NADIE SE MUERE EN LA VÍSPERA

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El ambiente se tornaba tenso en el interior de la gran factoría ubicada en un bullicioso sector de la ciudad bastante alejado del centro. En ella se producían toallas, sábanas, manteles y todo lo relacionado con la lencería del hogar.

El calor en el interior era sofocante, las calderas trabajaban a toda máquina y las tres chimeneas que se erigían en el techo emanaban un humo blancuzco  que cambiaba de dirección por efecto de la brisa veranera que azotaba por aquellos días.

En un rincón de la gran planta  se hallaba unos de los mecánicos más expertos,  de nombre Carlos pero de forma irónica el mismo se hacía llamar “El Chacal”, emulando al renombrado personaje venezolano que solía aparecer en  las páginas de  los diarios  en las décadas de los años setenta y ochenta.

Este atento vigilaba el trajinar  de los estrepitosos troqueles que armaban todo la infraestructura de la fábrica. El individuo daba dos pasos adelante y uno atrás mostrando atención a su trabajo, Él era muy conocido dentro de la planta como fuera de ella.

Antes de entrar se paraba en la puerta de la factoría con las manos en los bolsillos y comentaba las últimas noticias con varios compañeros de trabajo, además   no era raro verlo hacerle chanzas a los chicos que entraban muy temprano a la escuela primaria que se hallaba a otro lado de la calle. Con buena intención sin ánimo de burla es más era una voz de aliento para que los chicos subieran la moral y dejaran la flojera que se avistaba en algunos.

Sin recelo despuntaba su cajetilla de cigarrillos de esos importados con sabor a mentol, a pesar de tener terminantemente prohibido fumar no se inmutaba en prender el cigarro mientras degustaba la cuarta taza de café matinal.

Además del café compraba en la chaza del “Mono” un pan de galapita para desmigárselo a las palomas.

Luego de pasar la puerta con una marcha lenta después de haber metido su tarjeta de control en el reloj cruzaba el pasadizo para ingresar con un grito de “buenos días” tan duro que se escuchaba en toda la planta a tal punto que muchos pensaban que estaba loco.

Paso seguido como si fuese religión saludaba a las dos secretarias piropeándolas con un dejo de morbosidad que al parecer las mujeres estaban acostumbradas, ellas muchas veces no se inmutaban sino que ambas se miraban y con leve gesto en sus bocas daban entrever que no le causaba ni frío ni calor.

Hace un par de días repitió su rutina a la perfección, como siempre el desparpajo lo acompaño y su pinta dominguera se la puso de nuevo para impactar según él a las hembritas que podría divisar antes de entrar al trabajo.

No tardó en divisar una hermosa dama que se acicalaba el cabello mientras a paso corto transitaba muy cerca de la factoría, casi de inmediato el mencionado individuo especula el piropo que le exclamaría a la chica que contoneaba sus caderas al percatarse que era observada por un grupo de galanes en la otra acera.

Sin reparo el chacal le suelta los perros a la chica y le dice;

 ¡Adiós mamita….con esas curvas y yo sin frenos….dime cosita rica de qué juguetería te escapaste muñeca!

Cuando la muchacha escucha semejante adefesio se lo queda mirando y le pega un torsión de ojos muy hiriente. Carlos no esperaba esa aireada reacción porque ingenuamente pensó que le gustaría.

Antes de que la chica se le perdiera de vista el hombre se saca su ponzoña y le dice;

¡Pa joderte…..sabes una cosa muchareja…que en el sancocho de mi corazón tu eres el pedazo de yuca que me salió rucha!

Sin despeinarse procede a entrar como lo hace diariamente a comenzar su monótona jornada laboral.

Durante toda la mañana estuvo pensando en el feo que le hizo la chica sin cavilar que fue el que se portó como un truhán.

La hora del almuerzo llegó sin afanes, el herido hombre no podía ocultar su enfado por lo sucedido en la mañana, hasta el punto que al llegar a la fonda de las comidas que quedaba a dos cuadras de la factoría era el único que no había elegido su menú.

La fondera de las comidas le lanza la pregunta de rigor;

¡Don Carlos que va a pedir hoy!

En medio de un mutismo manifiesto el hombre le dice;

¡Sírvame algo poderoso…que esta tarde necesito fuerzas!

¡Y eso!

Preguntó la fondera con un aire de curiosidad.

Carlos le responde sin vacilar:

¡Mañana es el día de la virgen del Carmen y como devoto de ella voy a comenzar a beber ron desde hoy….y mañana me pego una borrachera de cuatro pisos!

Un compañero de trabajo le dice en voz alta;

¡Mira Carlos…recuerda que hace dos semanas tuviste maluco de salud, me dijeron que te falló el “mango”, refiriendo aquel hombre al corazón de Carlos!

El hombre responde de forma soez y sin asco;

¡Tú eres marica o qué…nadie se muere en la víspera!

Evidentemente esa frase es muy popular, pero la verdad es que al día siguiente nada fue igual en la factoría. Nadie tomó café en la entrada y mucho menos nadie se burló de los niños de la escuela primaria y sobre todo nadie entró a la fábrica con un ruidoso “Buenos días”, aunque las dos secretarias muy temprano echaban de menos el morboso piropo, mientras que en las afueras las palomas revoloteaban buscando sus migajas de pan.

Comentarios

  1. Mr Beni...

    22 julio, 2020

    Triste, pero lo sentí muy cercano, saludos desde Cali y mi voto

  2. Belerofonte

    22 julio, 2020

    Gracias Mr Beni por tu comentario. Saludos desde Barranquilla.

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