Hoy será un días maravilloso

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Hoy, el azul es diáfano y el sol resplandeciente.

Los mismos albores de la mañana presagian que hoy será un día maravilloso: los rayos de luz burbujeantes como la champagne atraviesan el cristal de la ventana de mi habitación, juguetean tontamente por un rato sobre las sábanas blancas, alcanzan mi rostro y acarician mi mejilla, luego se astillan sobre el suelo, y más tarde dibujan sobre las paredes, formas familiares de arte romántico, y el despertar se vuelve maravilloso. Después, cuando ya la alondra juguetona que todas las mañanas picotea mi ventana, ha cumplido su curioso ritual, las luces astilladas danzan alegremente a mi alrededor, convirtiendo mi habitación en un caleidoscopio. Desde muy temprano mi habitación se ha impregnado del aroma delicioso de la bebida de los dioses etíopes, que mi tía Eduviges ablanda con el néctar preciado de la caña dulce, y eso me corrobora que hoy será un día maravilloso. Le doy la bienvenida al nuevo día y, a cada paso que doy, el amanecer se vuelve más albo; motas de sentimientos propios, desprendidos de algunos suspiros de felicidad y de amor, se introducen en la cámara acuosa de mi ojo y me hacen ver hilos dilatados de añoranzas que se convierten en mariposas y empiezan a volar por todos lados. Es una ilusión, un sueño, un amor secreto, tan ardiente y tan imposible. Sigo danzando adormilado ya con la certeza de que al caer el ocaso, mi mirada colisionará sutilmente con la mirada leda de unos ojos hermosos, grises, llenos de fantasía y de dulzura, que toman el té con la gracia de un ángel pintando el cielo, y coronado mi día maravilloso con la maravilla de su mirar, volaré; volaré como mariposa monarca, hasta las estrellas, hasta los confines de la tierra, hasta el centro del universo, hasta la cadencia mágica del palpitar del corazón de un dios.

Estoy de pie en el umbral de una casa de antaño -una casa que hoy, mañana y siempre me servirá de morada-, estoy sorbiendo pausadamente el líquido ancestral -achocolatado, humeante, rojizo, casi negro-,  entonces mi corazón imitando a mi cerebro, da un giro de 360 grados y mis sentidos se afinan, hasta abrirse la última puerta de la percepción. Los sabores se vuelven deliciosos, delicados, llenos de texturas y matices, acarician mi paladar, lo liman con la pluma de algún ave señorial, y hacen bailar a mi lengua impávida, que sorprendida, dinamita en espectaculares colores, hay azules, hay plateados, y sobresalen con especial frenesí, el magenta y el violeta; se eriza mi piel cuando mis dedos trémulos acarician el delirio.

Puedo sentir el roce desafiante de la serpiente mitológica, ella se enrosca a mi lengua, me ata a los brazos de ese sentimiento tan puro, que ya no quiero nombrar por temor a que se rompa. En el roce de los labios, ese chasquido de olas de mar, tiene aroma a flores nuevas, la brisa de poniente yace embalsamado de primavera y la calígine residual de la madrugada, muestra en sus formas también residuales, que anoche estuvieron paseando por estas llanuras extensas, las almas en pena de mis primigenios antepasados y, en galopar frenético, frente al frontispicio de esta casa de antaño, pasó rauda y fugaz, la figura fantasmagórica del ángel cabalino de belleza ideal.

¡La primavera ya ha florecido! Ya en las empinadas colinas se distingue el dorado caprichoso de los araguaneyes; ya el horizonte colosal se viste de terciopelo rojo y las espigas áureas, entonan sus baladas y se sonrojan tan alegremente con la primera estación, que mañana seguramente proveerán el pan más suave y más dulce. Y si una hoja traviesa de primavera cae en mis manos, puedo distinguir en ella la humedad de una lágrima y el sentimiento del primer amor, un primer amor radiante que me llena de felicidad, que hace que la noche sea perpetua, que dibuja en mi rostro la máscara que sonríe eternamente, que hace que en su mirar se me abran las puertas del cielo.

¡Estoy al borde del delirio!

Pienso una y otra vez en los ojos hermosos de aquella inalcanzable princesa de primavera.

Mis manos cálidas quieren acariciar la tierra virgen y fértil de sus llanuras exóticas, y sembrar en ella hermosos manzanos, que produzcan frutas más deliciosas que el intelecto elevado y más llamativo que la tolerancia y la bondad ilimitada. En ese ilapso inmortal me precipito lentamente.

El día ya se ha vestido de fuego, para hacer las horas que pienso en ti, más idílicas, más luminosas. Y esta tarde, precedido de mis sentidos afinados, al pasar frente a la fortaleza de la dinastía Romanov, tal como lo había presagiado, mi mirada ha colisionado sutilmente con la mirada leda de unos ojos grises, hermosos, llenos de fantasía y de dulzura, que han sonreído animadamente al encontrarse con los míos, y han rebosado de maravillas, este día maravilloso.

J.R Serrano. Abril 2019.

Comentarios

  1. Mabel

    10 agosto, 2020

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. Esruza

    10 agosto, 2020

    Me gustaría que todos los días fueran maravillosos, hoy, no lo es.

    Me gustó, te doy mi voto

    Estela

  3. Naim Casares

    11 agosto, 2020

    Baila la esperanza, un privilegio tener días así.

    Saludos y voto

  4. Candy

    20 agosto, 2020

    Muy bueno…te he leído en café de escrit….te dejo mi voto.

  5. Eli...

    28 agosto, 2020

    ¡Muy lindo josh, pero MUY!
    Saludos y te buscaré por ese café…

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