Cielos hermosos y emociones tristes

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Cielos hermosos y emociones tristes

Segundo echado en su cama escuchaba a la doctora Karen que le decía por enésima vez, que ya había informado a los de traumatología para que vean su caso. Segundo había llegado hace más de un mes al Hospital Nacional Daniel Alcides Carrión, debido un bulto que le había salido en el muslo derecho producto de una caída. El bulto había crecido mucho, empezaba desde la ingle y terminaba en la rodilla. La doctora Karen se disculpaba y le decía que los doctores de traumatología se demoraban en ver los casos y por el tema de la COVID-19 la situación se había empeorado. Se fue prometiéndole que informaría a los de traumatología de inmediato. Segundo, suspiró y se levantó con dificultad, se acercó a la ventana y observó el cielo despejado. Por lo general contemplar el cielo lo relajaba, le hacía olvidar sus problemas, sin embargo, desde que llegó al hospital ya no sucedía eso. Puesto que, todos los días que salía el sol y el cielo estaba libre de nubes recibía malas noticias. Otro día más en ese maldito hospital que nada hacían en agilizar las cosas, pensó.

Segundo miró a sus compañeros de cuarto y al parecer tampoco habían recibido buenas noticias. Sus compañeros estaban conformados por: un joven de veintitrés años que había llegado al hospital por vómitos constantes y diarreas. Tenía dos semanas en el hospital y aún no sabían qué tenía. Los otros tres, eran personas mayores. A uno le habían diagnosticado cirrosis. Al otro, diabetes y el último había perdido la memoria debido a un derrame cerebral.

 Una semana después llegaron los doctores de traumatología y revisaron el expediente de Segundo. Le informaron que lo más probable es que había que operarlo, pero que requerían una tomografía. Segundo sin pensarlo les dijo que estaba preparado para realizar la tomografía, sin embargo, los doctores le dijeron que el equipo que tenían estaba malogrado desde hace meses, y que tendría que tomarse esa tomografía en una clínica particular. Aquella noticia le cayó como un baldazo de agua fría. Segundo trabajaba como técnico en telecomunicaciones en la red de Claro y desde que se enfermó le habían reducido su sueldo a la mitad.

Al día siguiente la hermana de Segundo fue a visitarlo y él le informó lo que le dijeron los doctores. Ella le dijo que no sé preocupara que buscaría una clínica que cobre un precio cómodo. Sin embargo, días después regresó su hermana y le dijo que la mayoría de las clínicas estaban cerradas y solo había tres que realizaban la tomografía; dos de ellas cobraban más de mil quinientos soles y el último cobraba mil doscientos soles. Segundo frunció el ceño al escuchar tales cifras, él apenas contaba con quinientos soles en su cuenta bancaria. El mismo día en la noche llamó a un primo y le pidió que le prestara dinero para su tomografía, pero solo contaba con quinientos soles y lo restante se lo prestó un sobrino.

Dos días después se tomó la tomografía y le dieron los resultados. El bulto que tenía en el muslo estaba llenó de pus, pero no tenía ningún sangrado interno ni complicación de más. Este resultado, Segundo se lo informó a la doctora Karen y ella a su vez a los doctores de traumatología, que les tomó dos semanas y media en contestar y otras dos en programar la operación. Durante todo ese tiempo sus compañeros de cuarto ya habían sido dado de alta y lo reemplazaban otras personas.

Una enfermera le informó a Segundo que era mejor que permaneciera en su habitación y que no saliera porque en el piso donde estaba ya había a un paciente infectado por la COVID-19. Asustado regresó a su cuarto de inmediato y se acostó en su cama. Pensó en qué sería de sus dos hijos si se contagiaba de la COVID-19, y se horrorizó de solo pensarlo y rezó a Dios para que saliera de ese hospital cuanto antes.

