AMOR TEÑIDO DE ROJO

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Volvió a mirar el reloj. Eran las 5:45 de la tarde y no había mucho que mirar a través de la línea dejada por la ventana tapada.

En ese instante, el sonido del comunicador se manifestó.

No pedí ningún paquete. Así que debe ser la señora Marget, pensó y se dirigió a la puerta. Oprimió un botón a un lado de ésta y en la pantalla salió, efectivamente, su rostro cubierto de arrugas.

-Steven, estás atrasado en la renta por tres meses. Ya sabes lo que pasa si llega al cuarto mes- dijo seriamente.

-Lo siento, señora Marget- dijo Steven tratando de aparentar arrepentimiento- Es cierto que me atrase con el pago. Ahorita lo arreglo. ¿Le gustaría efectivo o basta con una transferencia?

-La transferencia será mejor-  dijo y cerró la comunicación. Era una persona de pocas palabras, pero no le gustaba mucho tratar con ese joven. El único residente del quinto piso del edificio desde hace cinco años, le parecía extraño: no salía durante el día, desconocía si trabajaba o no, sus ventanas estaban fuertemente tapadas, no hacía ruido excepto cuando le daba por poner su equipo de música a todo volumen durante el día (hecho que si ocurría tres veces al año era mucho), le llegaban paquetes entre grandes y pequeños todas las semanas y nunca se quejaba ni se relacionaba. Si tuviera que usar una palabra para describirlo bien seria: misterioso.

Bien, con esto no me molestara por los próximos seis meses, pensó Steven cuando hizo la transferencia. Se puso a revisar las noticias por el internet: estos 60 en comparación con los anteriores están aburrido. Los países del sexto continente al borde de un colapso económico. Los caballos en peligro de extinción por los traficantes de órganos. El cerebro electrónico implantado en el paciente chileno ha resultado todo un éxito. La nueva red social, FACE, será lanzada a finales de año ¿MARVEL finalmente cerrara sus puertas? La nueva película de Disney será de clasificación M.

-El mundo humano siempre está entre el orden y el caos- dijo Steven cerrando la pantalla y dejándola sobre la mesa. Miró el reloj y vio que eran las 6:12 de la tarde.

Todavía falta, pensó Steven algo ansioso y sintiendo que lo único intangible en la humanidad era el tiempo que pasaba de la misma manera sin importar los siglos.

Por fin eran las 6:45 de la tarde, Steven estaba ante la ventana que ya podía descubrir más por la poca intensidad de la luz del sol. Estaba sintiendo ya su olor, lo que significaba su cercanía al edificio. Miró por la ventana y, efectivamente, aquel chico estaba pasando.

El edificio donde vive queda cerca de una estación de metro, a cuatro calles más, y lo descubrió hace un año y ocho meses porque coincidía con su hora de salida y también por su dulce aroma. Aspiró con fuerza hacia el chico, pese la distancia, sintiendo toda su vitalidad; era uno de los pocos humanos en la ciudad que olían así y sintió un cosquilleo en los dientes.

El chico pasó el edificio y se perdió de su vista. A pesar de él, todavía no había dado un paso: lo estaba dejando para una gran ocasión.

Pero, por los momentos, había otro asunto: Steven ya podía salir.

-Hoy usare la ventana- dijo Steven y la abrió más para salir por ella. En ocasiones podía usar también la puerta de la entrada del edificio, pero ya quería salir. Por lo que volviéndose invisible salió y se lanzó al vacío volando como todo vampiro sabe hacer.

Sintió el aire pasar por su cuerpo y voló más alto para traspasar los altos edificios de la ciudad. Lo único que lamentaba era que en el cielo no hubiera luna esa noche, pero eso era algo bueno también, ya que la cacería podía extenderse gracias a la oscuridad extra.

