La basura

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La Basura. Uno de los problemas más destacados de nuestro tiempo —a la par de la sobrepoblación, la insalubridad y el consumismo– es la producción de basura. En nuestro medio estatal este problema cobra dimensiones espeluznantes.

Desde 1988, al recorrer Aguascaldas para conocer sus recursos natura­les y estructura poblacional, pude percatarme del colosal problema: calles y plazas, ríos y lagunas, parajes y paisajes de singular atractivo  tapizados de desperdicios… y basura. Pero lo más notable de todo, es que son los materiales y envases menos útiles o necesarios para la subsistencia, los que prevalecen en este fenómeno de degradación ecológica.

Latas de cerveza y bebidas azucaradas de carísimos envases. Pañales desechables y toallas sanitarias. Bolsas de plástico y celofán de deslumbrante colorido que contienen las frituras: golosinas, botanas y chatarra ali­menticia, así como envases de hojalata, plásticos duros, bolsas y popotes al por mayor. Toneladas de materiales y cascajo de construcción con un común y grave denomina­dor: no son reciclables:

¡Es decir, van a permanecer contaminando la tierra y las aguas del paisaje urbano y campirano.

Ciertamente que lo anterior es sólo la parte más aparatosa de los desperdicios, pues tenemos también aquéllos de origen orgánico: los derivados de comidas y alimentos; de los animales y los desechos sanitarios con sus males e insalubridad, principalmente de las mascotas, los perros acinados en los barrios citadinos.

Ahora bien, ¿cuál es el origen de esta calamidad? Unos dicen que es el producto de la industrialización y el consumismo propios de un sistema económico globalizado de desperdicio. Otros opinan que se debe al subdesarrollo de nuestra población: pobre, explotada y marginada, carente de una co­rrecta educación para la salud y la convivencia civilizada e irrespetuosa del entorno y el medio ambiente.

Pero no, si lo vemos comparativamente, esa conducta aberrante no se reproduce allende el Bravo, pues demuestra que el ejemplo cunde: allá nuestra gente sabe comportarse congruentemente con lo que ve… y vive… y es sancionado cuando no lo cumple… cuando tira la basura, contamina y ensucia el ambiente.

¿Qué sucede entonces con nuestros hábitos estercoleros? ¿Se trata de un mecanismo revanchista “de los de abajo contra los de arriba”?

Los más, creemos que tiene su origen en una conducta social dema­siado permisiva en la que, unos pocos, damos la impresión de ser edu­cados (la gente bonita y saludable, los de clase aparte) y nos preocupamos por mostrar y decir a nuestro alrededor las bondades y virtudes de nuestra singular condición de «gente bien», de personas pulcras y decentes: de cuyos buenos hábitos y mejores costumbres dan testimonio nuestra for­mación universitaria, nuestra próspera economía y el selecto círculo de amistades y familiares. Y… es posible que así sea.

Sin embargo debe­mos recordar que, en una sociedad netamente consumista, somos los miembros de la clase media productiva quienes tenemos los mayores recur­sos para el consumo y que, además, somos los sujetos o «víctimas» de la publicidad y la mercadotecnia, que nos bombardean con la necesi­dad o vanidad enajenante de consumir productos más elaborados, que son aquellos producidos y empacados con la mayor cantidad de mate­riales desperdicialbes: expresiónn de autosuficiencia, valor agregado y lucro solferino.

Debemos entonces hacer un alto… y reflexionar:

Si nosotros, la minoría autosuficiente de la comunidad, somos el ejemplo a seguir

Si somos el segmento pri­vilegiado de la estructura económica de la sociedad

Si somos —en última instancia— el ejemplo a seguir por la ´Plebe´…  ¡por él DEMOS votante!…

Estamos entonces obligados a tomar ese EJEMPLO categórico —ético y político— para reconvertir la doctrina del bien común en una socialización de la riqueza; en un ejemplo ANTICANGREJOS –caminat pa´delante– que sacuda los cimientos de esa «idiosincrasia» comodina y claudicante «a la cangrejo», que nada hace y todo lo pretende… recogiendo, separando y no tirando la basura. En especial…  la estercolera de los perros.

