¡Sorpresa!

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*Aria cariño* Mi madre me zarandea para que me despierte. *Hemos llegado»

Salgo del coche y la veo, la casa esta como yo la recordaba, en medio del bosque, nuestros vecinos más cercanos son los Williams y ellos son un matrimonio de ancianos, nadie en el pueblo soporta a Patricia Williams, es de esas mujeres viejas que todo lo que hace el mundo le parece mal, excepto todo lo que hace su hijo. Su machista y retorcido hijo Víctor Williams. Es el peor de todos, es el capitán del equipo de baloncesto del instituto y se cree el rey de ese lugar. Suspiro ante la horripilante idea de que mañana lo tenga que ver. La casa es parecida a una pequeña granja, con una salvedad, es demasiado moderna para ser una granja, es ladrillo rojo, madera y un montón de ventanas. Parece súper acogedora desde fuera, desde dentro no puedo estar muy segura. Mi padre deja las maletas en la entrada de ladrillo rojo que tapa la calle y abre la puerta. Mi madre se acerca a mí y sorprendiéndome, me rodea con su brazo y sonríe.

 

*Espero que estes contenta de volver* 

No se si estoy contenta o he vuelto porque tenía que hacerlo. Algo me decía que terminara el curso en este instituto. Pero desde que e bajado del avión me siento como fuera de lugar, aunque haya sido mi hogar durante dieciocho años me siento más fuera de lugar que en casa. Mi madre me tapa los ojos con las manos y dejo de verlo todo, solo veo negro.

*¡Hey!*protesto *¿Que haces?*

*Solo ten cuidado con el escalón que tienes enfrente de ti* Mi madre parece divertida con la situación. *No te caigas* 

Suspiro. Mi madre siempre ha sido un poco intensa, en amor y en la vida en general. Algo que yo no he heredado de ella y que cada vez que esa faceta sale, me divierto más que con cualquier amigo. Incluso la primera vez que cogí mi primera borrachera, ella está conmigo. La primera vez que me bajo la regla estuvo ahí. Incluso cuando rompí con Brian a pesar de estar pasándolo mal por su divorcio, estuvo ahí para mí. Siempre ha estado para mí, igual que mi padre. Tal vez vaya siendo hora de perdonarlo. El pequeño demonio que vive dentro de mí, me mira, me mira pasmado y luego asiente. De acuerdo con mi decisión. Pongo los zapatos en el escalón, oigo un par de ruidos y como se cierra una puerta, supongo que la de la calle. Cuando mi madre me quita las manos, un montón de gente grita sorpresa al unísono con una gran pancarta que pone “Bienvenida (de nuevo) Aria” sonrió, sonrió como la actriz buena que soy. Mi madre sabe que no me gustan las sorpresas, sobre todo cuando hay medio Rodez High school, incluido Brian y…

*¿¡Sarah!?*

Pregunto y chillo a la vez, cuando se acerca. Sarah es o era mi mejor amiga, creo que la única que he tenido de verdad. Durante el divorcio de mis padres intente apartarla de mí en varias ocasiones. Ella siempre volvía para ayudarme, se lo agradecí siempre. Hasta el día en que ella decidió que era más divertido ir con los “populares del instituto” que conmigo. Sus ojos negros no se sorprenden de verme. ¡Quiero abrazarla! Pero eso no estaría bien, ya que jamás hemos hablado de lo que paso. Yo no pedí perdón, simplemente me fui sin decir nada. Aunque ella tampoco volvió a llamar.

*Hola Aria* menea la cabeza y luego me sonrie, con esa sonrisa suya que podria alumbrar el salon animalista lleno de gente de Rodez city. 

*Emm si…* digo saliendo del estado de shock que me ha producido verla *Hola Sarah*

Las dos asentimos, nos damos las manos cohibidas y no nos volvemos a dirigir la palabra en toda la tarde.

