Ella le preparó el café como todas las mañanas. Era domingo. El sentado en en la mesa del comedor leía el diario como todos los fines de semana que pasaba en casa. Ella era bioquímica recibida de una universidad de garage de aquellos que abundan en Asunción. Nunca consiguió trabajo. El era camionero de una empresa trasnacional. Viajaba una vez al mes hasta Antofagasta Chile. El circuito lo hacia entre veinte a quince días según los inconvenientes propios del camino; desperfectos en su tracto camión, nevadas, problemas con policías fronterizos o cualquier otro tipo de trastornos imprevistos. Para Isabel, la bioquímica uno de esos «percances» era una joven mujer llamada Claudia. La descubrió por una fotografía que encontró oculta en el camión de Evaristo su esposo por casi veinte años. En el anverso la fotografía tenía
escrito: «Te amo» Claudia con una impresión roja irregular de unos carnosos labios.
Isabel y Evarísto tenían una coqueta vivienda en la ciudad de Villa Elisa. Tuvieron sus años felices .Pero él cambió mucho con ella. Ya no le invitaba a salir, se mantenía distante, muy distante. Por las noches ya no le tocaba. Ella lo sentía como si estuviera en un viaje permanente…
Evaristo bebía el café con edulcorante. Tenía principio de diabetes, veinte años trabajando sentado, comiendo chatarras por el camino, el estrés, el cansancio hicieron mella en su salud, tenía cuarenta y seís años pero parecía de sesenta.
_Isabel, no se que me pasa, de repente tengo mareos repentinos, dolores intensos en la altura del vientre, a veces vómito.
_Debe ser el estrés - le dijo ella con una mirada compasiva - Quizá tengas que adelantar tus vacaciones.
_Eso va a ser imposible en estos momentos. Es temporada alta. La empresa me necesita.
_Entonces tendrías que consultar un médico.
_Un médico? Sabes que odio los hospitales… Ya se me va a pasar - dijo y bebió el último sorbo del café con edulcorante especial preparado por Isabel, la bioquímica despechada, recibida en una universidad de garage de los suburbios de Asunción. Una letal combinación de estevia, sacarina, ciclamato y dimetilmercurio, en pequeñas dosis, gota a gota, sorbo a sorbo le fueron llevando a Evaristo hacia un un lento, largo y eterno, viaje sin retorno, no a Antofagasta, ni a los brazos de Claudia…
SDEsteban
Ah, el dulce sabor de la venganza… Me ha gustado. Saludos y mi voto.
Eli...
Que bien, se quedó sin viaje y sin Claudia. Mejor así, tenía diabetes.
Muy bueno.
Eli...
Ay, no se si te voté, avisame por favor, Soy @clotildemacchi.
Muchas gracias, y mil disculpas: es que me quedé prendida a tu texto 😉