 

CORTEX

 

Comentarios

  1. Esruza

    7 septiembre, 2020

    ¿Qué tienes contra los perros? ellos no son los culpables, la culpable es la gente sucia, sin educación, que se encuentra en todos los niveles, (aunque hayan ido a la Universidad) sí, hay que decirlo, EN TODOS LOS NIVELES, aunque la gente de bajos recursos, sin educación, es la que más prolifera y no le importa hacerse responsable y porque no hay medidas que, realmente, sancionen su proceder, lo que hace más responsables a las autoridades respectivas.

    Mi voto

    Estela

  2. Esruza

    7 septiembre, 2020

    Perdón, mi comentario ya parece periódico, como otros, no lo vuelvo a hacer.

    Estela

  3. Sosias

    8 septiembre, 2020

    Estimado Cortex:
    Es muy difícil evitar responder a su mas que extraordinario y real escrito.
    En mis tiempos de niña nunca pudimos tener una mascota que no sirviera de alimento. Cerdos o gallinas si. Un perro no. Había que alimentarlo y cuidarlo,eso era un lujo que no estaba al alcance de los pobres y nosotros lo eramos.
    En cuanto a la basura, no es imposible que lo podamos hacer.
    Déjeme decirle que cuando naufragó el Prestige e inundó de petroleo e inmundicia nuestra Costa Gallega creímos que aquello era el fin de nuestra forma de vida. Nos echamos a la mar para hacer de escudo a aquella destrucción. Primero con nuestras manos desnudas y luego con unos guantes de goma .Nos sentíamos desbordados ante tanta destrucción,pero ocurrió un milagro. Gentes de todo el mundo vinieron en nuestro auxilio. Fue un trabajo inmenso. Pero quedó constancia de que la unión hace la fuerza y,cuando el ser humano quiere hace maravillas.
    Yo viví aquello porque vigilaba las playas y arrastraba las bolsas de aquel engrudo toxico. Fue un milagro que hizo posible el amor fraterno.
    Pidamos a nuestros semejantes acciones como aquella para salvar el planeta y a nuestra especie en peligro de extinción.
    Animo, usted tiene los conocimientos.

    Felicidades y mi voto.

  4. Cortex

    8 septiembre, 2020

    Gracias, señora Sosias:

    Por su generosa opinión y por el docto entendimiento a estos problemas

    de la inequidad, la pobreza y la insalubridad.

    El fenómeno de la avaricia mundial es monstruoso: el derrame de chapopote en Galicia, pero la resolución de su gente fue maravillosa.

    Por acá, más pobres, por codiciosos y abusones, atesoramos mascotas por extensión de nuestro yo insatisfecho, porque el afecto real sólo lo obtenemos con esos insalubres, «niños domesticados» a nuestra imagen, pero como tal, dejamos que los menesteres de la higiene se manifiesten ídem en los canes.

    (Allí está la respuesta, Esruza). Tomo nota y el voto, también.

    CORTEX

  5. Esruza

    9 septiembre, 2020

    Sr. Cortex: El afecto real lo obtienen las mascotas de nosotros, no por ninguna extensión personal de afecto,como tal vez lo hagan o lo hayan hecho algunas personas que, además, son o eran sucias, no podemos juzgar a todos por uno(a) que no se hizo o se hace responsable. porque tener una mascota significa eso, responsabilizarse. Yo tengo dos y no es por extensión de afecto, sino porque necesitaban, esas mascotas,ser recogidas, porque también sienten. Nuevamente disculpas por el periódico, no pretendo dar clases ni animar a nadie a seguir dándolas.

    Esruza

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