Nada es lo que parece

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Elvirita era una novia mártir. En el pueblo era más que conocida la manía de Ramón, su novio. En cada cita la chica tenía que presentarle escrito en una libreta todo cuanto había hecho durante el día. Una obligación que ella cumplía sin falta, que para eso se tenía chico, con una letra regular escrita en tinta azul. Cuando se cumplieron los tres años de noviazgo, Ramón decidió marcharse a trabajar a unas minas del sur. El plan era conseguir el dinero suficiente para completar el comedor y casarse.

La espera duró un año. pero eso no suavizó la obligación de dar parte por carta de lo que había hecho durante la semana por carta. Algunos amigos y familiares llegaron a decirle en tono jocoso.

-Escribes más que el Tostao

Ella se encogía de hombros y seguía con su vida hasta que por fin él volvió, pero trayendo tras él a los familiares de otra chica, a la que al parecer, había dejado embarazada, de modo que él volvió con ellos al sur y se casó con ella. A los dos días Elvirita mostró síntomas de perder el sentido. Caminaba aturdida por la calle, no atinaba en el trabajo, escribía de forma compulsiva en el cuaderno hasta que un día se cayó desvanecida en los brazos de su madre. Estuvo en cama dos meses, presa de una fiebre tan alta, que fue necesario llamar al médico tres veces para bajarle la temperatura. Cuando por fin pudo abandonar el lecho la expresión de sus ojos tenía un fulgor extraño. Todos lo achacaron al lógico despecho por el comportamiento de Ramón, que había vuelto y se había instalado dos casas más abajo, de manera que se preocupó. e incluso muchos se alegraron cuando la vieron retomar su vida y tratar a su ex-novio como si fuera un desconocido. Sin embargo hubo quien se sorprendió por el hecho de que Josito, unl primo que estaba algo retrasado, la rechazase de la misma forma con la que antes la había querido.

-Bueno con estos retrasados, nunca se sabe, decían otros. Ya se le pasará

Al cabo de un cierto tiempo sus padres y unos cuantos amigos trataron de arreglar para ella, una boda con Chema el del Estanco. Al principio todo fue bien. El estanquero aceptó de buena gana el noviazgo. Viudo, dos hijos y un negocio que atender… Una ayuda era siempre bienvenida. Sin embargo dos domingos después el interesado dio marcha atrás.

-Pero ¿Qué pasó? le preguntaron a él sus allegados

-No lo sé, bueno. No me vais a creer, pero entiendo a Josito, me dio grima. El último día que quedé con ella, pensar que podía estar cerca de mis hijos, me dio miedo.

-¡Venga hombre! le dijo alguien. Si es un trozo de pan. Tus hijos necesitan que alguien los atienda ¿Qué vas a hacer ahora?

-Pues mira. Prefiero llamar a mi hermana, que está viuda y sin niños o mandarlos a un colegio internos, pero a ella, os lo juro por lo más sagrado, no la quiero cerca de ellos. Me recordó a una mujer que ví en la ciudad que… que me dió mala espina

-¿Ah sí? ¿y qué mujer?

– Bueno, ya sabéis..Además, hay otro detalle. Cuando les expliqué a ella y a su madre que era demasiado mayor para la chica, la última dio muestras de disgusto, y lo siento, pero Elvirita es que ni pestañeó.

-Pues peor para ella. Ya se arrepentirá

-No lo creo, remachó Chema

El tiempo transcurrió, Elvirita pasó su vida trabajando, ayudando en la iglesia, echando una mano a todos los familiares que la necesitaron, sin dar pruebas de lamentar su soltería. más bien al contrario, llenó su jubilación con todo tipo de pasatiempos que la mantuvieron activa y conectada con el mundo hasta que una insuficiencia cardiaca, puso fin a su vida.

