La Virtud de San Martín – Capítulo I – ¡Esto es vida!

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Sentado en una roca cubierta de musgo se encuentra un niño de no más de trece años. El pequeño vestido con harapos viejos y desgatados sostiene una cuerda con un gancho metálico en el extremo.

—¡Vamos estúpidos! —gritó el muchacho mientras hacía girar la cuerda.

El chico se encontraba en la cima de un barranco con su vista en dirección a unos frutos extraños de color azul luminoso, estos frutos solo podían ser observados desde grandes alturas, ya que los árboles tiba-tiba empiezan a dar frutos cuando logran alcanzar los cincuenta metros de altura.

—¡Todavía no es suficiente! —exclamó con frustración.

Justo debajo de los frutos ba-ba, a decenas de metros; se encontraban centenas de niños y niñas con prendas blancas y negras. Estos niños parecían estar realizando algún tipo de meditación. Y paseándose entre los pequeños estaba un hombre de mediana edad, con un semblante estricto y heroico a la vez.

—¡¡Concéntrense en conectar con más fuerza !! — gritó el instructor a los niños.

Ante las palabras del instructor algo cambió en la atmósfera de los alrededores, todos los niños sufrieron un cambio en sus rostros, los cuales mostraban el claro sobresfuerzo que estaban realizando. Al mismo tiempo que sucedía esto, muchos metros más arriba, los frutos ba-ba empezaron a brillar más intensamente.

—¡Ja ja ja! ¡Esto sí me parece mejor! —vitoreó el niño en las alturas.

El muchacho entusiasmado empezó a girar la cuerda con más fuerza, mientras agudizaba sus sentidos en el área circundante a los frutos.

—Una de cada cinco veces los atrapo, pero si hago una pequeña oración… debería tener más chance —Murmuró el niño—. Muy bien entonces, aquí va… ¡Púdrete San Martín!

En ese instante lanzó la cuerda a toda velocidad, la cual no iba dirigida exactamente al fruto más brillante, sino que apuntaba a unos centímetros más al lado de este, justo donde no había nada. Aun así, el muchacho se mantenía concentrado y con una sonrisa mientras el gancho terminaba de llegar a su objetivo.

—¡ZAS!

El gancho logró clavarse en el cuerpo de una especie de murciélago gris, casi transparente, a estas criaturas se les conoce como los grises.

Los grises siempre han formado parte del imaginario colectivo, desde hace cientos de años. Los grises son extremadamente raros: estos se alimentan de la más pura fuente de energía que puedan encontrar, y normalmente no son visibles al ojo humano, es más, comúnmente se les suele apreciar cuando seres de gran fuerza vital están pereciendo. En esos momentos de muerte en los que son observables, nadie se atrevería a intentar capturar uno…, ya que cuando se están alimentado se convierten en bombas naturales de energía. Por lo que, quienes han podido observar este fenómeno; les dejan seguir su camino, además, se cree que son los encargados de enviar el alma al final de la vida, de regreso al ciclo eterno.

El otro y único momento en el que, en teoría es posible atrapar un gris, es sabiendo aproximadamente el lugar en el que se va a encontrar y capturarlo en su estado invisible. Tal hazaña muestra lo especial y extraordinario de los árboles tiba-tiba, al ser capaces de tentar a criaturas tan extrañas y misteriosas con sus luminosos frutos.

Por fin tendré suficiente para irme de este asqueroso lugar… Pensó el muchacho con la criatura muerta en sus manos.

Luego de haber guardado al gris en una bolsa de ramas hecha a mano, posó su mirada hacia los niños; quienes continuaban con su riguroso entrenamiento.

—Ustedes…—suspiró, mientras cerraba sus ojos—. Creen estar destinados, piensan que son especiales y libres. Amparados en la eterna luz, ¿verdad? —dijo mientras sonreía con plena satisfacción.

—Si solo se dieran cuenta… pero, no lo harán, ni tampoco les interesa… De todas formas, ¡muchas gracias! Sin ustedes y, sin sus malditas virtudes no lo habría logrado tan pronto. Nunca sabrán que… ¡esto es vida! —dijo, a la vez que colgaba en su cinturón la bolsa con el gris, mientras se envolvía con una capa hecha de flores negras y verdes, con una sonrisa más brillante que el sol, junto a unos ojos llenos de deseo y ambición.

Comentarios

  1. Mabel

    21 mayo, 2020

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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