Ayer domingo me levanté de la cama primero, y después de la silla giratoria frente a la mi PC. Estaba despabilado y con ganas de hacer algo. Sali en pants a la calle a regar el arriate de la banqueta. Vi frente a mi casa el lote baldío de unos 800 metros cuadrados en forma de trapecio lleno de alimañas, cubierto de maleza y basura que invadía la banqueta y evitaba el paso. Al lado sur habita una señora descendiente de las poquianchis de León en una casa bardeada desde donde salta basura regularmente. Es una verdadera «chucha cuerera» antisocial y procaz con infulas de «empoderada» de su exmarido: un transabogado del régimen tricolor, que se dijo: «con semejante Piggy-fardo, prefiero la muerte… y se murió». Del lado norte colinda con un lote bardeado igual, lleno de cizaña, pero contenido por sus muros, y al poniente las bardas de los vecinos de la calle posterior que echan al baldio los sobrantes de sus jardinerias.
El caso es que mi atención se centró en el maladado berenjenal huizachero del frente y la vecina del sur. Verifiqué que no estaba la Poquis y sus calígulas hijos. Eran las 9 de la mañana del domingo. Nadie deambulaba por la calle. Me envolví en una cobija ranchera con una gorra de chiclets Canels. Desdoblé periódicos e hice dos cucuruchos grandes con aire. Prendí el papel con el encendedor de cocina y… ¡el fuego se hizo en dos frentes!
Las llamas comenzaron a arder con el viento y la maleza seca. Crecieron hasta 4 metros, lléndose hacia el centro del baldio donde hay unos huizaches. Estos resistieron. Yo observaba desde mi casa la quemazón. Excitado por las llamas y la huida de los gatos que se anidaba allí. Pasó la policia y ni se inmutaron. Mi esposa me dijo: ya viste el incendio de enfrente, ¿tú lo prendiste? Conteste sereno, no.
¡Pues mira las llamas, ya se extendieron a la barda de la Poquianchis y allá atrás está el tanque de gas!
Le dije que no se peocupara, y ella se sumó al espectáculo.
Me entró un poco de preocupación, pero la barda alta protegia el tanque. Además, tengo experiencia en el control de incendios de lotes baldios confinados. En Lomas de Bellavista, Atizapán, me volví experto cuando era el Jefe de Colonos. Mantenía la demarcación sin ratas ni alimañas al quemar cada año la maleza y la basura (costumbre arraigada por las «miaus» y sus permisivas patronas) y después se los cobraba a los nuevos colonos al pedir la anuencia para la construcción de sus casas.
De repente, el aire sopló al poniente y levantó una llamarada contra la pared posterior que ni El Dante visualizó a su paso por el infierno. Yo me acordé de mis tiempos de niño en casa de mi abuela. Nos ponían a rezar el rosario y yo volteaba a la pared donde colgaba un cuadro alegórco del infierno. Abajo había adultos envueltos en llamas con las manos atadas. Mas arriba, los angeles salvando a los arrepentidos que pasaban al purgatorio (ya no existe por decreto papal). De allí, ya depurados por la penitencia del fuego, recibían la indulgencia de la madre virgen que otorgaba el perdón (te ibas al cielo) por intercesión sacratísima del niño Dios.
Es así que reexperimenté exaltado aquel cuadro infernal, al ver quemarse frente a mi, impunemente, la maleza del lote de enfrente. Saltaron las ratas mareadas sobre el asfaltó y yo, inmisericorde, las aplasté la cabeza con mis tenis «destroyer» frente a la casa de la Poquis. Nadie apareció ni asustado ni consternado. El fuego se intensificó y mi esposa llamó a los bomberos que apagaron la maleza controlando el fuego.
Solo quedó un oasis de huizaches cepia sin quemar en el medio. El negro zacate tapizó la superficie uniformemente y yo gocé, anodíno, la alegoría del infierno y el resultado anímico provocado por mi propia mano depuradora, como el Covid de hoy.
CORTEX





Esruza
Como un niño travieso que hace sus maldades y se esconde, pero
hay que quemar la maleza y la basura, qué se le va a hacer.
Mi vecina y yo, hacemos lo mismo aquí cada año, no para quemar
basura, sino el pasto seco para que renazca fuerte el verde,
Mi voto, Cortex.
Stella
gonzalez
Me gustó mucho, Cortex. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.
Cortex
GRACIAS, GONZALEZ.
ES UN HONOR TU VOTO.
cortex
Cortex
GRACIAS, QUERIDA STELLA.
TU COMENTO ES AGUA FRESCA
PARA MI MEMORIA DEL «ENFANT TERRIBLE»
cortex