La Leyenda del Rey Lobo / PARTE XXVI

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El Plan de Sejuani.
Erdukalah, cruzando el rió de Hielo
Dos años después de haber pactado con las tribus ursinas y con el temible dios Volibear, Sejuani había visto el momento para iniciar su proxima movida y asi destruir a las tribus avarosanas. Ademas, en su mente había conseguido encajar aquella próxima némesis como un complemento necesario para llevar adelante el gran plan que había diseñado hacia dos años. Para ello todo indicaba que era el medio necesario afianzar su dominio en una gran parte del noroeste Freljordiano. Si bien era cierto que los intereses estratégicos para su tribu se centraban en el control de las costas Freljordianas al otro lado del Mar de Hielo y la explotación de las minas del entorno a Bachqer, ambas actividades podrían verse afectadas si los celtíberos lanzaban un ataque desde el interior. Había que derrotar a estos pueblos pequeños sin matriarca de forma tan absoluta que pasaran muchos años antes de que decidieran aproximarse hacia sus territorios. De esa forma dispondría de la posibilidad de contar con parte de un enorme ejercito para su avance contra las tribus Avarosanas. Y después, estaba el asunto de la Garra Implacable.
La matriarca Thenglir y su madre la maldita Gnauril habían rechazado su propuesta de unidad con la Garra Invernal. Aquello no había sido solo un insulto, sino que había terminado siendo un asunto personal. El paso Drak’khull’Draka interceptaba justo en el camino que la Garra Invernal necesitaba y por una extraña correspondencia era el territorio que aquella enorme tribu; la garra implacable dominaba un territorio que ella necesitaba para su gran plan. Aparte de eso, el asentamiento de la matriarca estaba rodeada también por una laguna inexpugnable. Aquello no debería ser un problema, atravesar ese lago con la ayuda de los osunos y arrasarlo todo a su paso podría ser sencillo, pero los osunos que atravesaban aquel lago terminaban congelados al pleno contacto con este; era como si aquel lago que rodeaba aquella tribu los protegiera de manera involuntaria. Solo estaba el puente. El puente que habían edificado los Garra Implacable hacia tantos años, y en su mente se formo otro un plan. ¿Y si conseguía el dominio completo de aquel puente?
«Si, debemos conseguir ese puente…. Lograre tomar en mi poder ese sector, pero primero están los volkos y los celtiberos. Esos también me cortan el camino.»
Primero tenia que arrancarse a aquellas tribus sin matriarca del medio para luego avanzar a por la Garra Implacable, luego destruir personalmente a Thenglir y a su tribu. Y así, abrirse un paso por los estrechos y paramos helados para que las tribus ursinas pusieran pasar por aquel sendero y pillar por sorpresa a los avarosanos. Luego de que su dominio se alcanzara por todo el noroeste se encargaria de los dominios del rey y patriarca Urik en el este Freljordiano. Unas tribus que de manera sorpresiva había retenido su avance en la costa del noreste. Estas tribus del este eran un problema horrendo para sus planes.
«Luego me encargare de esos pequeños detalles, primero tengo que sofocar a la Garra Implacable». Pensó asintiendo, mientras Bristle, el drüvask albino gruñía como si estuviera de acuerdo con sus pensamientos.
Sejuani asintió.
—- Si, asi lo haremos.—- Le dijo con una sonrisa.
Tambien estaba el tema de las alianzas. Tenia ya pensado un pacto con el rey barbaro Ragnar V. Eso pillaría por sorpresa a Noxus y a la mismísima Ashe. Volvió a sonreir, Vrynna y Thorva harian muy bien el trabajo que ella les habia pedido personalmente, generar la guerra inevitable con el Rey Barbaro; sin embargo, se quito aquellos pensamientos de encima y penso en el ahora. En los celtiberos y los volkos que tenía delante.
