EUTANASIA

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            Todos los días al despertar presencio la misma triste escena: el viejo descendiendo torpemente la escalera. Cada paso del viejo dura una eternidad, y su cuerpo trémulo y descarnado. Ver al viejo deslizarse de culo, escalera abajo, es un martirio.

Me levanto antes del amanecer, preparo el desayuno, lleno un termo de té para llevar a la oficina, leo detenidamente el periódico de ayer. Al salir a la calle: el viejo sentado en el pórtico de su casa. Su mirada siempre yace perdida como si ya no mirara en este mundo. El rostro lastimado por la vejez, el corazón por la soledad. La piel del cuello en carne viva, el parpado caído, la boca entreabierta y babeante, y una eterna mueca de desconcierto en el rostro. En el semblante del viejo se percibe el sufrimiento, y sólo provoca grima y dolor mirarlo.

Quisiera hacerme de la vista gorda y olvidar por un momento que el viejo existe, pero él no para de gritar, recuerda el momento en que sus camaradas lo torturaron y le prendieron fuego. Dolorido, sin un segundo de tregua y lleno de horribles recuerdos, la piltrafa humana no para de martirizarme.

La mandíbula del viejo es débil, babea cada vez que tratan de darle la sopa. Los vecinos son buenos vecinos: lo bañan una vez a la semana, le llevan revistas y diarios deportivos, otros le llevan tabaco o algo de alcohol. Tratan de hacer su vida más llevadera. Pero nadie atina darle al viejo lo que el viejo realmente quiere.

Estoy seguro que el viejo sólo quiere paz. Él ya no quiere seguir sufriendo así. Su vida se ha convertido en un eterno sufrimiento.

Y yo tengo pesadillas a toda hora, ya no duermo por las noches, ya no disfruto la siesta de mediodía en el trabajo. Las pesadillas siempre están allí, y bien podría ser el viejo la causa de esos malos sueños. Asumo el tormento del viejo como mi propio tormento.

Ciertamente de una agonía similar sufrió mi padre; él, en su lecho de muerte, me pidió que terminara con su dolor y lo dejara volar hacia el infinito, hacia el otro lado, hacia ese lugar etéreo en donde el mar es más azul que el cielo y el cielo es tan hermoso como el mar. En ese entonces yo carecía del valor y el pensamiento necesario para darle a mi padre lo que me pedía. Lo miré sufrir durante mucho tiempo y no hice nada, eso me lo reprocharé para siempre.

Entonces una mañana despierto y digo: ya no más. Me asomo a la ventana, veo al viejo descendiendo por la escalera con su dolor a la espalda. Entonces tomo la escopeta, le apunto a la cabeza y halo del gatillo.

La policía descubre que el disparo que segó la vida del viejo salió de mi habitación; poco después, yo confieso haber disparado la escopeta que le voló los sesos al anciano. Me sentencian a 20 años de prisión por asesinato y, entre mis vecinos, me gano el calificativo de monstruo. Pero digan lo que digan yo sé que lo que hice estuvo bien. El viejo mismo me lo ha confirmado y también me ha agradecido en sueños. Él ahora descansa en paz. Yo por mi parte, no he vuelto a tener pesadillas.

Comentarios

  1. Eli...

    3 septiembre, 2020

    ¡Mamita!, te resulta insoportable ver el sufrimiento de otro ser. Siempre escribimos desde los zapatos que llevamos puestos, de hecho has mencionado lo de tu padre.
    Muy buen relato, refleja tu auténtica sensibilidad.
    Un abrazo y gracias por seguirme.

  2. Luis

    3 septiembre, 2020

    Muy bien escrito, Josh, me gustó el tema y el argumento, la realidad que describes. Un abrazo y mi voto!

  3. Eli...

    3 septiembre, 2020

    @josh ja, ja, ja, te agradecí que me siguieras, ambos lo hacemos desde hace un tiempo. Estoy un poco dormida aún 🙂

  4. Eli...

    3 septiembre, 2020

    Uy, me desperté y vi el correo que me avisaba que me seguías @josh, te voy a aburrir con tantas menciones ja, ja, ja.

  5. Esruza

    4 septiembre, 2020

    Debe ser terrible legar a viejo en esas condiciones, yo no me atrevería ajuzgar al que le disparó, pero la justicia es ciega. Terrible relato y muy bueno.

    Mi voto y saludos

    Estela

  6. josh

    5 septiembre, 2020

    Gracias por sus comentarios. Tema controversial por supuesto. Un abrazo a todos. Nos seguimos leyendo.

  7. The geezer

    8 septiembre, 2020

    Me gustó este relato, plantea un dilema moral realmente difícil sin respuesta clara. Un saludo y mi voto!
    César

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