La fiesta ha sido un caos, siento que mi cabeza va a estallar, de tanto elogio que no viene al caso y de bienvenidas, que han sido más “Nos encanta tenerte aquí, pero si no hubieras vuelto mucho mejor”. Lo que me ha sorprendido de todo esto, aparte de que Sarah me ha mirado un par de veces y yo a ella, pero ninguna ha hablado. Es que no he visto a Bibiana y a Leah por ninguna parte. Sobre todo a Bibiana, sin revolotear al lado de mi padre cada cinco minutos.

Doy un rodeo por la cocina con la esperanza de encontrar algo para comer, que no sea ni lasaña, ni tarta casera de arándanos. Toda esta gente, según mi madre, ha venido a darme la bienvenida, pero ni si quiera se han parado a hablar conmigo más que una simple frase “¿Todo bien por Canadá?” o “¿este año también cojeras dibujo avanzado o literatura creativa?” estoy más que aburrida. El problema es que no puedo escabullirme. Estoy mirando el frutero, buscando una fruta que al verla me apetezca comérmela cuando, un pequeño ruido hace levante la mirada.

¡Mierda!

Al otro lado de la encimera de granito gris, los ojos color marrón miel y su pelo rubio platino (teñido claro) esta Leah Lemat. Suspiro y me siento en uno de los taburetes. ¡Por qué siempre tengo que encontrarme con ella! Tengo ganas de chillar, de echarla, de arrancarle todo el pelo platino uno a uno para que le duela más, aun así soy simpática.

*Leah* su nombre me sale con una sonrisa, una sonrisa que me parece falsa hasta mi. *Buenas noches*

*Creíamos que Canadá habria sabido cambiarte tu color de pelo* 

Empieza a reírse, mientras Karla y Angie, las dos gemelas y esclavas de Leah empiezan a reírse como dos pájaros que se atragantan.

 

*Creéme Leah, cuando te digo, que a mi nadie podrá cambiarme el color del pelo* cojo una manzana verde del frutero y le doy un mordisco mientras muevo mi pelo. *Y mucho menos me lo voy a cambiar, por que tu lo digas*

Voy a irme, pero como está claro, mi comentario le ofende y ahora vienen sus ataques, más que previsibles.

*Mi hermana destruyó tu familia*

Agrando los ojos, tiene razón. Pero haciendo caso omiso al diablo que me mira moviendo las manos en señal de “no digas eso, ni se te ocurra”, lo digo.

*Pues por lo que parece…* Miro a todo el salon y veo a mi padre, cogiendo a mi madre de la cintura y en una actitud demasiado cariñosa. *No le ha salido muy bien* 

Sonrió de nuevo y me doy la vuelta. Leah no contenta con la humillación de palabras, me tira del pelo para no dejarme ir. Eso me enfurece de tal manera, que cuando me giro la empujo con todas mis fuerzas. Es una rabia brutal lo que mi cuerpo experimenta. Me siento por primera vez mas liberada de lo normal. Siento como mi pecho sube y baja de forma irregular. Miro a mí alrededor y todos me miran, unos cuchichean, otros me miran como si acabara de decir que la tierra es plana y otros sueltan grititos asustados. Los miro y luego vuelvo la mirada donde todo el mundo mira. Leah está tirada en el suelo, a más de dos metros de mí, inconsciente. No sé qué hacer y lo primero que hacen mis piernas es salir de la casa oyendo los gritos de mi madre que me dice que me pare, pero no, no lo hago. Corro como nunca en mi vida, mientras las lágrimas mojan mis mejillas.

Comentarios

  1. Laura

    30 mayo, 2020

    Súper, me encanta. Sigo leyendo tu historia. A ver si de aquí sacas tu primer libro.

  2. Reyna Dark

    4 junio, 2020

    Oh Laura, muchas gracias por el apoyo 😀
    A mi también me encanta que te encante :3

  3. Esruza

    21 junio, 2020

    Sacar un libro no es fácil, pero inténtalo.

    Mi voto para el 10

    Estela

  4. gonzalez

    22 junio, 2020

    Me gustó mucho, Reyna Dark .Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  5. Reyna Dark

    26 junio, 2020

    Oye gracias gonazalez. Tu votó es súper importante para mi 🤩
    Un abrazo 🙂

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