Segundo era divorciado, su hijo de doce años lo tuvo de su primera esposa y su hija, de otra mujer que había conocido hace año y medio. Su primera esposa y su hijo vivían en Arequipa y no podían visitarlo, ya que el hospital donde estaba internado se encontraba en la capital. Por otro lado, la madre de su hija si vivía en Lima, pero Segundo le había prohibido que lo visitara. No podía arriesgarse a que ella se contagiara sino quién velaría por su hija.

El día de la operación finalmente llegó y fue un éxito. Le extirparon el bulto y no hubo complicaciones. La doctora Karen le dijo que tenía que permanecer una semana para evaluar su evolución y que cumplido ese plazo le darían de alta. Estaba contento solo tenía que esperar una semana, pero su alegría duró poco. Lo cambiaron de piso porque donde estaba iba ser utilizado para los pacientes contagiados con la COVID-19.

Tres días después se despertó solo en su habitación, no estaban sus compañeros de cuarto. Le preguntó a una enfermera y le informó que en la madrugada los trasladaron a otra habitación por presentar síntomas de la COVID-19. Además, le dijo que casi todos los cuartos en cada piso estaban siendo utilizados por pacientes con el virus. Segundo abrió los ojos como platos, un escalofrió le recorrió todo su cuerpo. Cuando se acostó a dormir, lo atormentaron pesadillas donde se contagiaba con el virus. Se despertó empapado de sudor y solo pensó en llamar a su hermana. Entre tartamudeos le pidió que fuera a verlo a primera hora de la mañana. Luego de la llamada ya no podía dormir, ya que, tenía miedo de despertarse y tener a un compañero de cuarto contagiado. Tuvo suerte esa noche. No trajeron a ningún paciente.

La hermana de Segundo llegó al mediodía y le propuso a su hermano que huyera del hospital. Su pierna estaba bien hasta el momento y ya no le dolía. Incluso caminaba. La hermana de Segundo lo tenía todo preparado y le había traído ropa de calle. Segundo se vistió en el baño y su hermana salió del cuarto. Ella lo iba a esperar en el primer piso. Segundo salió de la habitación fue al ascensor y ninguna enfermera lo vio salir. Nadie lo retuvo cuando salió del hospital acompañado de su hermana.

Segundo subió presuroso a un taxi y desde la ventana observó por última vez el hospital, su cuarto, la ventana donde miraba la calle; donde había estado más de dos meses. Al fin había salido de ese hospital, llegó a pensar que nunca saldría de allí. Lloró de alegría y su hermana mayor lo consoló con un fuerte abrazo.

Lectores de Falsaria les agradezco haber leído este relato. Espero que les haya gustado y entretenido. Les pido que, en caso de encontrar alguna falla en el relato, algún error ortográfico o tienen un consejo que brindarme háganlo. Quiero mejorar en mis relatos; así que espero sus críticas.

¿Les parece que el título es el adecuado?

Gian.

 

Comentarios

  1. Leire_G

    11 septiembre, 2020

    Yo quizá lo hubiera titulado «Cómo acudir a la Sanidad Pública y no morir en el intento», pero «Cielos hermosos y emociones tristes» queda más misterioso, más sugerente.
    En cualquier caso, un buen cuento sobre un tema de actualidad; el miedo del protagonista está muy bien descrito, queda muy realista y es fácil identificarse con él.

  2. Esruza

    11 septiembre, 2020

    Excelente cuento, Gian.

    Mi voto y un abrazo.

    Estela

  3. Eli...

    14 septiembre, 2020

    Muy bueno tu cuento @gian .
    Y excelente tu humildad con deseos de aprender.
    Te sigo y voy a leer varios de tus artículos.
    Ahora un voto más… arrimando a la portada.
    Abrazo

  4. JR

    14 septiembre, 2020

    Muy bueno. Se deja leer con facilidad. Que dura realidad le toca vivir a muchas personas.

    Saludos

  5. Gian

    14 septiembre, 2020

    Gracias Leire, Estela, Eli y José.

    Sañudos

    Gian.

  6. Gian

    20 septiembre, 2020

    Me alegra que te guste, Gonzalez

    Saludos.

    Gian.

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