Katherine en el laberinto

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            Apareció de sorpresa una tarde, de la nada como un fantasma, radiante como el albor de la mañana. Era la criatura más hermosa que había visto en mi vida; y esa particularidad especial en sus ojos… cuántas veces no había soñado con una belleza semejante. Pero ella no era un sueño, ella era real.

Aunque parecida a las demás había algo diferente, inesperado y especial en ella, algo que me cautivó.

¿Cuál era su nombre?

No lo sabía. Tampoco quise preguntarle. Sólo me enfoqué en su mirada y sus mismos ojos, aurora boreal, me revelaron un nombre.

-Te llamas Katherine ¿cierto?- y me sorprendí al verla saltar de emoción.

Katherine de ojos claros, azul y verde como gemas preciosas, un lapislázuli, una esmeralda. Al través de esos ojos tan hermosos el mundo se veía diferente, de eso estoy seguro. Katherine veía todo diferente: el mar, el cielo, las montañas, las aves, las nubes, las estrellas, el amor.

Conocer a Katherine fue algo maravilloso. Era un día pésimo. Uno de esos días monótonos, sombríos y tediosos como tantos que abundan en mi vida, y justo cuando el pesimismo parecía aferrarse a mí para postrarme ante su presencia, apareció Katherine para dibujar una sonrisa en mi rostro.

Katherine danzaba alegremente. Su baile era como el vaivén de un lirio mecido por la brisa suave. Y su voz parecía una alabanza. Entonces ella me robó el Corazón.

Katherine me miró por primera vez y fue como si la conociera de toda la vida, porque ella me veía con los ojos del alma y yo entendía cada uno de sus sentimientos. Me emocioné, algunas lágrimas saltaron de mis ojos, y Katherine estaba a mi lado viéndome llorar y a mí no me importaba.

Ella estaba tan sola, abandonada, sin dueño. Y mi primera intensión fue llevarla conmigo y hacer de mi hogar su hogar. La tomé entre mis manos, acaricié sus orejas puntiagudas y me dejé arrastrar a la más profunda y hermosa nostalgia. Me asfixie en ella, en su belleza. Su tierno cuerpecito deiforme, juvenil y perfecto se retorcía serenamente entre mis manos, ella se sentía muy cómoda, yo estaba extasiado. Ella acercó su rostro al mío, comió de mi mano y así sellamos el pacto. Hoy en día sólo puedo recriminarme por qué no lo hice, por qué no la llevé conmigo, por qué sólo la dejé en aquel laberinto, sola, huérfana; por qué sólo le di la espalda, a pesar de que mis pupilas temblaban y ella me seguía, y me hubiese seguido de ser necesario, hasta el fin del mundo. Lloraba… Katherine lloraba y en su llanto pronunciaba mi nombre, yo voltee, la miré nuevamente a los ojos y le prometí volver. Era una promesa sincera. Yo tenía las firmes intensiones de cumplir mi promesa, de volver por ella. Fue una desgracia cuando a destiempo comprendí que un después ya sería demasiado tarde, ¡qué raro invierno!, Katherine me dijo adiós; yo con mis labios ahítos de nostalgia susurré un genuino hasta luego. Juro que no me olvidé de ella, cómo olvidarme de ella si incluso hoy la recuerdo.

Ciertamente fue una noche terrible, estuve inquieto, con ganas de correr y no parar hasta que mis pies desfallecieran, y, si era posible, aún seguir, tal vez arrastrándome. Realmente no sabía lo que me estaba sucediendo. Soñé, grité tormenta y empezó a llover, y Katherine estaba allí. Katherine era un ángel, un andrógino, Hebe, portador del atributo pantocrátor, y bajó del cielo encerrada en un nimbo que encumbraba su grandeza, y descendió hasta estar frente a mí, y Katherine traía entre sus pequeñas manos mi robado corazón amaranto latiendo, yo lo apreté por un segundo y lo sentí vivir.

Cuando desperté el cielo ya no era negro. Me levanté, corrí como el viento, fui por ella. Llegué hasta el baldío en donde la había dejado, la busqué por todos lados, la busqué durante todo el día, la busqué con desesperación bajo una tormenta gélida e inmisericorde, pero no la encontré.

Katherine de ojos claros, ojos de diamante, tú te robaste mi corazón. Reina, Diosa, Ambrosía. Yo regresé por ti Katherine, cumplí con mi promesa, pero ya no estabas allí. Perdóname.

Comentarios

  1. josh

    3 septiembre, 2020

    Oh, muchas gracias. Nos estamos leyendo. Saludos.

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