Historia de unas mujeres (parte 2)¨ LOS DON EGO¨

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¿Os habeis cruzado alguna vez con alguien tan raro que luego pensasteis que en qué estaríais pensando? Pues yo si. A los ¨Don Ego¨ los clasifico en tres apartados a cuál peor, y estos son:

⦁ Los que nada más conocerlos piensas: ¨¿perdona?¨

⦁ Los ¨madre mia menudo trabajo¨

⦁ Los ¨complejo de conejito duracell¨.

 

 

· Los ¿Perdona?. Despues de lo del chico ¨me-tiré-a-una-tres-veces¨ comencé a salir con aquel surfero con una cara muy mona y nulo cerebro. El típico guaperas que de entrada engañaba: era alto, rubio y un tanto gracioso. Al poco, la cosa dió el salto a lo picante y todo pintaba bien hasta que empecé a notar que lo que buscaba era quedar de vez en cuando y tener sexo. A mi no me importaba ya que, por su personalidad, sabía que aquello no llegaría a nada pero, si él buscaba diversión ¿Por qué no divertirme yo tambien? Cenábamos o salíamos cuando nos apetecía y nos acostábamos cuando queríamos.

Era invierno, hacía frío y no estaba mal la compañía que me daba hasta que empezó a critiarme. Un día me soltó que mi manera de vestir cuando nos íbamos a la cama le impedía tener algo más serio conmigo: Un pijama de franela. Me dijo que siempre lo recibía con aquel pijama tan ¨tapado y que eso le bajaba la líbido. ¿Realmente me estaba diciendo que, por mi culpa, él no me hacía ¨el favor¨ de tener una relación formal conmigo?

He de decir a mi favor que, donde vivía cuando hacía frío, la temperatura bajaba hasta los diez grados o menos y si le sumas una gran cantidad de humedad tenemos un par de estalactitas por toda la casa incluyéndome, ya que no tenía calefacción.

En aquel momento lo miré incrédula, debatiéndome entre decirle cuatro burradas, echarle de mi casa o tirarle algo a la cabeza. Deseché la agresividad y los ¨malos modales¨y opté por espetarle que, si venía a mi casa a lo que venía, en vez de tanto quejarse por lo que llevaba puesto podría arracármelo y darme calor ya que, si tenía ganas de ´tales y pascuales¨, un pijama no debería ser un impedimento; Se enfadó.

A los pocos días salió con sus amigos y yo no podía dormir. Le llamé y le pregunté si le apetecía venir y al poco aparecíó en la puerta cual aguilucho. Todo empezó de maravilla hasta que llegó el momento culminante y, para mi asombro y disgusto, me babó encima. Todavía recuerdo como entreabrió la boca y la saliva se le escapó por entre los dientes cual cascada… ¿Y ese fulano se reía de mi pijama? ¿Me criticaba por llevar un pijama y fué taaaan sexy de babarse encima de mi?

No volimos a quedar. Él quería una copia de la Kardashian a la que babar y yo quería a alguien que me quitara la ropa, participara en la cama y no se quedara bocarriba mirando el techo como Jesucristo. Y de esta manera me fuí a comprar otro pijama y, esta vez, de color rosa.

· El ¨madre mia menudo trabajo¨ o comúnmente conocido como ¨Cristo muerto¨.

Es esa persona que conoces y que, cuando llega el tema sexo, esperas que se esfuerce por darte tanto placer como tu a él ¿no? Es un ¨quid pro quo¨, un trueque sexual… pero no. Hoy en día abundan en la selva de las citas y de las parejas, hombres y mujeres que se limitan a tirarse en la cama como si estuvieran haciendo un muñeco de nieve esperando a que se lo hagan todo.

Una amiga me contó que había conocido a un emprendedor por internet. Al parecer el chico era muy mono, simpático e inteligente y a mi amiga le encantaba, asi que ¿Qué podía salir mal? Comenzaron a salir y un día quedaron en su casa. Todo iba de maravilla. Entre conversación, coqueteo y copichuelas el tema se entonó bastante y mi amiga le masturbó. No hubiera sido nada del otro mundo si no fuera porque el chico, al terminar, no le devolvió el favor. Extrañada, mi amiga pensó que la siguiente vez que estuvieran juntos ella sería la protagonista.

Dias más tarde volvió a quedarse en su casa y empezó el tema de nuevo… cuando mi amiga se dió cuenta de lo que estaba pasando, el fulano ya estaba en pelotas ofreciéndole el falo y ella todavía no se había quitado el abrigo ¿Cómo lo hacía?

Mi amiga le preguntó que por qué no la tocaba o si no quería hacer el amor y su contestación fué: ¨es que tú no te desnudas, no me das ninguna señal de que quieres echar un polvo…¨. Tenía el pene de aquel fulano en su mano ¿realmente le estaba diciendo eso? ¿Qué señal esperaba? ¿Hubiera servido un cartel de neón que dijera: ¨fóllame¨?

Al menos, podía disimular que era un simple egoista sexual al que no le daba la gana de mover el culo esperando que se lo hiceran todo. Con estos especímenes te dan ganas de sacar una pizarra, una tiza y enseñarles cómo se tiene una relación sexual con otra persona, en la que disfrutan los dos y, de paso, darles un palo en la cabeza y decirles con todas tus ganas: ¡vago!.

· El conejito duracell.

El tercero, y creo que el peor de todos, es el Conejito. Es el típico tio o tía que se cree que está dentro de un decorado de una película porno. Es más que probable que sus experiencias sexuales provengan de largas horas junto a un ordenador, viendo páginas de porno duro, o que no tengan más de una neurona para saber que la mujer que chilla en esas pelis está actuando y que, eso que ves, duele… porque ¡sí señores! a veces follar duro duele.

Me imagino a esos pimpollos frente a la pantalla a oscuras, con los ojos como platos en compañía de algún amigo o amiga, mirando absortos el ordenador y pensando que así es como se debe echar un polvo. Muchos y muchas esculpen su cuerpo, echándole horas al gimnasio con la esperanza de que , si perfeccionan el cuerpo, los preliminares serán innecesarios. Pensarían que con su mera presencia apolínea, los demás nos derretiríamos, nos correríamos con solo mirarles y los recibiríamos con ganas de que nos bauticen… de ahí, señoras y señores, proviene lo que coloquialmente conocemos como: fingir un orgasmo.

La cruda realidad es que, los que tienen complejo de Christian Grey, lo hacen fatal y nos da pena herir su ego diciendoles que lo hacen de pena.. Que porque un dia los dos nos pongamos muy burros (excitantemente hablando), no quiere decir que todos los dias estemos cachondas perdidas y que no somos unas muñecas sube-autoestima.

Desafortunadamente, el ¨aquí te pillo, aquí te mato¨ no funciona todos los santos dias y el éxito de esas veces en las que ocurre se debe a que, precisamente, surgen en contadas ocasiones. Aquellos que te besan, se bajan los calzones y empiezan con una velocidad frenetica cual conejos ¿Quién les ha dicho que eso mola? Lo peor es que se lo han creido tanto que, cuando terminan y acaban corriéndose, se quedan tiesos como una caña y se dejan caer de lado (que no hacia atrás, como sus homólogos conejos) satisfechos porque han hecho un ¨fantástico¨ trabajo. Se duermen pagados de si mismos, pensando que son unos folladores natos y nosotras, a su lado, nos quedamos pasmadas al haber descubierto que, ese chico tan mono y simpático, ha pasado demasiadas horas en el ciberespacio.

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