La Comarca de Aquel Tiempo… VIII El Chocolatero Desvelado

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El Guardián de las Horas pocas veces se detenía en su recorrida por el pueblo. Cuando lo hacía, recalaba en casa del Chocolatero. Su amigo era fanático de la hora y cuando lo visitaba ponderaraba ese hermoso vehículo en el que andaba montado. Miraba esos relojes con admiración divina, tal como si fueran santos. Daba vueltas alrededor de la “sexticleta”, fascinándose cada vez más con esas ruedas. Él se consideraba muy falto de imaginación; admiraba al Armador por haber creado semejante maravilla.

Al Chocolatero, le encantaba conversar, con quien fuera y si era con el Guardián más aún. Tenía mucha cultura y la que le faltaba la inventaba. No toleraba el silencio, porque tiene sonidos que son insoportables.

Sufría por el mutismo de la noche. Una se desveló y dio cantidad de vueltas en su cama. Para su sorpresa una idea se le cruzó por la cabeza. Estaba extrañado por tener esa imagen que se le imponía como algo deslumbrante.

Él seguía sin dormir, el dibujo firmemente prendido al desvelo. Debía pedir permiso para llevarlo a la práctica.

El Guardián en las últimas visitas le había dicho que lo veía cansado, el Chocolatero respondía que no tenía importancia. El otro insistía. Finalmente, se animó a contarle el porqué de su agotamiento y cual era su desvelo.

Esa idea de hacer relojes de chocolate para que los niños con un palito los echaran a rodar, le fascinó; pensó que de ese modo los pequeños podrían conocer el tiempo. Le dio su aprobación con abrazos múltiples. Se sentía tan feliz como el dueño del proyecto.

Otra noche de insomnio, pero… a diferencia de las anteriores ésa la paso levantado. Hizo moldes para fundir el chocolate. La excitación que tenía era tanta que pretender dormir hubiera sido en vano. A la mañana siguiente tenía tres modelos diferentes. Satisfecho con el avance, admiró la producción antes de caer en el sueño reparador; el que por muchos días había estado ausente.

Habiendo calculado la cantidad necesaria para cada rueda, comenzó a fabricarlas. Cuando las expuso en su negocio la clientela cambió, ninguna madre de familia iba a comprar; las únicas mujeres que iban eran las niñas y niñeras.

Contrató a un payaso para promocionar el producto. Y parado frente a su comercio hizo rodar los relojes de chocolate. Los niños estaban encantados, empezaron a pedirle a sus padres que se los compraran. Después de girar se podían comer.

La plaza se llenó de chicos, siempre acompañados por el padre. Concursaban con esos juguetes. Y terminaba con las caras embadurnadas; era un juego exquisito.

Las mujeres nunca pasaban cerca de esas ruedas. Y los pequeños tenían prohibido llegar a sus casas sin haberlas comido. Cuando un reloj estaba cerca, ellas comenzaban a rascarse muy fuerte, y aunque quisieran evitarlo, se rascaban más y más.  Les tenían alergia.

Amaban tener los cuadros con las manecillas quietas; aunque odiaban al Pintor por haberlas defraudado. No las podían ver girar en las ruedas de la “sexticleta”, ni en las del Chocolatero.

El tiempo de todos modos, pasaría igual.

Un día el Guardián fue a ver a su amigo. El Chocolatero había progresado mucho, fue él en este caso quien se preocupó por el aspecto del visitante. El dueño de los relojes había ido a comunicarle que estaba casi seguro de la proximidad de su hora.

El Guardián estaba muy mal, no por la cercanía de su hora; ellas eran sus compañeras inseparables. Él había hecho su testamento y se dio cuenta tarde, de que para su gran amigo no había quedado ningún reloj. Lo había dejado sin herencia, y además lo había elegido para que fuera asistente del reparto.

El Chocolatero no se preocupó, todo lo que le pidiera lo haría de muy buena gana; tan agradecido estaba porque lo había apoyado en su desvelo; cualquier cosa era poco. De la misma manera el Guardián pensaba que un reloj era escaso para regalarle. Ambos coincidieron, el mejor regalo era esa amistad; con la que ellos se habían engolosinado. Se confundieron en un fuerte abrazo, rubricando el vínculo.

