Unas afiladas uñas rasgaron la vieja madera de la puerta del dormitorio. El chirriante sonido le hizo abrir los ojos con angustia y miró con terror en la penumbra de la pequeña habitación. Agarró las sabanas y las apretó contra el pecho intentando espantar el miedo y el frío que se apoderó de la estancia. Al momento una voz entrecortada de anciana le susurró al oído que se largara de su casa. La piel se le erizó y cubrió la cabeza con la manta ahogándose en un grito al ver el sonriente rostro de la muerte abalanzándose sobre él.
Okoto




Mabel
¡Vaya impresión! Un abrazo y mi voto desde Andalucía