GRACIAS

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Puedo ver mis ojos en ese rostro, mis brazos caídos a ambos lados de mi propio cuerpo, mis labios semiabiertos, mis pómulos desprovistos de su natural rubor en ese organismo prestado. Él, con una jeringuilla en su mano y los ojos llenos de lágrimas, curva levemente sus labios en una dulce y triste sonrisa cómplice. Todo el miedo y la desesperación por permanecer prisionera en un cuerpo enfermo se evapora de mí regalándome esta sensación placentera de comienzo. Me siento relajada, liberada de un peso insoportable y empiezo a caminar hacia adelante, por fin.

Comentarios

  1. Esruza

    22 septiembre, 2020

    Me parece triste, si es que entendí}

    Mi voto

    Estela

  2. Eli...

    24 septiembre, 2020

    Triste, pero muy bueno.
    Escribes muy bien.
    Abrazo y voto!

  3. The geezer

    24 septiembre, 2020

    Estuviste valiente atreviéndote con esto, y en mi humilde opinión, saliste bien
    Mi voto y un saludo!
    César

  4. Fa

    28 septiembre, 2020

    Gracias por los comentarios Esruza, Eli, César y JRPineda y por supuesto por vuestra lectura. Un abrazo

  5. Alejandro F. Nogueira García

    28 septiembre, 2020

    Pido disculpas a GalaCC y a Fa por ejercitar mi extremada vagancia comentando sus textos al mismo tiempo. Ambos comparten la temática de la muerte liberadora y ambos han recibido por parte de otros usuarios comentarios en los que aparece la palabra “triste”.
    ¿Triste?
    “No era tristeza, no. Triste es el mundo;
    pero la inmensa alegría invasora del universo
    reinó también en los pálidos días.”—dice Vicente Aleixandre en “No basta”, el último y fundamental poema de “Sombra del paraíso” (1944).
    En efecto; tanto la protagonista de “Gracias” como la protagonista de “Detrás de la puerta”, cada una con sus motivaciones y medios, dejan un mundo en el que la alegría les es imposible. Eutanasia o suicidio enfrentan al ser humano con su instinto de conservación, con su ansia y voluntad incondicional de vida. Así pues, dejando al margen los preceptos morales y religiosos de cada cual, siendo la única especie que sabe que va a morir y que puede elegir cuándo hacerlo, sería necio no hacer uso de esa facultad si es necesario. A sabiendas —eso sí— de que esa facultad solo se puede usar una única vez.
    En el caso de la protagonista de “Gracias” existe el importante matiz de que precisa de otros para ejercerla. A veces incluso se plantea el caso de que la persona está clínicamente muerta y son otros los que no sólo deben ejercerla sino también decidirla. Creo que nuestra sociedad debe dar respuesta a este espinoso asunto. En los últimos años, las investigaciones sobre la actividad cerebral han llevado a importantes avances para cuantificar el grado de consciencia que habita en una persona clínicamente muerta. Incluso se ha llegado a establecer un método (la prueba “zap y zip”) que permite determinar si un persona se puede considerar consciente o no.
    En el caso de la protagonista de “Detrás de la puerta”, el diagnóstico habitual que la sociedad hace del suicida suele estar repleto de prejuicios erróneos e incomprensiones. Salvo casos patológicos, el suicida teme la muerte pero teme más la vida. Y él es el único que posee todo la información sobre las posibilidades y alternativas de las que dispone. El inviolable principio de “de la piel pa´dentro mando yo” debería ser aplicado a este caso por extremo y trágico que se nos antoje.
    Fa, has demostrado en tu microrrelato una enorme capacidad de encapsular sentimientos en palabras. En menos de cien has conseguido comunicar los estados emocionales del necesario cooperante y de la enferma antes y después del pinchazo.
    Y tú, DalaCC, nos has dejado de momento tres relatos que narran un suicidio y dos asesinatos en el entorno familiar. Uf… Dala…; espero que tus allegados no sean demasiado susceptibles… Pienso que tienes un prometedor camino por delante como escritora. Si con solo 20 años escribes así, puedes aspirar a conseguir todo lo que te propongas.
    Enhorabuena a ambas.
    No me resisto a terminar este comentario con otro fragmento de un poema de “Sombra del paraíso” de Vicente Aleixandre titulado “El mar”:
    ¿Quién dijo acaso que la mar suspira,
    labio de amor hacia las playas, tristes?
    […]
    Allá, reverberando,
    sin tiempo, el mar existe.
    ¡Un corazón de dios sin muerte, late!

  6. Fa

    11 diciembre, 2020

    Muchas gracias Alejandro por tu comentario largo y enriquecedor. Gracias por tu tiempo y por tus palabras.
    Realmente es muy importante saber que otros te han leído, conocer las opiniones ajenas ayuda al aprendizaje, te hace saber más sobre cómo escribes y alimenta tus ganas.
    Un abrazo y hasta pronto espero

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