Se dirigió a uno de los grandes callejones donde percibió el olor humano. Para un vampiro, ver en la oscuridad no era un inconveniente, y Steven vio a tres personas ahí: un anciano durmiendo en una caja de cartón, una mujer sucia que no dejaba de temblar y un hombre tirado en el suelo con una botella vacía. Steven escuchó sus respiraciones: dormían como mejor podían; pero no serían un problema, por lo que se acercó, primeramente, al anciano y consumió toda su sangre, luego a la mujer y por último, al borracho. Lo único malo era que la calidad de la sangre no era muy buena, era rancia y con un sabor algo podrido debido a las drogas, al alcohol o a una enfermedad en vez de ser jugosa y llena de vitalidad como la gente sana y joven. Pero eso era lo que abundaba en los callejones, donde se podía pasar desapercibido; en las calles, en cambio, un vampiro está muy expuesto a ser descubierto. Además, la desaparición de un joven llama mucho la atención mientras que la desaparición de un indigente o enfermo, a nadie le importa ni le afecta, y, lo mejor, nadie investiga.

Sin embargo, existía una opción para solventar esa “mala comida”, más si era noche de luna nueva, Steven fue a la calle y percibió el olor de una mujer a tres calles. Se dirigió rápidamente hacia allá y la vio: era una mujer joven con uniforme de secretaria. Tenía una expresión de cansancio en su rostro.

Steven se situó detrás de ella evitando hacer movimientos que produjeran ruido.

-Señorita, disculpe, ¿Podría decirme la hora?- dijo educadamente.

La mujer, entre sorprendida y temerosa, volteó la cara y al mirar a esos ojos de matiz dorado, sintió como su conciencia se desvanecía.

-Súbase la manga del brazo derecho y estire el brazo-  le dijo Steven.

La mujer lo hizo sin ningún cuestionamiento ni resistencia.

Steven le hizo un pequeño corte en el brazo con una de sus uñas y espero a que la sangre brotara. Empezó a tomarla, pero no debía consumir demasiada para que la humana no se viera severamente afectada por la perdida.

– ¿Vive cerca? -preguntó Steven cuando termino.

-A tres calles. En un edificio que queda en la esquina al cruzar -dijo mecánicamente la mujer.

-Bien. Váyase rápido a casa y cuando encienda la luz, se dará cuenta de que misteriosamente se cortó con algo_ dijo Steven y la mujer, al instante, se fue cumpliendo con la orden.

Al alejarse la mujer, Steven se fue para encontrar más “presas” para alimentarse, ya que tenía toda la noche para hacerlo.

Cuando volvió a casa, a una hora del amanecer, Steven cubrió todas las ventanas nuevamente. Se quitó la ropa manchada de sangre y tomó una ducha para refrescarse. Luego se sentó en el sillón pensando que hacer para pasar el día, si se concentraba lo suficiente podía oír a sus vecinos levantarse para ir a correr o hacer el desayuno.

Podría leer o ver todas esas temporadas de series que tengo, pero a Steven le faltaba eso que los humanos llamaban “entusiasmo”. No le entusiasmaba nada, hacia todo por hacerlo, su única “preocupación” era el sol y la sangre; y una vez saciada la necesidad de sangre, un vampiro podía estar tranquilo por unos días. No obstante, no sabía de qué manera invertir el tiempo para los próximos días, y es que con 388 años, un vampiro puede decir que ha visto y vivido de todo.

Steven vio el reloj. Eran las 6:45, por lo que el chico pasaría pronto. Sin embargo, pasaron cinco minutos y no aparecía, tampoco captaba su olor.

-Hoy no hay ninguna fecha especial para tener el día libre- dijo tras ver el calendario-  A lo mejor se enfermó. A los humanos les pasa eso.

Por alguna razón, no quedó conforme con eso. Así que decidió esperar a que pasara, ya que el último tren sale a las 7:45, por lo que el chico tenía algo de tiempo. Eran las 7:15 y nada que pasaba, seguía esperando a pesar de ser prácticamente de noche. Estaba extrañado por el inusual retraso. Sentía también un malestar en su pecho, algo que no era común en un vampiro.

Las 7:30 y ni rastro de él…

-Le quedan quince minutos- dijo Steven- ¿Qué demonios?- reclamó de mala gana- Ni siquiera tengo una razón para hacer esto, solo estoy perdiendo el tiempo- dijo cuestionándose-. Sera mejor que salga…

En ese instante, Steve percibió su aroma. Lo hizo nítidamente, pero también olió algo inusual, algo que no había olido nunca en él: miedo.

