Sabía que la trágica escena llegaría en algún momento. Ya había agotado todos los escenarios posibles, no había salvación para el personaje, éste debía morir. El escritor lanzó el cenicero contra la pared. Las colillas de cigarro quedaron esparcidas en el piso, mientras él explotaba en un grito ahogado de impotencia. No podía continuar sabiéndose el propietarios de las manos que habrían de matarla.
Cuando la policía llegó a la escena, el cuerpo del escritor yacía inerte en un charco de sangre; una mezcla roja y pegajosa de cenizas y licor. El oficial se percató de una máquina de escribir con una hoja cubierta con una amplia mancha de sangre que le impedía ver lo que en ella se había plasmado.
Una novela inconclusa; un personaje sobreviviente condenado a la eterna incertidumbre.





SDEsteban
Singular elección. Me ha gustado. Saludos y mi voto.
Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
César Quevedo
Me da mucho gusto que les haya gustado. Saludos
Jannie
Ohh, está super bueno, me gustó mucho!
Saludos!