LA MUJER DEL VESTIDO AZUL Cap 2 FINAL

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En su mente no cabía una explicación de lo sucedido, y mientras abría el portillo para llegar a su pieza que se hallaba en un patio trasero de una enorme casona cavilaba una y otra vez qué fue lo que le pasó con la chica.

Al entrar se sienta en su cama y saca su billetera para ponerla en su mesa de noche, pero antes decide contar el dinero y solamente le hacía falta un billete de veinte pesos. Eso lo hizo pensar que la dueña del quiosco no le cobró dos veces, otra intriga que se le sumaba al cuento.

Pensativo y meditabundo se acuesta boca arriba con toda y ropa decide reposar un poco. En menos de cinco minutos ya respiraba entrecortado y un leve ronquido dejaba ver que estaba dormido. Al instante despierta sobresaltado recordando que en su sueño baladí vio nuevamente a la chica y que esta le decía que por la  noche volvería. Con temor, pero resuelto decide salir nuevamente a la plaza a ver si lograba encontrar alguna noticia de la chica que hace una hora escasa le había causado el desconcierto más grande de su vida.

Lleno de recelo llegó a la plaza, mira hacia el quiosco y se da cuenta que está lleno, todas las mesas están ocupadas. Entonces decide sentarse en una silla maltrecha de cemento que se hallaba en una esquina justo al frente de la iglesia. Confundido por lo acaecido decide llamar a varios transeúntes y reunirlos para contarles lo que le había sucedido. Mientras refería su relato más personas se fueron acercando y varios espectadores se empezaban a inquietar.

-¿Qué vas a ser ahora?

Preguntó uno de los que escuchaban el relato de Aulio.

-¡La buscaré por cielo y tierra, alguien tendrá que conocer más de ella!

Contestó Aulio con seguridad.

Luego de terminar de relatar el suceso varios de los asistentes se ofrecieron acompañarlo a buscar por las calles del pueblo alguna noticia del misterioso ser. Así lo hicieron y hasta medio día no encontraron ningún rastro que los llevase a localizar a la mujer. El hombre se sintió comprometido con los compañeros de búsqueda y los invita a tomar algo para el almuerzo en una de las fondas de la plaza de mercado.

Precisamente ahí en ese sitio escucharon un comentario de un vendedor de flores que decía tener noticia que en este pueblo hace unos veinticinco años, una mujer misteriosa de un vestido azul se había citado con varios caballeros que le enamoraron y a todos los dejó plantados frente a la iglesia.  Cuando estos hablaron entre sí y se dieron cuenta que esperaban a la misma mujer  lógicamente se formó la trifulca por los celos. Esa narración dejó más expectante al hombre que estaba trastornado con la mujer que vio en la mañana y se ajustaba mucho al cuento del vendedor.

Sin poner en duda con lo relatado en el mercado, se despide amablemente de sus compañeros de mesa y vuelve a la plaza ya que se decía a sí mismo que tal vez la mujer debía pasar nuevamente por el sitio. Cuando llegó la dueña del quiosco le dice que una mujer preguntó por él. Aulio lleno de intriga le pregunta a la mujer que cómo sabe que era por él que preguntaban, la mujer le responde con simpleza diciendo que lo describió tal cual y que ella tiene buena retentiva.

Animado con el comentario decide quedarse toda la tarde en el sitio a ver si nuevamente se topaba con la mujer. La tarde se desvaneció y Aulio no vio a su chica misteriosa. La dueña del quiosco le dijo que lo sentía pero tenía que marcharse porque ya era hora de cerrar. La tarde se había desvanecido y el horizonte había perdido sus tonos pasteles tornándose más gris que de costumbre. El hombre sabía que había perdido el tiempo, que ese día sería imposible verla nuevamente.

Sin más, resuelve regresar a su pieza y al llegar todo era oscuridad, no veía nada, esa noche el fluido eléctrico presentaba una falla. Prende un cerillo para orientarse y encontrar una vela de cebo la cual guardaba en una vieja repisa. Enciende la vela y su leve luz alcanzaba a iluminar toda la pieza. Antes de dormir decide prepararse una taza de café en su fogoncito de kerosene. La toma de tres profundos sorbos y decide voltear la taza boca abajo para ver qué le deparaba la suerte.

Casi de inmediato queda rendido a los brazos de Morfeo, durante toda la noche soñó con la misteriosa dama, sentía que hablaba con ella plácidamente y que no parecía un sueño, es más él estaba seguro que quería poseerla como mujer pero esta se mostraba esquiva. Lo más interesante fue que muy temprano cuando la madrugada soslayaba las primeras chispas de la mañana Aulio se levantó confundido y lo primero que ve es su taza de café volteada boca a arriba, al tomarla la borra del café estaba reseca y en su interior se alcanzaba ver la silueta de una esbelta mujer y entre sombras  parecía verse;

“Una mano que decía adiós y un número veinticinco”.

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