Trataba de mantener la calma, pero le era difícil hacerlo. Si llegaba a la estación, estaría a salvo, pero le quedaban menos de quince minutos para poder tomar el tren. Si no se hubiera tardado tanto en la consulta con el profesor, esto no le estaría pasando, ya que las noches siempre han sido peligrosas. Miró disimuladamente hacia atrás: los tres hombres seguían tras él.

No sabía cómo perderlos y su celular estaba sin batería, por lo que no podría comunicarse para pedir ayuda. Si se echaba a correr, estaría perdido. Llevaba días leyendo en los periódicos y en internet casos de personas desaparecidas que se encontraban después sin órganos. El tráfico de órganos se había convertido en el nuevo imperio de los traficantes luego de que buena parte de las drogas se habían legalizado en las últimas décadas. Esos hombres podían ser parte de una de esas bandas, o de algo más, y él solo sería una víctima más para las noticias.

De repente sintió como los hombres aumentaban la velocidad de sus pasos. No pudo controlarse más por el miedo y echó a correr. Los hombres también corrieron; la ansiedad y el pánico no permitieron que razonara bien y, equivocadamente, entró en un callejón creyendo que estaría a salvo.

– ¿A dónde crees que vas, preciosa?-  escuchó bastante cerca y detrás de él. De repente, sintió como una mano tomaba su cabeza y la empujaba con bastante fuerza hacia el suelo.

Un dolor impensable fue lo que sintió por toda su cara. La sangre brotaba de su nariz y labios partidos por el impacto, incluso sus lentes se habían roto. Los tres hombres lo rodearon en círculo y reían cruelmente por su estado.

-Por favor, no tengo mucho dinero y no llevó nada de valor. Llévense mi celular, por favor-  suplicó mirando al hombre que tenía al frente: llevaba el pelo largo y tenía un piercing en la nariz.

-Y, ¿quién dijo que queremos eso de ti, preciosa, cuando puedes darnos otra cosa?

Al decir eso, empezaron a golpearlo y patearlo por todo el cuerpo. Trato de cubrirse la cara, pero era inútil. El dolor iba aumentando y volviéndose insoportable.

-Los tipos como tú solo son unos debiluchos, ¡Dan asco, niñita!-  dijo el tipo del cabello largo, que sin duda era el líder, cuando se detuvieron- ¿Te miras en el espejo, acaso? Yo que tú no saldría al mundo con esa cara de marica; y como todos ustedes además son una zorras, pues, eso es lo que haremos contigo.

El chico sintió como le bajaban los pantalones.

– ¡No, por favor! ¡Deténganse! ¡No me hagan eso! ¡Eso no!- decía y trató de resistirse, pero sintió un fuerte pinchazo en su nalga: le habían inyectado algo.

-Así dejaras de moverte y no tendremos que oírte gemir mientras te la metemos.- dijo el líder mientras se reía y le pateaba la cabeza.

El chico sintió como su cuerpo estaba quedando sin fuerzas, entumecido por la droga; su boca se sentía reseca y su visión se estaba perdiendo. No quería perder la conciencia, no quería despertar después sabiendo que ese horror se hizo realidad y que su cuerpo sería una prueba permanente.

Que alguien me ayude, por favor… quien sea… ayúdenme…, pidió antes de quedar inconsciente y a la merced de una terrible pesadilla.

-Jefe, ya está listo. Podrá hacerle lo que quiera- dijo uno de los hombres luego de tomar el pulso al chico.

-Ahora, ustedes dos esperen ahí mientras termino, ya verán como se…- dijo el líder sacándose el miembro, pero se fijó en una presencia que estaba a poca distancia de ellos- ¿Qué pasa, men? ¿Te perdiste o es que también quieres disfrutar? Tendrás que esperar porque eres el último-  dijo riéndose pero la presencia no decía nada.

De repente, aquella presencia emitió un chillido y mostró unos ojos que no eran los de un ser humano: fue lo último que ellos vieron y oyeron.

Steven lo depositó con cuidado sobre la cama. Tenía el cuerpo lleno de moretones y rasguños, pero la droga era tan potente que no sentiría nada hasta despertar dentro de unas horas.

Tengo que curarlo, pensó pero sus manos todavía tenían la sensación de hace un momento, ni siquiera sus uñas habían vuelto a la normalidad. Así no podría hacer nada. Tenía que serenarse primero, pero el olor de la sangre lo estaba estimulando mucho.

