A ustedes…

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El ascensor subía disparado hasta el piso 31, un par de caras trasnochadas se me unieron en el piso 29 con un saludo entre dientes pero amable. Era diciembre 30 y por esos días a New York le gusta presumir de su magia. Caminé hasta la esquina última del café bar del Kimberly Hotel llevando un par de mis libros; desde que escribí el primero, siempre alguno acompaña el siguiente, son como gárgolas que miran atentamente el nacimiento de quien le sigue. Las paredes de vidrio sudaban desaforadamente como rechazando ese frío de diciembre que hace parte del entusiasmo newyorkino. La música casi perfecta, las pequeñitas luces amarillas que colgaban en filas desde el techo, mi café con la justa medida entre lo amargo y dulce, y los colores sobrios del lugar invitarían a cualquiera a escribir su propio libro, así que era oportuno el momento para escribirles esto especialmente a ustedes. No sé si es un libro, no sé si son solo pensamientos o experiencias mías, pero sí sé a quiénes les escribo. Esto es para ustedes, las dos personas más completas de mi universo; y si alguien más lo lee creo que debería sentirse un poco intruso al husmear en algo que es muy nuestro, pero lo dejo abierto, pues quizás, solo quizás, les sirva para mirar un poco la vida desde el lado dónde yo la miro, y que en su interés curioso puedan descubrir que ayer sí importa, porque ayer nos hizo, nos regaló herramientas necesarias que precisan ser utilizadas, porque ayer es memoria más que historia, experiencias más que recuerdos, personas y lugares únicos con quienes tengo deudas de cariño y tiempo, personas que quiero que ustedes conozcan,  y que visiten esos lugares que nada tienen que ver con New York, Miami, o New Orleans, pero que tienen mucho que ver conmigo y con toda certeza con ustedes. 

Hoy desperté un poco más temprano (parece que ya tengo eso que dicen que mientras más vives menos duermes) y tuve tiempo para mirarlos dormir. Cuando estaba por salir, Gio bajó de la cama con ese pijama a rayitas verdes y negras con el que le digo que se parece al Grinch, y vino sin hablar hasta mi cama mirándome con aquella carita que me genera ese no se qué inexplicable. Nao seguía dormida, porque anoche me dijo que quería saber lo que era trasnochar, y luego de una charla “filosófica” privada con mamá acordamos que podías hacerlo, y te quedaste despierta hasta alrededor de la 1 de la madrugada (yo te vigilaba).  

El viernes anterior, cuando volábamos hacia New York después de planear una escapada para pasar juntos los 15 años de Naomy, los 8 de Giovanni y esperar el 2020 por estos lados excéntricos del mundo, un montón de pensamientos se me agolpaban. Un amable venezolano manejaba el Uber que nos llevó al aeropuerto, despachamos algunas maletas y subimos a aquel avión gigante. Nos acomodamos en nuestros asientos, yo saqué un nuevo libro que en principio no me parecía muy bueno, pero cinco páginas después me atrapó. Ocasionalmente yo levantaba la mirada para ver a Gio junto a mamá en la fila del frente a la izquierda, con esos audífonos gigantes concentrado mirando su movie favorita: The Grinch, que sorpresivamente fue lo primero que le apareció en la pantalla de su asiento y nos miró a todos con la expresión de quien ha ganado la lotería. Y mamá secundándole su deseo, se le unió con tanta atención que parecía que nunca antes la habían visto. Naomy iba a mi lado izquierdo mirando Aladin (Will Smith definitivamente la estaba divirtiendo), y cuando me lo permitía yo le apretaba fuerte la mano, porque desde que nació no se me escapa ese sentimiento muy parecido al miedo, en el que pienso que mi niña crece demasiado rápido. 

Para ustedes era cosa tan común, así tan: “eso es lo que hacen todas las personas del mundo… volar a New York a pasar vacaciones de fin de año”. Solo pensarlo me generó esa sensación de incomodidad que no me permite pasar por alto ciertas cosas. Tomé una servilleta que ostentaba el nombre de la aerolínea, y escribí algunos pensamientos convencido de que tenía varias cosas que decirles, y como pienso que las letras son más claras que las fotos, pues aquí vamos, vamos a pasear por un barrio al que nunca fueron, y abrazar gente que nunca antes abrazaron… 

Comentarios

  1. viky

    24 agosto, 2020

    Escribes genial. Felicitaciones mi voto para ti.

  2. Eli...

    29 agosto, 2020

    Hola @garciacorpasa.
    Te he googleado, porque presentí que eras escritor.
    Me halaga tu «Me gusta», en uno de mis textos.
    Seguro que le has encontrado errores, obviamente.
    Voy por mi sueño.
    Buscando gente que corrija, y mucho más.
    En el anterior mencionado lo hice yo, ja, ja, ja.
    No sé por qué te cuento esto, me surgió hacerlo.
    Del mismo modo que vos lo hiciste con tu nota.
    Gracias y abrazo

  3. Eli...

    29 agosto, 2020

    Olvidé mencionar que me encantó @garciacorpasa.
    Los hijos, son el mejor regalo que nos da la vida.
    Disculpame, tantas menciones, y tantas letras…

  4. Sosias

    14 septiembre, 2020

    Adelante pues,conozcamos a esa gente.

    Un escrito excelente.

    Felicidades y mi voto

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