El Guardián se fue feliz, el Chocolatero quedó muy apesadumbrado.

Después de una semana, el señor de los chocolates se dio cuenta de que su amigo se había encontrado con su hora. Y con él, no lo haría nunca más.

Comentarios

  1. Mabel

    12 agosto, 2020

    ¡Qué hermoso! Un abrazo Eli y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    13 agosto, 2020

    Hola, Eli; admiro la capacidad que tienes para escribir así.

    Mi voto y saludos

    Estela

  3. AsNoren

    13 agosto, 2020

    @clotildemacchi «Él seguía sin dormir, el dibujo firmemente prendido al desvelo», como siempre Eli, es un placer leerte.

  4. Eli...

    13 agosto, 2020

    Gracias mujeres @mabel, @asnoren y @estelarz39hotmail-com Me encanta que me lean, lo agradezco profundamente, como así también vuestros votos.
    Viste AsNoren, esas metáforas casi ridículas me divierten.
    Y tus palabras Estela, me dan una fuerza increíble para seguir, amo estos cuentos.
    Falta un sólo capítulo, y el epílogo, que aún no sé si numerarlo.
    A vos Mabel, te agradezco porque hace justamente, dos meses, me diste la bienvenida a esta red.
    Me encanta estar entre ustedes.
    Y «GRACIAS TOTALES», diría Ceratti, uno de nuestros ídolos argentino.

  5. Vladodivac

    14 agosto, 2020

    @clotildemacchi

    No toleraba el silencio, porque tiene sonidos que son insoportables.
    Él seguía sin dormir, el dibujo firmemente prendido al desvelo.
    Me gusta amiga Eli, cuando nos llega la carta, no podemos decir al cartero que no estamos en casa. Morir es traducir la vida y construir un puente con las palabras.

    Semper Fidelis.

    Joaquin.

  6. Eli...

    14 agosto, 2020

    Que lindo eso de: «Morir es traducir la vida y construir un puente con las palabras».
    Yo creo que morir es pasar a otro estado, pero eso de construir un puente… me encantó.
    Gracias amigo @joaquin-pintanel
    Un abrazo

    PD: Cada día estoy más feliz de andar por esta red.

  7. gonzalez

    19 agosto, 2020

    Amiga y bella Eli, falsaria no me deja votar pero te leo y comento. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

  8. gonzalez

    19 agosto, 2020

    Perdón, es la costumbre de poner ‘mi voto’ jaja. Como dije, no puedo votar.

  9. Eli...

    19 agosto, 2020

    Si @gilgonzales la página anda mal, yo pude votar, pero veo que a muchos les pasa que no. Me pide tantos datos para comentar, cambié contraseña y etc, no le di más bola y comenté jajaja!
    Abrazo nene y cuando puedas recordalo.

  10. Eli...

    25 agosto, 2020

    Compatriota @gilgonzalez si te pinta (como decimos por nuestros pagos), dejame el voto que no pudiste. Este cuento, varios no pudieron votarlo. GRACIAS TOTALES!!!

  11. JR

    27 agosto, 2020

    Eli, pues yo si he podido votar y me ha tocado el privilegio de enviarte a la muy merecida portada. Fascinante! Me encanta este serie de historias.

    Saludos!

  12. Eli...

    27 agosto, 2020

    Gracias JR, por eso que llamas privilegio y por tu «Fascinante».
    No sé si has leído o te lo escribí a vos, que esta saga me enamora.
    Si ya te lo dije, ay… que mal estoy, ja, ja, ja.
    Abrazo @joserubengoycochea.

  13. Candy

    31 agosto, 2020

    Definitivamente lo leeré a mis alumnos de 11 años, estoy segura que les encantará!, va mi voto! Saludos.

  14. Eli...

    31 agosto, 2020

    Muchas gracias @alejandracas, son cuentos para chicos y no tan chicos. Al menos siempre me parecieron eso.
    Es un halago que se lo leas a tus alumnos.
    Saludos nena 🙂

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