Un hombre absorto

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Los domingos suelen ser aburridos, a veces uno no sabe que hacer para sacudirse ese estado de sopor insoportable, ese letargo paralizante, ese aturdimiento de la conciencia. Fui al centro de Asunción en búsqueda de no se qué, de alguna distracción, una diversión inesperada, fortuita, un encuentro casual con algo o alguien interesante tal vez. Llevé mi cámara fotográfica para entretenerme… Fue un error, la ciudad estaba más muerta que un cementerio abandonado. Hacía un calor insoportable y ni las moscas habían emprendido vuelo. Me senté en el banco de una plaza a ver pasar el tiempo y contar las hojas que caían de los árboles, mi reloj marcaba las tres de la tarde, me aburría por demás… En eso me llamó la atención a pocod metros de distancia, la presencia de un hombre mayor, de unos sesenta años aproximadamente, impecablemente vestido con un traje negro.  Caminaba como aturdido por la vereda, el sol arrancaba brillos de sus  zapatos abetunados. Traté de imaginarme quién sería y no pude evitar recordar a un tio mio que desde joven emigró a la Argentina y volvió 30 años después con la misma pinta, con los mismos cabellos engominados, colonia lancaster y el traje casimir ingles que lo enorgullecía…Murió hace diez años y lo enterraron en su natal Ñemby con su propio traje.
El extraño hombre miraba los edificios con un interés que despertaba mi atención, era como si no lo hubiera visto antes, estaba  absorto y perdido, caminaba, con lentitud exasperante. Le tomé una foto sin que se diera cuenta, luego lo seguí como a treinta metros para no llamar su atención. El hombre permanecía con esa fascinación inentendible. Imaginé que recordaba algo, alguna película tal vez, alguna novia quizás. Cruzó la calle, se detuvo en la parada de colectivos. Entendí que su recorrido dominical había terminado, se disponia a volver a su casa. Me intrigó tanto aquel hombre que pensé hablarle. Cuando estuve cerca de él sentí una extraña sensación, una especie de timidez, un cierto respeto por no violar su intimidad, su soledad tranquila.
Al pasar le miré a los ojos, lo vi muy tristes, cansados y afectados por el transcurrir de los años. Ni siquiera me miró. Me ubiqué a unos metros detrás de él. De pronto  se inquietó cuando una linea de transporte  se acercó. Lo vi contar con dificultad sus monedas y estirar los brazos haciendo la parada. Decidí seguirle hasta su casa. Un antiguo bus de la linea dos se detuvo, el anciano subió con dificultad, detrás subí yo. En el micro no había nadie. El anciano se sentó hacia la ventanilla del lado derecho del conductor, me senté al otro lado, no muy lejos. El anciano siguió mirando los edificios con la misma absorción, con el mismo interés. Una vez más me reproché no tener el coraje de sentarme a su lado y entablar una conversación, me propuse hacerlo cuando bajara. La cadencia monótona del lento andar del colectivo hizo que me quedara dormido. Desperté cuando el bus abríó  su puerta ruidoza. Mientras volvía en mi mismo, vi que el anciano  se bajó, caminó hacia un portón metálico de un predio que me resultaba conocido. Me levanté de mi asiento y corrí hacia la puerta trasera, toque el timbre  para que me volvieran abrir la puerta, vi por el espejo que el conductor hizo un gesto de fastidio, pero la abrío, bajé con prisa, pero ya no pude ver al anciano, me dirigí  hacia el portón metálico donde lo vi por última vez, estaba cerrado con una cadena herrumbrada y  un antiguo candado, recien alli miré entre las rejas y el susto que me llevé no lo desearía ni al peor de mis enemigos, estaba en frente del cementerio de la Recoleta, un sin número de ideas absurdas me pasó por la cabeza, recordé todas las leyendas urbanas que se mencionan con respecto a apariciones de fantasmas en ese campo santo. Yo que soy escéptico, me reí de mi mismo:
«No va a ser me dije»- a pocos metros de allí, vi a una vendedora de flores, acomodar sus cosas, para abandonar el lugar, su jornada laboral había terminado. Me apresuré para hablar con ella, Le pregunté:
_Señora por si acaso no vio a un hombre de unos 60 años vestido con traje negro pasar por aquí?
_No, mi hijo, los domingo ko a estas horas ya casi nadie viene, porque piko le buscas?
_Recién se bajó de un colectivo de la línea 2 y vino hacia aquí, pero se me perdió.
_Mi hijo la linea 2 ko hace mucho que ya no trabaja, hace más de 10 años por ahí.
Su respuesta mi intrigó aún más. Estaba seguro que la línea de transporte en la cual subí era la línea dos. Sólo le dije.Ah! entonces me confundí. Gracias mante señora, mucha suerte.
_Suerte para vos mi hijo – me dijo cuando cargó su balde de flores junto con unas bolsas y se alejó. Yo me quedé por largo tiempo frente al cementerio, pensando en lo que había pasado si de verdad había visto un fantasma o no o si el colectivo era  de la linea dos o no.Cuando de pronto algo se ilumino en mi: La foto! Encendí mi cámara y  con nerviosismo busque la foto, un maldito mensaje decía «wrong Format» (error de formato) nunca pude recuperar la foto.

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