Salió un momento del cuarto, se quitó toda la ropa y se dio un baño con agua caliente para relajarse y a la vez limpiarse. Cuando terminó, tras ponerse ropa limpia, volvió al cuarto y detalló por primera vez al chico que durante tanto tiempo vio tras la ventana: era alto; de musculatura delgada pero fuerte, como la de un nadador o ciclista; su cabello era castaño y algo desordenado; los rasgos de su cara eran atractivos, como los de los modelos en las revistas para chicas. Vio cómo su pecho bajaba y subía, y escuchó el latir de su corazón bombeando sangre. El dulce aroma de aquella sangre se había hecho intenso por la inesperada cercanía, Steven sentía un cosquilleo muy excitante en los dientes que lo impulsaba a tomarla. Así que acercó sus colmillos al cuello.

Sólo hay dos cosas que hacer con un humano: alimentarse o convertirlo. Y Steven no estaba interesado en la segunda opción.

De repente, el chico se movió dándose la vuelta, alejándose de los colmillos de Steven. Seguía durmiendo.

-Que puedas dormir así es como una oveja dormida en la cueva de un lobo-  dijo tranquilo, pero sin dejar de mirar su cuello.

Buscó la cobija y lo arropó con ella para que no tuviera frio e, inexplicablemente, pasó su mano por el cabello y la frente. Sintió la calidez y la suavidad de su piel, distinta a la suya, y tuvo un recuerdo o la sombra de uno que pasó hace muchísimo tiempo: una mujer haciéndole lo mismo antes de dormir. Steven supo que era la madre que tuvo cuando había sido humano, pero no recordaba nada más de ella así como otras cosas de ese tiempo. Salió del cuarto, cerrando con cuidado la puerta y procuró no hacer ruidos en lo que quedaba de noche.

Despertó lentamente, su vista no estaba muy enfocada por la oscuridad alrededor. Se incorporó y trató de encender la luz, pero no estaba la lámpara ni la mesa de noche al lado de su cama. De repente, una multitud de recuerdos abrumadores pasaron por su mente, llenándolo de pánico. Se levantó pero cayó al suelo, sus piernas estaban pesadas. Vio un interruptor en la pared y lo encendió tras un esfuerzo.

Este no es mi cuarto, ¿Dónde estoy? pensó al ver el extraño lugar. Trató de recordar lo que pasó anoche, pero los recuerdos eran algo confusos. También se dio cuenta de algo: no tenía moretones y ningún tipo de dolor. Habría jurado que me golpearon mucho, pensó tocándose el cuerpo, en especial, la cara. Quiso verse en un espejo pero no había ninguno en ese cuarto. ¿Y esta ropa? No es la que llevaba puesta.  

La puerta se abrió en ese momento.

– ¿Ya estas despierto? ¿Cómo te sientes?- dijo un hombre desconocido tras ella.

Al no reconocerlo, sintió mucho miedo. Las piernas volvieron a fallarle, pensó en esconderse, pero no era posible.

-No tienes por qué tener miedo. No voy a hacerte daño, solo quería saber si estabas mejor. Lo siento, te dejare para que sigas descansando…

– ¡Espera!- dijo evitando que se fuera- ¿Qué es este lugar? ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?-  preguntó tratando de sonar tranquilo.

-Estas en mi casa. Estamos en un edificio que está a cuatro calles de la estación. Yo solo te ayude anoche.

-Lo siento si parecí grosero, es que estoy muy confundido, no tengo claro lo que me paso y no te conozco. Lo siento.

-Está bien. Creo que actuaría igual si me pasara algo así; no es como si pudieras estar tranquilo en la casa de un completo desconocido. ¿Puedes ponerte de pie?-  dijo acercándose.

-No, siento muy pesadas mis piernas.

-A lo mejor la droga sigue haciendo efecto. Ven, te ayudaré-  dijo teniéndole las manos.

Algo desconfiado, tomó sus manos para apoyarse, pero sintió algo extraño en ellas: eran frías, no como temperatura corporal sino el frio de un objeto, como el de la cerámica, y eran algo rígidas también. Pudo pararse.

