía doce hijos, así que era comprensible la confusión del abuelo, al ver tanta gente en ese mes de agosto.
- Oye, tu abuelo cree que soy su nieto – me dijo mi amigo Willy, al jugar en la casa con mis primos
- Dile que eres hijo del tío Roger, ni sabe cuántos son- le respondí
- Ok así lo haré
Cuando llegaba el momento de la partida, los que más sentíamos el vacío que dejaban, éramos mi abuelo y nosotros, es decir, los que vivíamos en el pueblo, hasta el próximo año en que tío Luciano volvería e insistiría para que sus hermanos también lo hagan.
Nos encantaba visitarlo, era el único tío que en su almuerzo y cena te ponía una Coca Cola personal, debajo de una escalera estaba repleto de cajas con botellas de esta bebida.
Mi hermano mayor estudiaba en un colegio militar internado, los fines de semana salía y se hospedaba en casa del tío Luciano. Era estricto con determinadas reglas a cumplir por todos en la casa. Los varones eran cuatro incluido mi hermano, debían rotar en las tareas de cargar y descargar la mercadería de la camioneta, comprar temprano el diario y el pan, lavar la camioneta y atender cualquier pedido extra. Lo bueno sucedía el sábado después del desayuno, uno a uno, desfilaban ante él para recibir la propina para el fin de semana. Al verlo a mi hermano en la fila, quisieron reclamarle, pero mi tío dijo igual trabajo igual la paga, dando por terminada la discusión generada.
Al morir el abuelo, poco a poco se fueron alejando, hasta desaparecer casi por completo, siendo absorbidos por el día a día, pasando el tiempo, viviendo el momento.




Gian
Un relato de añoranza. Me gustó.
Saludos y mi voto.
Gian.
Jas
Que tal familia
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Marce y mi voto desde Andalucía
Esruza
Qué bonito es recordar, muy buen relato, Nell.
Mi voto
Luc
Me gusto…me acorde de la visita a mi casa..un abrazo…
Terzet
Que hizo recordar… Los buenos tiempos.
Zhan
Interesante. Va mi voto