La estación anterior ya había realizado algunas pequeñas incursiones hacia el interior del país Demaciano saqueando artefactos importantes a los Cazadores de Magos. Habia sometido a los Ureños, una tribu barbara que por obligacion y miedo luchaban en su nombre, pero ahora Sejuani reunia todo su ejército en el Adriatico y desde allí partiria hacia el corazón de las aldeas Avarosanas. Su primer objetivo era el de la provocación. Para ello avanzó cruzando las defensas de los Volkos, atravesando el Guadiana y el Tahju, hasta alcanzar la población de Urkalah, Erkala, a la que sitió y sometió. Prosiguió su avance cruzando el propio río helado hasta llegar al Lager Uverny. Con el asedio y toma de esta población y sus posteriores combates con los medetanos y udoses del noroeste. La matriarca de la Garra Invernal consiguió lo que deseaba, quizá incluso más allá de sus expectativas, pues todos los pueblos del interior se levantaron en armas contra ella.
Sejuani iniciaria el repliegue volviendo a cruzar el Tahju pero saqueando las tierras del pueblo más poderoso de aquella zona: los Volkos. Éstos molestos y furiosos por los frecuentes ataques de la invasora no lo pensaron más y constituyeron un inmenso ejército al que se unieron numerosas fuerzas provenientes del resto de las tribus agraviadas por las incursiones de la matriarca:Edeos, Celtiberos, olcades, ettones, oretani y los propios volkos, que lideraban aquella enorme fuerza de ataque que había agrupado a un total de cien mil guerreros.
Los elegidos de Sejuani, los hijos de las tormenta avanzaron sin oposición hasta llegar al río Tahju, en un valle de hielo muy próximo donde unos años antes Sejuani había sido sorprendida y abatida por los celtiberos. Allí cerca, acampo junto al río, al enorme ejército que se había congregado para darle caza. La matriarca ordenó acampar al atardecer a unos tres kilómetros de distancia del ejército enemigo que los doblaba en número. Ambas fuerzas se habían establecido al mismo lado del río, en la margen derecha. Los hijos de la tormenta observaban las infinitas hogueras que los celtiberos encendían mostrando la amplitud de su campamento y se sintieron sobrecogidos. Sin embargo, se sabían conducidos por una feroz matriarca y en su inteligencia. Una matriarca que tantas victorias les había dado, y depositaron sus esperanzas en la matriarca Sejuani para salir victoriosos de aquel valle.
Los jefes celtiberos se reunieron complacidos: habían comprobado que sus fuerzas doblaban en número a las de la matriarca. Al amanecer atacarían y aniquilarían a su invasora. Decidieron también que se tenía que hacer lo posible por atrapar a la matriarca con vida para así torturarla y que sirviera de escarmiento a aquellas fuerzas que se adentrasen tan al norte. Incluso algunos empezaron a hacer planes sobre cómo reconquistar la costa. Se comió y se bebió en abundancia. Mañana sería un día de gloria y victoria para sus pueblos.
Lo que no sabían esque todos o una gran parte de ellos morirían.
——
Sejuani dio órdenes de encender las hogueras en el campamento, al tiempo que mandó exploradores que buscaran un lugar donde cruzar el río, diferente al vado principal donde se habían establecido los celtiberos y los volkos. Al cabo de unas horas regresaron varios exploradores confirmando que a un par de kilómetros había un lugar donde un río se estrechaba contra la otra costa y, aunque con cierta profundidad, drüvasks, hombres y mammuts podrían cruzar. La operación, no obstante, resultaba complicada, especialmente si se hacía por la noche.
El vado del que hablaban los exploradores estaba en dirección sur: Hacia la Garra Implacable, hacia las tribus Avarosanas, alejándose del campamento celtibero.
Sejuani no lo dudó.
Tenía claro que un enfrentamiento en campo abierto supondría la aniquilación de sus fuerzas o, en el peor de los casos, una grave derrota. Sejuani tenía otras ideas. No pensaba sufrir el destino de otras matriarcas necias y estúpidas. Ordenó entonces levantar el campamento, pero no sin antes avivar las hogueras para que pareciese que permanecían allí. De esa forma, al abrigo de la oscuridad de la noche condujo el ejército hasta el vado que habían encontrado sus exploradores y comenzó la complicada operación de cruzar el río. Los drüvask se quejaban y algún mammut bramó con fuerza, pero la distancia salvaguardaba a la matriarca y los ruidos que llegaban al campamento celtibero eran débiles, de modo que sus enemigos no pensaron que nada extraño estuviera ocurriendo.