Al estar de pie, pudo ver con más detalle al hombre que lo ayudo: era más alto que él por unos centímetros; su constitución era fuerte e intimidante; su cabello negro y rizado le llegaba hasta los hombros; los rasgos de su cara parecían europeos y sus ojos eran lo más llamativo, ya que tenían un color indescriptible y eran brillantes, parecían joyas. Sin embargo, la sensación que transmitía era siniestra y misteriosa. En su interior había algo que le decía que debía salir rápido de ahí.

– ¿Puedo saber tu nombre?- preguntó- Así al menos no seremos “desconocidos” sino “conocidos”-. Sonrió un poco.

-Soy Nicolás, Nicolás Alan Edword- contestó Nicolás con dudas.

-Mucho gusto, yo soy Steven Dorian Gabriel Rice Roffus Narnen.

Nicolás vio que la expresión en su cara era desconcertante como si hubiera dicho algo que no debía.

-Debes tener hambre. Quizás sea pretencioso de mi parte, pero cocine para dos por si despertabas. Ven.

Nicolás no sabía cómo actuar o responder. Todo le parecía anormal, pero necesitaba respuestas. Así que siguió a su extraño “salvador” despacio.

Al salir del cuarto, vio que casi todo el lugar estaba oscuro. La luz estaba puesta en su mínimo nivel, pero cuando sus ojos se adaptaron, observó que era un apartamento amplio con cierto desorden y que todos sus equipos electrónicos eran de última tecnología, algo imposible para él.

¿Quién será? ¿En dónde trabajara? pensó Nicolás al ver que el televisor era el último modelo que salió hace tres meses a la venta.

– ¿Todo está bien?

-Sí, perdón-  dijo Nicolás y se acercó a la mesa.

Nicolás se quedó perplejo porque en la mesa había demasiada comida para ser un desayuno de dos personas: había ensalada de frutas, tortillas, huevos fritos y revueltos, panquecas, pan tostado, sándwiches y arroz frito.

– ¿Quieres café o jugo?-  le preguntó Steven mientras se servía una taza de café.

-Disculpa, quisiera saber antes unas cosas: ¿Qué fue lo que paso? ¿Cómo fue que me ayudaste? ¿Dónde están mis cosas? Antes mencionaste una droga y yo no estaba golpeado, ¿Acaso…?

Steven dio un sorbo a su taza de café.

-Tus cosas están sobre el sillón. Creo que son todas- dijo señalándolas- No sé lo que paso anoche, yo solo estaba pasando por el callejón cuando vi a tres hombres metiéndote en el contenedor de basura para luego huir. Decidí ayudarte para evitarte incomodidades con la policía. Supuse que estabas drogado porque tu pulso estaba débil y no respondías; y si estabas algo golpeado, pero use ungüentos para curarte- terminó de hablar.

– ¿Ungüentos? – preguntó Nicolás palpándose la cara con asombro.

Steven asintió débilmente.

Eso hizo que Nicolás sintiera mucha curiosidad por Steven. Pero no dijo nada más, se sentó y empezó a comer, y para su sorpresa, todo estaba delicioso.

– ¿No tendrás inconvenientes hoy?-  preguntó Steven al salir del apartamento.

-No, me quedare en casa. Muchas gracias por todo. Prometo pagárselo- dijo Nicolás.

– ¡Deja eso ya! Me has agradeciste bastante. Te escoltare hasta la entrada. El edificio no tiene ascensor- dijo Steven sin importancia dirigiéndose a las escaleras.

Mientras bajaban las escaleras, Nicolás vio una aptitud muy extraña en Steven, pero no era capaz de describirla, era como si estuviera en guardia. También notó algo raro en los vecinos que pasaban por los pasillos, ninguno lo saludó, sino que lo miraban extrañado como si fuera la primera vez que lo veían. Al llegar a planta baja, Steven se detuvo, manteniéndose en la parte con sombra, y le señaló la puerta.

-Ahí al lado se encuentra el botón para abrir la puerta.

Nicolás vio que había mucha luz solar llenando casi todo el pasillo. Le quería preguntar por curiosidad, pero sentía que no debía. Además, volvió a sentir esa sensación de alerta de antes que le indicaba salir rápido de ahí.

-Gracias por todo. Nos vemos -dijo Nicolás caminando con tranquilidad, evitando correr como quería hacer. Sintió un leve escalofrío en la espalda al tenerlo atrás, pero se calmó al salir del edificio y verse rodeado por la luz. Al voltear, vio que Steven ya no estaba ahí.

