Crímenes son del tiempo

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«Sí alguien ya no te sirve, prescinde de él». Valentiano, emperatur

 

De los intelectuales, como gremio, poco se ha hablado, excepto de las lumbreras semitas Krauze, Aguilar-Camín y el Güero Gutman de Foro Teve, incluído el conductor Zuckerman. Cuando se les pide un apoyo a lo manifestado por los políticos o los mili­tantes de la 4T, se escudan en sus empresas, además de racionalizar por voz de terceros lo que está sucediendo en el momento y acaban taimadamente expresando sus ra­zones, tal vez con la excepción ayer, de Carlos Fuentes, y de hoy, con Lorenzo Meyer. Des­pués se podrán arrepentir y cantar el mea culpa, preten­diendo que la amnesia disipe todo lo dicho y sobretodo que no se insista en el contenido de sus escritos y confe­rencias del pasado: todos tenemos derecho a equivocar­nos y lo dicho antes de la caída de los indicadores frente a la pandemia, 73mil muertos; por la criminalidad 150mil, y por la guerra narca emboscada, otro tanto. Bien visto por la lente de los acontecimien­tos, el nefasto panorama tiene una parte de verdad temporal, otra de contingencia y mala leche y la peor de la imprevisión y la fatalidad convertidas en catástrofe económica y maledicencia obcecada. Lo demás, como en la colonia, crímenes son del tiempo… y no del neoliberalismo tricolor o sefardita.

Así pues una tranquilidad pusilánime domina el orbe: la guerra declarada terminó, pero la apocalipsis sigue cabalgando y nadie se pregunta ¿cómo termi­nó? y le dan la razón, sin querer queriendo, al exvice Cheney o al canciller Pompeo, quien anunció el comienzo de la liquidación de esta televisiva conflagración con la frase: «nada reditúa como el éxito».

Los latinos del exBerlusconi trenzan coronas de laurel y Macron le pisa los talones al propio Boris Johnson, mientras las huestes de Trump movilizan la 5ta flota sobre el mare nostrum. dejando otra vez a Gibraltar fuera de la soberanía de Hispania y la Merkel hace de las suyas entronizando al keniano Kaurutuh en la OMC anulando al mexica Seade

Pobres de los vencidos. Tan engañados y despojados de 700 años de historia, tesoros y cultura. Sus líderes, olvidándose de cuanto decían hace un mes, corren o participan en el re­parto de los despojos, directamente, o a través de la ONU. Cito a Adolfo Aguilar Sinzer: «Sólo la ONU puede ser fuente de legitimidad cuando toda fuente de diálogo y derecho internacional se ha evaporado. Sólo ella tiene la ca­pacidad de convocatoria para comprometer los recursos y el esfuerzo de las naciones para las tareas de recons­trucción», y cabilo: ¿qué nos dirá el doctor De la Fuente ahora que México es nuevamente miembro del Consejo de Seguridad?

Porque es el ser político el que sabe aprovechar la coyuntura, la oportunidad, sabe subirse al tren en mar­cha, así lo bajen en la siguiente estación. Con esa opor­tunidad, con esas circunstancias favorables se encontró el gobierno de Fox al iniciarse la guerra en Irak. Pero las dudas y titubeos silenciaron su decisión hasta el último momento (el crack lumbar) para no verse obligado a votar en el Consejo de seguridad provocando así una reacción contraproducente: aversión de Bush, y de satisfacción en México, donde la mayoría de la opinión pública estaba en contra de la guerra. y en esa postura (incluido el canciller Castañeda Gutman) estuvo la mayoría de los intelectuales y editorialistas.

Y es que las manifestaciones intelectuales y políticas respecto a dos asuntos que atañen a la ONU son, por decir lo menos, sesgadas. Veamos el parangón Irak.Cuba con lo que dijo el exsenador Carlos Medina Plascencia del voto contra Cuba: «El gobierno de Fox ha sido congruente en condenar (sin votar) la guerra contra Irak, y ahora lo es también votando a favor de los derechos humanos en Cuba. La realidad es que en el caso Cuba existe una trasgresión a los derechos de los ciudadanos que es inaceptable en nuestro país».

¿Pero si lo es el crimen de lesa humani­dad en eJ caso de la intervención militar contra el pueblo iraquí?

¡Vaya con la lógica política de nuestros proceres en el Senado!

Como corolario, Sergio Sarmiento dice en Reforma: «Es correcta la reducción de las apariciones pú­blicas del presidente Fox. Pero sus declaraciones gene­ran un contrapunto que al día siguiente requiere una acla­ración del vocero del despacho correspondiente».

Por lo que toca a los círculos del poder en los Estados Unidos, se observa un conformismo pusilánime de los medios respaldados por unos «intelectuales», cuya condición de promotores del «haz» o manojo de flechas del escudo neofascista del águila imperial, les exige las comillas a la palabra intelectual. Pero hay también otros hombres con ideas y pensamiento en aquel país, que no se atreven a abrir la boca por un temor ampliamente justificado en los prece­dentes históricos del macartismo a la Trump.

Entonces podemos decir que la cultura en los Estados Unidos exige la unanimidad, la aceptación de las ¡deas dominantes, del arquetipo Wasp, y que esa cultura -esos valores- se impone tanto en la calle, como en los malls, en los bares o en los estadios, tanto como en los campus universitarios y se manifiesta en la mayor parte de las publicaciones que salen de esos cen­tros uniformadas o indexadas al dictado oficial.

Las modas -esa lucrativa industria del entretenimiento informa­tivo— son devastadoras de la autocrítica pública, tanto por la amplitud de las geografías donde triunfan como por los contenidos intencionados y aceptados sin crítica alguna. Es más, la crítica se ensaña con quienes discrepan de los hallazgos llamados verdades «científicas» y otra vez ese tipo de fake-ciencia o verdad reclama las comillas dobles.

A finales de los años treinta, los científicos europeos se vieron obligados por su condición: disidentes, liberales, semitas, comunistas, antifascistas, etcétera, a refugiarse en los Estados Unidos, —lo cual fue para ese país un aporte extraordinario de auténtica ciencia—, e ignoraron precisamente ese rasgo distintivo de la cultu­ra norteamericana que es el conformismo.

Y allí empe­zaron sus problemas, cuando, en dos libros magistra­les, los de Berenson y Lazardfeld -The Walden Two— probaron que la cultura política de los Estados Unidos no era lo que sus profesores e investigadores preten­dían sino que, más bien, era una cultura que conducía a una baja participación, mal informada y sin alternativas claras para las minorías no wasp marginadas.

Esos autores se ganaron, como era de esperarse, la antipatía y la hostilidad de los representantes y pastores del stablishment de las ciencias sociales: estaba prohibido,— así lo aprendieron—, poner en duda las creencias esta­blecidas por las vacas sagradas y aceptadas por los cie­gos seguidores de las verdades indiscutibles de los «gurús» del American Way of Life, hoy bajo la sombra ominosa del populista Trump y el obsecuente régimen del Pejeyac.

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    21 septiembre, 2020

    Todo lo que escribes es siempre interesante y bien fundamentado, no cualquiera lo hace, sólo un periodista de política. Tus escritos me parecen muy apropiados para El Heraldo o Revista Central.

    Ya tienes mi voto

    Bossy

  2. Esruza

    21 septiembre, 2020

    «Y si alguien ya no te sirve, prescindes de él»

    Muy bueno.

    Bossy

  3. Cortex

    22 septiembre, 2020

    Siempre tan atinada, mi querida Stella.

    Gracias por tu voto.

    CORTEX

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