El Pipión

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El Pipión habitaba en una casona antigua y soleada en calidad de arrimado. El cuarto en el que dormía era el del fondo, el más estrecho y abandonado de la casa. No había luz eléctrica ni baño, sólo una inmunda bacinica. El cuartucho siempre estaba medio cerrado porque por dentro parecía un cuchitril –y como estaba situado al final del patio y antes del comedor– la abuela trataba de ocultar semejante vergüenza.

El Pipión compartía el cuarto con don Alfonso y algunas telarañas en calidad de agregados al clan del patriarca que,  ante la improductividad y fracaso de su progenitor, decidió ayudarle con el alojamiento y la manutención de sus dos hijos mayores. El padre con su hijo el pecoso en el cuartucho… Y la abuela con su hija, la sumisa compañía, a la que le tocó mejor suerte al lado de la abuela.

La suerte de los varones fue desastrosa: los trataron como a unas ladillas que lo único que producían era malestar. Así que, refundidos en el cuartucho, empezaron a producir y acumular basura. La abulia de ambos impedía la limpieza… y la abuela dejó displicente y negligentemente que así sucediera. Se mimetizaba aquello de que «de tal palo tal astilla».

Etiopatogenia en tiempos del Covi. El pipias, ante el abandono tanto material como emocional del clan, empezó a desarrollar una conducta rebelde, neurotizante y valemadrista. Pero lo peor: desarrolló un cuadro de enuresis sicógena o sea de micción nocturna involuntaria, que lo convirtió en un «pipión» incorregible.

El pobre pipiaba y pipiaba para manifestar su perturbación emocional y los demás lo dejaban anegarse en sus propias excrecencias. Como a su compañero de cuarto le daba lo mismo, aquello se volvió una pudrición insoportable. Colchones y colchones se pudrieron por los “miados” nocturnos del chamaco. Sin luz sin baño sin limpieza y hambriento, el apestoso pipias vivía como un expósito: expuesto a las plagas y a las vagas.

Así fue que las pulgas empezaron a invadir progresivamente su camastro. El olor, la podredumbre y el abandono se convirtieron en el hogar cálido y nutricio para las pulgas, las que pululaban y saltaban entre las sábanas hechas garras. Cuando por la mañana, el frío de la micción despertaba al infame Pecas, este se acurrucaba en la orilla de la cama pero los piquetes de las pulgas le impedían conciliar el sueño. Se destapaba entonces con la primera luz del alba y empezaba a atrapar a las golosas pulgas que empezaban a saltar para escapar de la luz y de las uñas mortíferas del sacrificado pipión.

La escena imborrable y terrorífica del pulgoso fue aquella en la que el pipias levantaba la almohada y descubría el enjambre de pulgas cohabitando con unas enormes chinches, las que, al contacto con la luz y los golpes del chaval, escapaban saltonas y burlonas por entre las sábanas y el colchón pútrido. Las chinches panzonas, torpes y jugosas, se despanzurraban con los golpes del prepúber y dejaban su mancha púrpura olorosa, cuasi catamenial.

El Pipión creció y sufrió inexorable padeciendo la horrorífica experiencia. Hasta que la pubertad lo dotó de los mecanismos biológicos de control miccional: dejó de inundar los colchones, botó a la abuela y se encaró a la vida en la casa de su madre.

Y aunque siguió siendo un «pipión», el ambiente propicio de ninfas y púberes vecinas le ayudó a canalizar ese «inconveniente» por la vía de la eclosión seminífera. Así empezó su afición por los receptáculos de las púberes a quienes seducía con su precocidad sexemocional resolviendo la regresión enurética por la afición a las almohadillas de olor –en un transfer—de  chinches purpuradas por las saltonas pulgas urofílicas.

(Continua en el bañerito del 14)

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    30 junio, 2020

    Una triste situación del «pipión», que muchos de diferente manera hemos vivido enfrentando la pobreza,
    pero todas esas situaciones nos hacen fuertes, no nos amargamos, se sigue la vida, se la enfrenta para salir adelante y, por eso, se saborean más los logros. Aunque ya lo he leído, no deja de asombrarme y comprender
    muchas cosas.

    ¡Felicitaciones! Muy bien descrito y escrito.

    Mi voto

    Stella.

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