Historia de unas mujeres parte 4: Los Raros

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En esta parte se vuelve a abrir un amplio abanico de posibilidades. Entrevistando a algunas amigas, vecinas, conocidas y mezclando sus vivencias con las mias, me he visto en la obligación de censurar algunas historias. El número de tios raros que nos habíamos encontrado por la vida aumentaba sin cesar y no quería basar estas historias solo en ellos, de modo que, los he condensado a todos.

·El pokemon

Una de ellas me contó que, un dia de copas con sus amigos, conoció a un chico que la agregó al instagram. Despues de dias de darse coba el uno al otro por internet, decidieron quedar para cenar. Asi que mi vecina se puso un traje negro palabra de honor, unos taconazos de infarto y así de fabulosa fué a dar con el chico en cuestión.

Después de ir a tomar un helado al Macdonals, un paseo interminable por el parque y casi una rotura de pierna por los endiablados taconazos, mi amiga comenzó a darse cuenta de que lo de cenar se iba a quedar en agua de borrajas.

Paseando por el parque, el tio empezó a hablarle acerca de su familia; Estaba separado y tenia un hijo. Le contó que lo había pasado fatal con el niño durante la separación pero que, gracias a que habían encontrado algo en común, había surgido un vínculo super especial entre ellos. Su sorpresa fue al saber que su hijo tenía 25 años y ese ¨algo¨ era el pokemon go.

Todavía dentro de su estupefacción, mi amiga vió como el tio sacaba el movil y se ponía a cazar pokemos por los paterres de flores mientras ella iba detrás, vestida de traje y tacón.

En una de esas carreras mi amiga se torció el pie y se agarró del brazo del fulano. Este la miró como si hubiera matado a alguien. Ella, cohibida, le preguntó por qué la había mirado así y su respuesta no pudo ser mas reveladora:

-No me toques, tengo novia y no me pueden ver con otra_.

Cada vez más sorprendida, pensando que aquello no podía estar pasándole, le preguntó por qué había quedado con ella si tenía novia y una vida hecha. El fulano le contestó que su mujer era una persona muy ocupada pues se dedicaba a su sofisticado oficio, que era la medicina, en otro país. Él, en sus ausencias, necesitaba ¨compañía¨ sin que su abnegada esposa se enterara. Dándo por hecho que mi amiga iba a acceder a esos ¨pequeños favores¨ añadió:

_¿Eres higiénica? Porque yo necesito exclusividad. Si quieres te lo piensas y ya me dices_.

Mi amiga, aún sin podérselo creer, le dijo que no tanía nada que pensar. Cogió sus taconazos y se largó de allí. A las pocas horas, recibió un mensaje de despedida del fulano con un archivo de imagen. Aquello era algo como el jersey que te dejaste en casa de alguien al romper y te lo devuelve indignado. En la foto posaba mi amiga… con un pokemon.

· El de la vela

Otra historia que me contó una de las entrevistadas fué que un domingo, ella y su novio, habían quedado con otra pareja para salir a almorzar todos juntos y dar un paseo. Cuano llegaron a su casa, se encontró con que sus amigos aún estaban haciendo las labores del hogar.

La mujer estaba haciendo la habitación y mi amiga se ofreció a ayudarla a hacer la cama.  En plena faena y aireando las sábanas, una vela cayó al suelo. Picada por la curiosidad, mi amiga la cogió mientras le preguntaba a su colega si se había ido la luz la noche anterior. La chica, en medio de un grito ahogado le soltó que no tocase la vela y comenzó a contarle una historia ¨en modo secreto¨.

Al parecer a la pareja le gustaban los juguetes sexuales. Algo que era completamente normal. Mi amiga pensó que les gustaría jugar con alguna gotita de cera derretida en plan Cincuenta Sombras de Grey pero no podía estar más equivocada. La cuestión no era esa, ni mucho menos. Al marido no se le ¨izaba la bandera¨ si su mujer no le metía una vela por ¨la travesía de la felicidad¨. No les bastaba un vibrador, un consolador o al menos un par de deditos. Lo curioso era que tenía que ser una vela, si no, la cosa no llegaba a buen puerto. Mi amiga, que pensaba que iban a hablar de cosas eróticas-festivas, le devolvió la vela a la chica. Esta a guardó en el cajón de la mesita y se fueron a almorzar.