——
Al amanecer, los volkos, los celtiberos y sus aliados se sorprendieron al ver que el campamento de la matriarca no estaba donde lo habían visto la tarde anterior, sino que los guerreros de la Garra Invernal se encontraban al otro lado del río, justo enfrente de ellos, apenas a unos cientos de metros de distancia. Los jefes celtiberos volvieron a reunirse, pero todos concluyeron que aquel cambio no alteraba en nada lo sustancial, su enorme superioridad al doblar en número a los guerreros de la garra invernal, y decidieron dar orden de cruzar el río y lanzarse en tropel sobre la matriarca.
Los celtiberos se lanzaron todos a una sobre el flujo de las aguas heladas. El vado por el que se adentraron era poco profundo pero cubría hasta el vientre a los drüvask que los volkos y celtiberos conducían y a muchos hombres les cubria hasta los hombros. No era una operación difícil pero había un problema: era imposible cruzar rápido. Sejuani sonrio y dispuso durante la noche numerosos grupos de hombres apostados en su margen del río con todo tipo de armas arrojadizas. A medida que los celtiberos, volkos y demas tribus alcanzaban el centro del río, los guerreros de la Garra Invernal lanzaban andanadas de dardos y jabalinas acabando con los guerreros que se adentraban para cruzar. Los volkos, no obstante, no se arredraron y siguieron mandando más guerreros hacia el río. Tal era el número de unidades, que el río se llenó de hombres y drüvasks hasta el punto de que varios efectivos empezaron a alcanzar la margen dominada por los guerreros de Sejuani. Allí, no obstante, los esperaban los osunos que, siguiendo el plan de la matriarca, patrullaban toda la margen izquierda. Desde lo alto se lanzaron lanzas y los osunos se lanzaron a por los Volkos y sus aliados, arremetiendo contra sus supuestos atacantes, desbordandolos como si de basura se tratara.
El avance celtibero se transformó en una larga y lenta masacre dirigida con metódica decisión por la matriarca. Al mediodía, Sejuani ordenó que los guerreros de primera línea se replegaran y que los osunos retrocedieran hasta reconstituir su ejército en perfecta formación, mientras los volkos que habían conseguido cruzar el río hacían lo propio. Ahora ambos ejércitos estaban en la margen izquierda del río, nuevamente reunidos en un mismo lado, pero las tribus aliadas de los volkos habían visto sus fuerzas reducidas prácticamente a la mitad, mientras que los miembros de la Garra Invernal apenas habían sufrido bajas.
El río bajaba rojo de sangre llevándose consigo el júbilo de los jefes volkos y tiñendo de desesperanza el corazón de sus hombres. Antes de que pudieran recomponer sus filas, Sejuani dio la orden final. A partir de aquel momento todos los Volkos se encontraron luchando por su supervivencia, intentando resistir el empuje de los Osunos y los hijos de la tormenta que les acompañaban. Los guerreros de la Garra Invernal, envalentonados por el transcurso de los acontecimientos y embravecidos por la fe en su matriarca se lanzaron al ataque con furia y odio asesino.
Algunos celtiberos reconocieron en el timbre de aquella voz atronadora, era la matriarca enemiga y, aunque no entendían aquella lengua extraña, comprendieron con claridad lo que estaba ocurriendo. Se encomendaron a sus dioses y prometieron vender caras sus vidas en lo que ya preveían como un vano esfuerzo por resistir. Al anochecer, mientras los celtiberos se retiraban diezmados, arrastrando a sus heridos y dejando sus muertos flotando en el río o tendidos sobre el campo de batalla a merced de los buitres de hielo, Sejuani se recostó en su tienda y, pese a los muertos y la sangre y la guerra, durmió sintiendo una inmensa paz por primera vez desde la muerte de la desgraciada de su madre.
La tienda estaba rodeada de osunos he hijos de la tormenta orgullosos dispuestos a seguirle hasta el final del mundo. Ella no lo sabia, pero un joven llamado Vulvain, estropearía sus planes de lleno. Aquel joven marcaria un punto de inicio para una nueva guerra y seria uno de sus mas feroces rivales en el futuro; logrando detener el avance osuno por el Noroeste y el este Freljordiano.
Los chamanes Ursinos, lo llamarian: «El Rey Lobo», «El Berkut» o «El señor del Invierno y la Ruina».

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