Cuestión de actitud

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De chica he visto a mi madre –una admirable ama de casa– desarmar las valijas de papá cuando regresaba de algún viaje. Me quedó plasmado en la retina ese accionar de esposa perfecta.

De esa clase de mujeres yo tenía poco, pero ésa era una buena actitud.

Roberto llegó muy acalorado esa tarde, había estado en un congreso en una provincia puntana; esos climas nunca le habían sentado bien. Lo vi entrar arrebatado, pasó incluso distraído por la cocina. No sé qué me enterneció de él. Pocas de sus actitudes me enternecían, prácticamente ninguna.

Tal vez porque había estado lejos una semana y estaba acostumbrada a su compañía; tal vez porque la menopausia me había reblandecido, o porque sí, no sé.

Esa tarde, antes de su regreso había recordado aquel proceder; salí detrás suyo. Mientras él tomaba una ducha y conversábamos como amigos –en eso nos habíamos transformado– yo le desarmaba su valija.

Que cantidad de ropa había llevado, se iba una semana y llevaba para cuatro; una maña muy suya. Nuestra empleada se ocupaba de su ropa; en esa ocasión sólo lo hice en honor a mi madre.

Cuando casi todo estaba fuera de la maleta, entre sus medias encontré un “paquetísimo” sobre, tenía un moño espectacular; de esos que no se arrugan. Era fácil de abrir y me atacó la curiosidad. Había una caja de color carmesí, adentro un par de pendientes de oro blanco y zafiros azules; piedra que gozaba de mi total admiración. Escuché que cerraba la ducha. Apresurada volví a poner las medias y el paquete en la valija.

Me paré en la puerta del baño para seguir dialogando con ese amigo desnudo; del que ya nada me movilizaba. Comentando los pormenores del congreso fuimos hasta la cocina. Preparé la cena y comimos temprano con los chicos. Nos acostamos antes de lo acostumbrado, Roberto estaba exhausto.

Hicimos el amor, o hicimos eso que hacíamos antes; cuando hacíamos el amor.

A la mañana siguiente –sola– en medio de mi desayuno pensaba en ese paquete. Reinaba entre nosotros desde hacía un tiempo mucha distancia. «¿Esos aros servirían para enmendarla?» Sinceramente, la noche anterior la habíamos pasado muy bien –nos conocíamos hacía más de veinte años– sabíamos perfectamente, donde encontrar el punto justo que excitaba al otro. Para mi cumpleaños faltaba más de un mes. “¿Me los daría en esa fecha o para el día de la madre?”

Imbuida en mi cotidiano vivir, me olvide de los aros, del regalo de Roberto y del día de la madre.

En tres semanas era el cumpleaños de cincuenta de Doly. Los amigos de toda la vida nos juntaríamos allí. Las mujeres igual que a los veinte, nos preguntábamos, ¿qué nos íbamos a poner? Nos matábamos en el gimnasio, con la dieta, en el spa y en la cama solar; para sentirnos de veinte.

La del cumpleaños a nadie le había dicho lo que se pondría; ni siquiera a mí que era como su hermana. Habíamos compartido el preescolar, la primaria y la secundaria. Elegimos diferentes carreras universitarias, eso nos unió aún más. Pasaban dos días sin comunicarnos y nos extrañábamos

Varias veces habíamos vacacionado en clan familiar, rodeadas de chicos y maridos. Conocíamos absolutamente todo de nuestras parejas, defectos y virtudes de ambos; a esa altura, las dos les encontrábamos más de lo primero que de lo segundo.

El cumpleaños de Doly, era por poco como mi cumpleaños.

Llegó ese día. Estábamos ansiosas por saber que se había puesto. Esperábamos verla bajar por esa imponente escalera –igual que en las películas de Hollywood– su casa era magnífica. Ella era muy barroca en sus gustos, en eso nunca habíamos coincidido. De todos modos, era Una Reina y Mi Amiga del Alma.

Cuando bajó, todos se abalanzaron para saludarla; quería ser la primera y quedé última.

La veía de espaldas, era alta, elegante, ese vestido azul petróleo muy escotado, le quedaba fantástico; y contrastada perfectamente con su cabello rubio. Que ganas tenía de abrazarla, la quería tanto. Por fin nos encontramos en ese abrazo; cantidad de veces le dije que estaba espléndida. Nos mirábamos y nos reíamos como adolescentes.

Cuando se retiró el pelo de la cara –por el calor de los saludos– ahí los vi, radiantes y exquisitos colgaban de sus lóbulos.

No pude decirle nada más, ni quise agregar nada nuevo.

Caminando para atrás me retiré como una autómata. Me di vuelta, salí al parque, busqué mi auto, me subí y llamé al que me salvaba cuando perdía una llave. Esa vez sentí que lo llamaba para que me salvara la vida.