Steven no dejaba de golpearse la cabeza con la pared aunque no sentía dolor con eso.

-Soy un estúpido, un grandísimo estúpido, ¿Qué fue toda esa actuación mal hecha?- volvió a golpearse- De seguro sospecha algo. Además esto… ¿En qué lio me metí?

En la televisión estaban transmitiendo la noticia sobre el brutal asesinato de los tres desconocidos. Informaban las acciones que tomaría la policía al respecto porque se podría tratar de un psicópata y las previsiones que debía tomar la población.

En internet había toda clase de comentarios animados: había pasado mucho tiempo desde que escuche tantas sirenas de policías juntas ¿Sera un nuevo Jack el destripador? ¡Que emoción! Creí que con tanto avance se había hecho algo para eliminar el gen psicópata. Toda la escena era un charco de sangre. A la policía le costara identificarlos por el estado en que quedaron los cuerpos. A lo mejor eran unos ladrones. Se lo merecen, las plagas de la ciudad deberían ser eliminadas así. El primer cuerpo está todo cortado en trocitos, mientras que el segundo esta reventado de la cintura para arriba, hasta sus huesos estaban reventados; en cuanto al tercero, le arrancaron los órganos y se los destrozaron como si fueran frutas ¡Qué horror! Escuche que al primer cuerpo le habían arrancado la cabeza y se la estrellaron contra la pared  ¿Qué clase de persona haría algo así?

-Debí haberme desecho de los cuerpos en vez de dejarlos así como si nada, ¡Que estúpido! Preferí asegurarme que él estuviera bien_ dijo, airado, sentándose. Había apagado el televisor- Si las cosas se ponen más escandalosas, tendré que irme de la ciudad.

Los cazadores eran una organización de los gobiernos mundiales, desde la época medieval, especializados en vampiros para eliminarlos, pero, al igual que los vampiros, ellos también permanecían en las sombras evitando llamar la atención.

Steven trató de serenarse, pero volvió a recordar los acontecimientos de la noche: su cuerpo estaba lleno de algo que no había sentido hace siglos, ira. Estaba furioso, quería matarlos y hacerlos sufrir mientras agonizaban por sus depravados pensamientos. Con el primero no se sintió satisfecho hasta haberle arrancado la cabeza; el segundo trató de escapar pero lo detuvo dándole una patada; el tercero le disparó con un arma, pero no le sirvió de nada antes de ser perforado. Sólo quería matarlos.

-¿Por qué hice eso? Es solo un humano; ni siquiera vale la pena ir tan lejos y arriesgarse por una buena “bolsa de sangre”. Tantas cosas que he visto en las calles y me involucró en una donde todo puede complicarse- se dijo Steven duramente, pero aspiró con fuerza y captó el olor del chico, Nicolás, en buena parte del apartamento, en especial el cuarto. Eso lo relajó mucho y admitió, inconscientemente, que aquel olor humano le gustaba mucho.

Steven se quedó tres días en el apartamento esperando que todo se calmara un poco. Aquella noche saldría a alimentarse, por lo que esperaba junto a la ventana. Miró el reloj y vio que faltaba veinte minutos para las 6:45. Sin embargo, sabía que Nicolás no pasaría ese día como en los anteriores. Supuso que con lo que paso, Nicolás modificó algunos aspectos de su vida para no volver a tomar esa calle. Los humanos suelen actuar así en ocasiones cuando les pasa algo desagradable.

Steven procuró no pensar en eso, pero había captado el olor de Nicolás dentro del edificio. ¿Sera posible? Esperó y escuchó sus pasos antes de detenerse al frente de su puerta. El sonido del comunicador se hizo presente.

¿Para qué habrá venido? Es un mal momento para que este cerca de un humano. Steven decidió que haría como si no estuviera. Así Nicolás se marcharía. Pero volvió a sentir ese extraño malestar en su pecho que no tenía explicación, era como si quisiera verlo para estar tranquilo. Por lo que se acercó a la puerta para percibirlo más, el olor de la sangre estando tan cerca hacia que la garganta le ardiera. Su mano, como si actuara con voluntad propia, oprimió el botón donde se mostró la pantalla.

