LA MUJER DEL VESTIDO AZUL Cap l

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El mundo está envuelto e hilvanado en una serie de acontecimientos que para algunos no tienen explicación o no tienen sentido, pareciera simplemente que estos no correspondieran a la lógica de este planeta. Tanto así que algunas personas cuando se encuentran con estos hechos no les dan crédito o creen que son invenciones de vivarachos que pretenden ganar reconocimiento en su comunidad.

Aulio Vergel era un recio minero que improvisaba aventuras al pueblo que llegaba. Precisamente ese fatídico día descorchaba su segunda cerveza en su sitio favorito, el quiosco  dominguero que se armaba bajo los enormes árboles de roble amarillo, que se hallaban en la esquina de la plaza  que colindaba con la estación de buses y taxis, la cual se abarrotaba de personal después de la salida de misa de nueve am.

El hombre se sentó volteando su silla y veía pasar la muchedumbre, pero se detenía a mirar el contoneo de caderas de aquellas féminas que arañaban la calle con sus tacones, mientras agarraban sus sombrillas para cubrirse del ardiente sol que empezaba a exponer sus cálidos rayos propios de la media mañana. La mirada se le perdía entre tanta agraciada dama que transitaba por su vera, aspirando tal vez a que una de ellas le contestara su distintivo saludo;

-¡Buen día, señorita!

Era su grito de combate el cual acompañaba con una quitada de sombrero, y si este no funcionaba, sacaba de su artillería la peculiar frase;

-¡Dios mío!, ¿esto qué es?…. ¡Brujería!…. ¿Será que el cielo está de fiesta y los primeros angelitos están llegando?

Esa máxima no le solía fallar, casi de inmediato una agraciada muchacha voltea sutilmente la mirada y sus hermosos labios dejaron ver una pícara sonrisa la cual Aulio entendió como “Mordió el anzuelo”.

Mientras la chica caminaba Aulio impávido la seguía con su mirada antes de que su vestido azul se le perdiera de vista. Inmediatamente dejó en el mostrador un billete del valor exacto de la cuenta con el fin de no dar mala imagen. De una decide  seguir a la atractiva mujer que ya le llevaba unos veinte pasos de ventaja más o menos. Por un momento pensó en gritarle, para que la mujer se detuviera, pero eso sería muy basto, entonces le dice con una  voz acaramelada y suave;

¡Linda…espera….algo se te cayó!

Claramente era otro as bajo la manga, ya que estaba tramando a la joven porque a ella no se le había caído nada, simplemente era una engañifa para detener a la chica. La joven se detuvo y Aulio se la alcanzó y sin sorprenderse por haber triunfado en su primer intento muy cortésmente le dijo;

-¡Gracias por detenerte, no se te cayó nada, simplemente quería conocerte, mi nombre es Aulio!

Al escuchar esto nuevamente la chica sonríe y le dice,

-¡Mucho gusto…me llamo Lilith!

Aulio quedó cautivado con la belleza de la mujer, el carmesí de sus labios y su  hechicero mirar lo envolvieron de inmediato,  al verla tan cerca solamente se le ocurre decirle;

-¡Que nombre hermoso!, ¿señorita de donde viene ese nombre?

Ella con un tono serio le dice;

-¡Ese nombre le pertenece a una mujer muy bella!

Aulio quedó atónito y le pregunta;

-¿Y, quién es esa mujer?

-¡La primera mujer de Adán! Contestó la chica sin vacilar.

Aulio se ve impresionado con tal afirmación y le ofrece a la chica un refresco en el quiosco donde la vio pasar, pero la chica le responde;

-¡Yo no suelo sentarme o reunirme con desconocidos!

Pero Aulio le insiste;

-¡Señorita es con todo respeto, no lo tome a mal!

Aulio seguía deslumbrado con la  hermosura de la mujer, y le dice;

-¡Tal vez en otra ocasión será señorita!…No me doy por vencido.

Acto seguido le ofrece la mano para despedirse, de inmediato toca  a la mujer esta se le desvanece frente a sus ojos, y sin ninguna explicación Aulio vuelve al quiosco a estar sentado como si el tiempo no hubiese pasado. A tal punto que la dueña del lugar le grita;

-¡Muchacho toma tu cerveza que se va a calentar, mira que hace calor y hace rato que estás ahí mirando lejos!

-¿Cómo así?

Preguntó Aulio a la dueña del quiosco, mientras que esta le dice;

-¡Si señor…después de la salida de misa estás ahí, mirando a la calle como loco nuevo!

De inmediato Aulio escuchó esto dejó de tomar su cerveza, la coloca en la mesa y emprende la huida, al ver esto la dueña del quiosco le dice;

-¡Muchacho…son veinte pesos la cuenta!

Aulio desconcertado le dice a la señora,

-¡Ya le pagué cuando salí a buscar a la chica hermosa del vestido azul!

La mujer le contesta;

¿Cuál chica, cuál vestido azul? – ¡Deja la viveza y paga o llamo a la policía!

Aulio no podía entender nada,  por eso saca un billete de veinte pesos y sin chistar más paga la cuenta.

Tratando de olvidar el impase con la dueña del quiosco Aulio coge camino a la pieza que habitaba cuatro calles más abajo del sitio en mención.

Continuará.

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