·El de los 6 meses.

Hace algún tiempo me mudé a mi pueblo después de haberme quedado sin trabajo y no me quedó otro remedio que volver a casa de mis padres. A las pocas semanas retomé algunas amistades y comencé a salir con alguien de allí.

El chico en cuestión era muy majo, simpático y encantador. La cosa tenía que torcerse demasiado para que se convirtiera, de la noche a la mañana, en un cretino. En aquel momento no ví cómo el destino me miraba y se descojonaba de mi, diciendo para sus adentros: ¨¿Que no se tuerce? JAJAJA sujétame el cubata¨.

Comenzamos a salir y todo pintaba muy bien. Le encantaba la música, leer y la naturaleza. Era un chico muy romántico, algo que yo no lo era en absoluto, y eso era algo que me encantaba.

Recuerdo que me llevó a un claro del bosque en el que se veía perfectamente el cielo y, debajo de las estrellas, me montó una cena al aire libre. Pensé que, si todas las citas iban a ser así, había cometido el error de haberme marchado del pueblo años atrás.

Charlando nos sinceramos mutuamente: yo había salido de una relación con el Maldito nº1 la cual había sido muy traumática y él había terminado una relación que había durado chorrocientos años. Coincidimos en que debíamos ir despacio e ir conociéndonos poco a poco pero, con el paso de las semanas, algo empezó a cambiar en él. Yo le preguntaba si le pasaba algo pero me decía y repetía que todo iba bien. Pasaron unos cuantos días y la cosa no marchaba. Mi sentido arácnido no dejaba de chillar hasta que un día me dijo que teníamos que hablar. Aquello era bastante revelador. Fuí a su casa y, después de una semana, por fín me dijo qué le pasaba.

Resulta que había estado en un congreso de autoayuda sobre ¨luto emocional¨. Sí, era sobre ¨luto emocional¨. La charla decía que, por cada año que había tenido de relación, le correspondía una cierta proporción de tiempo de luto para recuperarse. Hacía casi un año que habían roto así que no era algo reciente. ¿En serio me estaba diciendo que necesitaba tiempo de luto? 

La vida le había puesto en mi camino, coincidíamos en casi todo, nos sentíamos muy a gusto ¿Qué más esperaba? Comencé a pensar que, tal vez, era uno de estos tios que se inventan cualquier cosa para no decirte que no le gustas. ¿Qué más daba? A veces las cosas pasaban así. En esos pensamientos estaba absorta cuando, de repente, me soltó:

_Yo estuve chorrocientos años con mi novia y el chico del congreso decía que la proporción de todo ese tiempo de relación era de un año de luto. Ya han pasado seis meses, me quedan seis meses más._

Me quedé mirándolo como a quien ve a un extratarrestre. Me pregunté a mi misma si ese chico realmente creía que iba a esperarle durante seis meses a que él cumpliera lo que le dictaba un congreso de autoayuda. ¿Y si estaba tomándome el pelo? Necesitaba preguntárselo y ver hasta donde era capaz de llegar con semejante bobería. 

_Entonces, ¿Te llamo dentro de seis meses?_ le pregunté. Él, con semblante muy serio, asintió con la cabeza.

Salí de allí pasmada. Aquella situación era demasiado psicodélica para siquiera considerarla  ¿Habría sido sincero? ¿Realmente creía que le iba a esperar diciéndome tamaña esupidez? Solo el tiempo me daría la respuesta. Pasaron los seis meses y no le llamé. Él sigue de luto.

Comentarios

  1. Luis

    6 julio, 2020

    Yo creo que es mejor estar solo, aunque tus historias alienten a lo contrario, muy buenas y descarnadas, un saludo y mi voto!

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