EL ACOMPAÑANTE

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Luis era ingeniero informático, tenía 35 años. Le ascendieron a gerente en una pequeña compañía de Asunción, que se dedicaba al desarrollo de software para empresas de comunicación. Esto le permitió cumplir el sueño de comprarse una motocicleta de alta gama. Fue su deseo por 15 años más o menos.
Un sábado bien temprano salió de su casa a bordo de su flamante máquina, con la idea de hacer unos 500 kilómetros hacia el interior del país, tenía trazado un itinerario, pero ya el camino y su instinto le indicarían el destino. Tomó la ruta 2 y fue cruzando ciudades. Llegó hasta Caaguazú. Allí se dispuso a descansar en una plaza.  Era el centro de atención, los pobladores miraban fascinados su enorme motocicleta. Pero él no habló con nadie.
Ya al filo del mediodía decidió cambiar de rumbo. Se metió por un camino que lo llevó hacia una zona rural. Se sintió feliz por su elección, el paisaje campesino le daba cierta paz, ver las montañas, los campos, los animales, los pequeños pueblos, le daba como una especie de relajo a sus ojos después de ver tantos edificios, tanto cemento día tras día. Sin saber hacia dónde iba  le sorprendió la noche. Llegó a un pequeño pueblo llamado Santa Rosa. Entró en un pequeño bar, se sirvió una gaseosa y un sanwich. Entabló una breve conversación con el propietario del local:
_ Para volver hacia Asunción ¿cuál es es el mejor camino?
_ La verdad es que por la ruta principal, te va llevar como 5 horas, pero hay un atajo que te permite ahorrar unas dos horas, pero…
_ Pero ¿qué?
 _ Es muy oscura y  peligrosa.
_ ¿Peligrosa por qué?
_ Pasan cosas en esa ruta.
_ ¿Qué cosas?
_ Inexplicables, precisamente cuando uno cruza el cementerio.
_Ja, ja – se rió Luís ¿no me digas que aparecen fantasmas en la ruta?
_ No sé, pero la gente habla de eso.
_ ¿Y eso por dónde es?
_ De aquí a tres kilómetros hay un desvío al cruzar un puente, esa ruta te va a llevar hasta el tramo Emboscada – Limpio y de allí hasta la Capital.
_ ¿Y el cementerio?
_ Cómo a dos kilómetros del desvío.
_ ¡Gracias!
_ ¡Qué Dios vaya contigo hijo!
Luís asintió con la cabeza y salió del bar. Se subió a su motocicleta y se dirigió hacia donde le habían indicado. Al cruzar el puente, encontró el desvió, giró, se puso más alerta, no era que creía en fantasmas, pero por las dudas… Encendió la luz alta porque efectivamente la ruta era muy oscura. Se imaginó que en cualquier momento se le aparecería la famosa mujer de blanco del imaginario popular, pero no fue así, cuando faltaban pocos kilómetros para llegar a la zona del cementerio, su moto comenzó tener inconvenientes, era como si el carburador se hubiese ensuciado, aceleró, pero la máquina no agarró velocidad, al contrario fue deteniéndose poco a poco. De pronto, Luís sintió que algo pesado se montó en la parte trasera de su motocicleta. Se le erizó la  piel, quedó helado. Una vez más intentó acelerar, pero la máquina no le respondió, su velocímetro le indicó apenas 20 km./hora. Miró su retrovisor, atrás no había nadie. Comenzó a rezar en silencio, cuando sintió que alguien le respiraba en la nuca, olía a podrido. Ya no aceleró, sólo deseó que la moto no se detuviera . Miró a un costado de la ruta y vió el cementerio. Recordó cada palabra que le había dicho aquel hombre en el bar. Cuando llegó frente a la puerta del camposanto dejó de sentir el peso sobre su máquina y poco a poco el carburador volvió a funcionar. La moto retomó su velocidad. Luis miró por el retrovisor por última vez y vio que una figura oscura y deforme se introdujo en el cementerio. El miedo le hizo apretara el acelerador al tope,   poco rato ya estaba en la ciudad de Limpio. Meses después Luís vendió su motocicleta. Nunca olvidó aquel suceso.

Comentarios

  1. Eli...

    9 septiembre, 2020

    Muy buen cuento REY.
    Abrazo nene y mi voto.

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