Cuando todos tuvieron que entrar a la caja de cual formo parte hace tantos años, el espacio me pareció tan limitado y asfixiante, que solo quería darme paso entre la gente y salir.
Pero, ¿qué dices?, ¡ya no puedes salir!…
Mi cuerpo se desmorona y se funde con las paredes, a veces me pregunto de que me sirve el aire en esta vieja casa con huesos viejos y flojos, duele ver a todos entrar, no le deseaba esto a nadie, ese castigo que se le dio a alguien, ese eterno “no”, pero si pudiese salir ahora no sé que haría en un mundo que parece desmoronarse a pedazos, con olor a muerte en cada esquina, yo que siempre estuve dentro no sé lo que haría.
¿Cómo pueden encerrar a un ave en una jaula cuando sus alas se diseñaron para volar?, ¿cómo puede detenerse el mundo?, ¿cómo pude soportar tanto?
Eres fuerte…
Mi cuerpo se deteriora a cada instante, mis manos que podían escribir toda la noche, ahora apenas se mueven.
Pero, eres joven…
Mi alma, antigua como la que más está gritando muy fuerte y ahora debo acallarla.
Espera, la cuarentena terminará, las cosas mejorarán, el dolor parará.
Pero muchos no sobrevivirán…
Pero los que lo hagan sabrán lo corta que es la vida para vivir apreciando las mismas paredes, lo verás, aunque el espíritu tarde en despertar, al final lo hará y tal vez vuele muy lejos.
Tal vez yo pueda volar muy lejos.
Cuando las manecillas del reloj se muevan otra vez.




Mabel
Muy buena historia. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Esruza
Buen relato,
Mi voto y saludos cordiales.
Estela
Eli...
¡Excelente!
Mi voto y saludos.
Lore
Precioso microrrelato Eli! ,me encanta como escribes.
Un abrazo y mi voto.
MP
Elli es triste real con ribetes enigmáticos. Me gustó mucho tu relato. Un abrazo
gonzalez
Me gustó mucho, Ellie. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.