Llegamos juntos a mi casa, los chicos habían salido. Le pedí que cambiara la combinación de la puerta principal.

A la hora y media llegó Roberto, no pudo entrar. Golpeó, me llamó al celular, al teléfono fijo, siguió intentando con la llave. “Yo no escuché nada”.

Serían las seis de la mañana cuando bajé y le abrí a mis hijos. Roberto ya estaría lejos, tampoco me preocupaba donde.

Al día siguiente –domingo en familia– volvió con la intención de entrar. No le abrí, ni escuché. Los chicos habían decidido –con muchísimo criterio– no inmiscuirse en nuestros temas. Se comunicaban con su padre, sin responder ninguna pregunta respecto a la puerta.

Me mandó varios email, mensajes de texto, me llamaba por teléfono; nunca escuchaba, nunca leía y nunca respondía.

Lo mismo hizo mi amiga, del mismo modo actué con ella. Con ninguno de los dos tenía algo para hablar.

Al mes de ese cumpleaños le llegó a mi esposo el pedido de divorcio. El mismo día saqué a la calle todas sus pertenencias, también aquella valija… sin el “paquetísimo” sobre con moño espectacular.

De ahí en más, decidí vivir sin mejor amiga y sin marido. A pesar de mi asombro, podía.

A mis oraciones diarias, le agregué un agradecimiento a la actitud de mi madre; la que, sin lugar a duda, me rescató de ese infierno.

Comentarios

  1. Luis

    28 agosto, 2020

    Ah, qué buena historia! Eli, el final es perfecto, la libertad ante todo. Soy parecido en ese aspecto, aunque todos o casi todos cometemos errores. Un saludo y mi voto-.

  2. Eli...

    28 agosto, 2020

    Te gustó, ¡que bueno! Me gusta mucho esta historia.
    Cerró el capítulo esta mujer.
    Y lo hizo genial!!!
    Abrazo Luis,y muchas gracias.

  3. Naufragoenlaluna

    28 agosto, 2020

    Ser una buena esposa tiene sus recompensas ;), salir de la jaula no tiene precio, aunque a veces, más que salir, habría que decir ser empujada a salir, de todas formas el final como dice Luis es perfecto. Yo quizás eche de menos algo de más mala leche, algo así como quemar todas sus pertenecias y tal, ya no tanto por la ofensa, sino por la imprudencia de entrar en la casa común con esa cajita de moño espectacular. Eso es imperdonable.
    Un saludo

  4. Eli...

    28 agosto, 2020

    Que lindo que sos @naufragoenlaluna
    Hay algo que no percibiste -o tal vez sí- ella actuó con altura. Y cerró las puerta a todo, no fue cambiando la combinación de la llave; obviamente.
    Vos esperabas un final más sangriento ja, ja, ja. Yo prefiero la altura a la sangre.
    Abrazo nene, y muchas gracias.

  5. Esruza

    28 agosto, 2020

    Muy buena historia, Eli, te felicito.

    Mi voto y saludos.

    Estela

  6. Mabel

    28 agosto, 2020

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  7. Eli...

    29 agosto, 2020

    ¡Gracias @estelarz39hotmail-com, gracias @mabel y gracias @asnoren!
    Realmente ustedes me dan tanto con sus palabras…
    Me llenan el alma y me alientan a seguir con esta pasión.
    ¡Dios las Bendiga!
    ABRAZOS ENORMES PARA LAS TRES <3

  8. JR

    29 agosto, 2020

    @clotildemacchi – Eres una escritora fantastica. Saltas de la fantasia a la realidad de muchos sin ningun problema. Me gusta como relatas, especialmente esta historia.

    Saludos!

  9. Eli...

    29 agosto, 2020

    Gracias como siempre @joserubengoycochea.
    Todos mis textos tienen años, ahora los estoy desempolvando ja, ja, ja.
    Y lo que hace años sembré, hoy me da una buena cosecha.
    Tus palabras representan eso para mí.
    Un abrazo, y más gracias.

  10. gonzalez

    30 agosto, 2020

    Querida y tan bella Eli, la verdad me saco el sombrero ante esta historia. Me gustó mucho, mucho. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

  11. Eli...

    30 agosto, 2020

    Gracias querido compatriota @gilgonzales, eso de sacarte el sombrero, ¡es un halago impresionante!
    La verdad tus palabras me alientan a seguir y seguir.
    ¡Te mando un abrazo ENORME!

  12. Eli...

    30 agosto, 2020

    ¡Ufa! Lee el comentario anterior @gilgonzalez, te @ mal… 🙁 ¡Buen domingo compatriota! ¡Abrazo!

  13. MP

    30 agosto, 2020

    Buena historia Eli, un abrazo!

  14. Eli...

    5 septiembre, 2020

    @edhipo, agradezco muchísimo tu voto, con él, por primera vez pasé al ránking 🙂

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