-Buenas tardes, sé que podrá parecer extraño, pero me gustaría hablar contigo-  dijo Nicolás a través de la pantalla.

Steven vio que estaba afligido. Por lo que abrió la puerta sin pensarlo mucho.

-Tenía tiempo sin verte, ¿Cómo has estado?-  dijo a modo de saludo.

Nicolás se estaba acomodando sus lentes de montura grande. Steven vio que esa montura junto con el peinado, no le favorecía nada a los rasgos atractivos de su cara.

– ¿Quieres pasar?

– ¡No! Estoy bien aquí-  dijo Nicolás casi en voz alta. Estaba muy nervioso.

Steven podía sentir su nerviosismo, emanaba de todo su cuerpo como un estado permanente de alerta. Eso lo irritó un poco, ya que parte de ese nerviosismo era ocasionado por él.

-Tengo cosas que hacer. Si no tienes algo que decir, tendrás que disculparme- dijo sin molestarse en ocultar su enojo. Iba a cerrar la puerta cuando Nicolás lo detuvo.

-Espera, lo siento, es que yo… -empezó a decir-  Quiero que me digas lo que paso esa noche. Vi las noticias y recuerdo lo que paso. Por favor.

-Puedes pasar-  dijo Steven sin estar seguro de lo que hacía.

Nicolás pasó al apartamento, vio que la luz estaba más intensa que la vez que estuvo ahí.

-No sé exactamente lo que quieres que te diga. Ya te lo dije todo- dijo Steven manteniéndose alejado. La garganta le ardía pero podía contenerse.

-Estos días fui al médico por una revisión general, también consulte a un psicólogo. Cuando vi las noticias aquel día en la tarde y vi a los hombres que fueron asesinados, quedé en shock. Yo los recordaba, yo los vi- explicaba Nicolás- quizás antes de morir. Pero, quiero saber, por favor, quiero que me digas…- Nicolás se quedó mudo, pero Steven sabía lo que quería preguntar. No se atrevía a formularla por miedo. Temía preguntarle: “¿Fui violado?”.

Steven se acercó y colocó sus manos sobre los hombros de Nicolás.

-A ti no te pasó nada. Estás bien. Aquella noche, al pasar,  los escuché discutir y vi cómo te metían dentro del contenedor de basura. No tenías nada, excepto unos golpes. Puedes estar tranquilo- dijo Steven con mucha seguridad.

-Pero terminaron siendo asesinados- dijo Nicolás un poco más tranquilo.

-Sí, algo terrible pero a la vez alentador porque no volverán a hacerle daño a nadie. En las teorías que maneja la policía está la venganza, y eso pudo haberles sucedido.

-Suenas como si estuvieras convencido de eso, no, como si estuvieras involucrado-  dijo volviendo a sentirse inquieto.

-No seas tonto. Los nervios te hacen divagar-  dijo tratando de levantar las manos, pero no lo hacía, más bien apretaba sus hombros. La garganta comenzaba a arderle mucho, el miedo y la angustia de Nicolás estimulaba más su apetito.

– ¿Podrías soltarme, por favor? Me lastimas un poco- dijo Nicolás viendo como los ojos de Steven se tornaban de color rojo-  ¿Cómo puedes hacer eso? ¿Qué cosa eres tú?

No hubo ninguna respuesta, la conciencia de Nicolás se había ido.

Steven lo soltó y se planteó la situación.

– ¡Qué mal! Pero será lo mejor. Podría borrar tus recuerdos y así continuarías con tu vida como si nada, pero también podría matarte para acabar con tu penosa vida. Extiende más el cuello-  dijo Steven y Nicolás lo hizo.

Estaba acercando los colmillos pero se detuvo a pesar de su sed. Volvía a sentir esa extraña sensación en su pecho.

Eso era algo inaudito.

– ¿Por qué? Sólo eres un humano y no eres nada especial- dijo alejándose y tocándose la garganta.

Steven lo observó detenidamente. Era bien parecido, eso sí, pero no tenía nada para ocasionarle esa molestia en el pecho.

¿Por qué este humano me provoca esto? Jamás me había pasado antes con ningún otro. Se colocó una mano sobre el pecho para tratar de comprender esa sensación. Era como un latido cuyo sonido recorría todo su cuerpo. Después de escucharlo por un momento, no le parecía un sonido desagradable. Al igual que el olor de Nicolás.

