Nueva normalidad

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La bicicleta estaba algo oxidada. Llevaba mucho tiempo en el salón y las pelusas se amontonaban alrededor del manillar y el sillín. Había una araña; tenía una tela por ahí, como si la grasa de los radios se hubiera convertido en su jacuzzi particular. La adoptó: su nuevo animal de compañía.

Abrió la puerta con dificultad; la bici sujeta con una mano y la llave en la otra. Salió a la calle, por primera vez. Parecían haber pasado años.

Por el camino no vio ningún coche, pero sí algún caballo sin montura y sin dueño. No se  cruzó con personas, pero sí con perros con mascarilla y guantes, que cuchicheaban entre ellos al verla pasar. Tuvo que parar en seco ante un rebaño de ovejas que no cumplían la distancia de seguridad; nadie las vigilaba. Desvió la mirada, un águila volaba muy cerca del suelo.

Ella tropezó con una piedra inoportuna en el camino y cayó. Rodó pendiente abajo y atrás quedo la bicicleta: de pie, intacta.

Abrió los ojos con dificultad, le dolía la cabeza. Miró a un lado y luego al otro. Poco a poco pudo distinguir a varias personas magulladas e inconscientes. No sabía dónde estaba.

Había un jinete sin casco, un pastor sin vara y varias personas con correas alrededor de su cuello. Intentó moverse, pero no podía. Estaba envuelta en telarañas.

Comentarios

  1. Mabel

    13 junio, 2020

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. gonzalez

    17 junio, 2020

    Me gustó mucho, Vir. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

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