El quema verrugas

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Vicentico abrió los ojos y miró el bulto rugoso que le había estado picando como un remordimiento durante toda la noche. Vio la verruga que le había salido entre los dedos e inmediatamente metió la mano en el bolsillo de su pijama para esconderla.

Cuando su mamá entró cargando su ropita recién planchada, lo encontró llorando.

—¿Qué te pasa? —le preguntó tiernamente y sin mirarlo.

Vicentico sacó la mano —que ya su madre había notado que ocultaba— y le enseñó la verruga.

—No te la toques ni te la rasques para que no se te riegue por todo el cuerpo.

Vicentico,  que ya sabía lo que iba a decir su madre, volvió a llorar.

—Hay que llamar a Pepe para que te la queme.

—¿Por qué mejor no esperar y ver si se cae sola antes de llamar a Pepe? —preguntó entre sollozos.

—Te advertí que no jugaras con los sapos —dijo su madre, esta vez mirándole con severidad—. Me dijiste que no habías ido y eran mentiras. Ya ves lo que pasa cuando le mientes a tu madre.

Vicentico se echó a llorar de nuevo.

—Lávate bien ahí donde está la verruga con agua y jabón —dijo—.  La mano tiene que estar limpia y seca para cuando llegue Pepe.

Cuando llegó Pepe ya Vicentico y su madre lo estaban esperando.

Pepe subió los escalones del balcón sin dejar de mirar al niño de manera intimidante a la vez que se removía el sombrero. Metió la mano en su bolsillo, sacó una caja de fósforos y sin dejar de mirar al niño tomó el cigarrillo que colgaba detrás de su oreja, le dio unos golpecitos contra la caja de fósforos y se lo metió en la boca.  Abrió la caja de fósforos y sacó uno. Como verdugo listo para ejecutar, colocó su dedo índice detrás de la cabeza del cerillo mientras sostenía la cajita con su otra mano. Haciendo presión con el dedo arrastró el cerillo a lo largo de la cinta abrasiva con un movimiento rápido y lo encendió. Metódica y pausadamente llevó el fósforo encendido hasta el cigarrillo, lo cubrió con su otra mano para que no se apagara y lo encendió.

—Sujete al niño —ordenó.

Lentamente acercó la brasa del cerillo todavía encendido a la mano de Vicentico que lo miraba aterrorizado y lo acercó a la verruga. Vicentico trató de echarse hacia atrás pero su madre lo detuvo.

—Estas son fáciles de quemar —dijo mirando al niño a los ojos—. Las difíciles son las que salen en el alma. Esas se queman en el infierno si no te arrepientes.

Pepe agitó el fosforo para apagarlo, todavía mirando al niño intimidantemente. Vicentico se echó a llorar de nuevo.

—Llorar no remedia nada —dijo agarrando su sombrero—. La saliva de la mañana en ayunas es el mejor remedio para que se te cure por completo. Moja tu dedo con saliva antes de lavarte los dientes, úntatela y déjala secar. En una semana más o menos desaparece.

Pepe se volvió y comenzó a bajar los escalones del balcón. Miró al niño nuevamente, esta vez con ternura.

—Las del alma te las curas tu solito —dijo apuntándole con el sombrero—, no le mientas a tu madre. Es el único ser en este mundo a quien le importas.

 

Comentarios

  1. Esruza

    24 agosto, 2020

    Efectivamente, José Rubén, las verrugas del alma, o las cura uno, o se quedan haciendo daño.

    Muy bueno.

    Mi voto y un abrazo.

    Estela

  2. JR

    25 agosto, 2020

    @estelarz39hotmail-com – Muchas gracias Estela por tu comentario y tu voto. Efectivamente, las verugas del alma son imposibles de quemar.

    Saludos!

  3. Gian

    3 septiembre, 2020

    Me gustó el relato.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

  4. Eli...

    3 septiembre, 2020

    Que bueno tu relato @joserubengoycochea. Ay, la verdad que me dolía cuando la quemaba.
    Ese «suspenso», en el que Pepe prende el cigarrillo, es genial.
    Las verrugas del alma son peores, sí.
    Te mando un abrazo, y me encantó.

  5. JR

    7 septiembre, 2020

    Gian, muchas gracias por leerlo y por tu voto.

    Saludos!

  6. Eli...

    7 septiembre, 2020

    @joserubengoycochea
    Ni que lo digas, las gracias están demás. No me detuve, lo leí y es muy bueno.
    Eso de «las verrugas del alma…», me quedó grabado a fuego.
    ¡Gracias a vos!
    Un abrazo

  7. ÉraseUnaVez ! (Rosii)

    7 septiembre, 2020

    Un relato alegre y al contar esos detalles del señor quema verrugas ya hasta lo podía sentir, al igual que la descripción del niño. Bonito mensaje que deja el final. Tienes mi voto. Un abrazo

  8. JR

    8 septiembre, 2020

    Eli, nuevamente muy agradecido. Estoy un poco atrasado con las lecturas pero, como has notado no quiero saltar el orden de tus cuentos. De verdad que los estoy disfrutando enormemente. Son realmente magnificos.

    Saludos.

  9. JR

    8 septiembre, 2020

    @ro2013 – Rosii, me he sentido muy emocionado al leer tu comentario. Muchas gracias! Agradezco tu lectura.

    Saludos!

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