Todo el pueblo asistió a su funeral, con el tiempo se había convertido en una institución. Al final del entierro se habĺó incluso de hacerle un homenaje .Dos días después Lalo, uno de sus sobrinos se acercó a la casa para sacar las pertenencias de su tía. Al abrir los armarios encontró las cosas en perfecto orden, en su caja correspondiente, y cada caja tenía indicado su contenido con esa letra regular en tinta azul. El hombre sonrió con tristeza. La buena tía Elvirita y se dispuso a continuar la tarea. De pronto el fondo del último armario que quedaba cedió, dejando al descubierto otras cajas de diferente tamaño y color, marcadas con una letra rápida y retorcida. Lalo enarcó las cejas sorprendido.

-A ver tita ¿De quién son esas cajas? ¿Qué hacían ahí escondidas?

Llenó de curiosidad cogió una de ellas y se puso las gafas para poder examinar la letra. No era como la de su tía, pero la forma de la G y la H eran muy similares.

-Que me aspen si lo entiendo, se dijo en alta voz y sin dudarlo la abrió. En su interior encontró un traje negro de cuero con todos los complementos de una dominatriz. Sin poder dar crédito a lo que veía fue abriendo una por una el resto de las cajas. En ellas no solo había trajes también había armas punzantes, que parecían…. manchadas de sangre y objetos personales ajenos a los hombres de la familia. Parecían trofeos, que iban acompañados por fotos de hombre…muy parecidos a Ramón, el antiguo novio y vecino durante tantos años. Con las piernas temblorosas, Lalo cogió una silla y se sentó. Necesitaba asimilar su descubrimiento.

Las cosas no son siempre lo que parecen.

Eso era lo que la tía Elvirita acostumbraba a decir. Todavía era capaz de verla con esa sonrisa… inocente ¿Podía decir eso? Pensándolo bien no. A él mismo le había dado no sé qué muchas veces al verla. Una tarde en la cocina de esa misma casa., su tía. acababa de decir aquellas mismas palabras. No recordaba bien el motivo, pero recordó que él mismo, con cinco años había dicho

-Tita, no sonrías así, das miedo.

La tía y los demás se rieron. Ocurrencias del pequeñajo Luego ella los mandó a jugar al jardín. Tenía cosas que hacer ¿Cuáles? ¿Ordenar las cajas? Por aquel entonces la abuela ya había muerto, estaba sola en la casa y una persona no mancha tanto ¿Entonces? Un nuevo  torbellino de ideas volvió a correr de nuevo por su cabeza. Durante algunos años varios hombres habían aparecido muertos en muchos barrios chinos en los mismos lugares donde había estado la tía. El caso nunca había sido cerrado.

Lalo deseó que aquello fuese una casualidad pero las fotos, los trofeos, los disfraces demostraban todo lo contrario. Una sensación de náusea le oprimió al mismo tiempo el pechos y el estómago. La casa de los abuelos se había convertido de repente en un lugar oscuro, lleno de secretos terribles. Por un momento llegó a sentir la presencia de la tita con aquella sonrisa tan dulce como terrible. Él no se consideraba un hombre miedoso, ni imaginativo en exceso pero esta vez dominando a duras penas el nerviosismo que lo atenazaba, cogió el manojo de llaves, cerró la puerta y se alejó sin mirar atrás .

La plaza se encontraba  animada a estas horas. Algunos vecinos los saludaron.desde las terrazas de los bares Lalo en un acto reflejo alzó la mano y continuó andando hasta que encontró un lugar tranquilo. Entonces respiró hondo para calmar sus nervios, sacó téléfonol móvil e hizo una llamada.

Al otro lado del aparato respondió

-Marina … Dile a los demás que vendemos… Si, ya lo sé, pero he cambiado de idea. Ya te contaré cuando llegue a casa… Pero llama a los demás ahora mismo y diles que vendemos.. .Por favor, no insistas, hablaremos cuando llegue. En esa casa hay fantasmas..

 

Comentarios

  1. jon

    5 julio, 2020

    Este artículo ya te lo había votado.
    Lo que te decía anteriormente, tienes una de las cualidades más hermosas que pueda desear un escritor.
    Seguro que te lo habrán dicho antes.
    Pues ya sabes. No lo dejes.
    Saludos

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