-Es como cuando era humano. Ignoraba que el corazón de un vampiro pudiera latir así- dijo con cierta nostalgia

Se acercó más a Nicolás y, con extrañeza en las manos, tocó su cara. Podía sentir su suave piel y la sangre fluyendo a través de ella. Tocó su pelo y era la misma sensación. Por último, quiso tocar también sus labios; lo hizo desde el inferior hasta el superior, y sintió el deseo de besarlos. Se iba acercando a ellos, pero se detuvo por el olor de la sangre y porque no estaba bien.

Humanos y vampiros no pueden estar juntos. Nuestras especies no están hechas para convivir en armonía. Pero, si lo convierto en vampiro, no existiría ningún problema y podríamos estar juntos.  La garganta le ardió porque su sed se intensifico.

¿Pero eso sería lo mejor para él? Nunca he tenido una pareja, no sabría tratarlo. Consideró el asunto como algo muy serio. ¿Qué sería lo mejor?

El ardor ya era insoportable.

-Espérame aquí. No te muevas- dijo Steven a un Nicolás cuya conciencia no respondía a su voluntad. Salió por la ventana buscando saciar su insoportable sed.

-Gracias por acompañarme esta parte del camino. Lamento las molestias- dijo Nicolás.

-Está bien. No tienes que disculparte tanto, incluso podrías tratar de tutearme. – dijo Steven.

-Pero si apenas nos conocemos.

-Eso estaría bien si fuera un anciano- dijo Steven riéndose.

Nicolás también se rio, pero en el fondo sintió un poco de vergüenza.

-La verdad, te agradezco por haberme ayudado ese día. Estaba muy asustado y temí lo peor hasta que apareciste.

-Eso no fue nada. Cualquiera te hubiera auxiliado en medio de ese robo. No pasó a mayores porque huyeron enseguida.

-No creo que nadie se hubiera arriesgado por un desconocido. Ya nadie hace eso. Pero esos tres terminaron siendo asesinados esa noche, ¿crees que la policía tiene razón al decir que fue una venganza, Steven? –  dijo Nicolás con cierta incomodidad.

-Es lo más probable. La ira puede ser peligrosa. Cambiemos el tema, ¿vives cerca de aquí? ¿Estás solo?- dijo Steven encontrando más agradable este Nicolás que el anterior.

-Vivo solo en una residencia que está en el centro. A dos cuadras de la Biblioteca Número 05. No soy de la ciudad. Estudió el tercer año de literatura en el Universidad West.

-Es muy interesante- dijo mientras pensaba que podía hablar cualquier cosa con Nicolás, porque no era difícil entablar una conversación con un humano.

– ¿Te gustaría ir a comer? – preguntó Nicolás. -Me gustaría pagarte de esa manera el favor. Además, así podemos hablar de más cosas cómodamente; me gustaría saber más de ti, Steven.

Steven sonrió; algo que no solía hacer con mucha frecuencia.

-Sí, me gustaría. Pero, ¿no se te haría muy tarde? Ya no pasarán los autobuses ni los trenes.

-No importa. Puedo tomar un taxi.

Y continuaron hablando. Steven vio que había hecho lo mejor para Nicolás, no se atormentaría más por lo ocurrido esa noche. Sin embargo, quería saber si podía sentir más cosas siendo un vampiro, saber qué tenía para ocasionarle esos latidos y si valía la pena convertir a Nicolás, hacerlo igual a él.

Si lo convierto y se vuelve mi pareja, ¿qué pasaría? Nunca me ha interesado tener una pareja como a otros vampiros, pero él a pesar de ser un simple humano… me atrae mucho. No entiendo lo que siento, pero quiero estar a su lado.

Steven se lo tomaría con calma, pero también con precaución, tiempo era lo que tenía de sobra, y podría ser que con 388 años de edad, todavía no había visto ni vivido de todo.

Comentarios

  1. Mabel

    30 junio, 2020

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

  2. Naufragoenlaluna

    27 julio, 2020

    El texto es muy largo, pero me ha gustado. El nombre del vampiro da miedo: Steven Dorian Gabriel Rice Roffus Narnen 😉

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